Un bebé en el centro de otro debate sobre eutanasia en EE.UU.

Polémica. Un niño de un año y medio sobrevive artificialmente, su madre y los médicos enfrentados

San Francisco EFE

El caso de Emilio Gonzales, un bebé de año y medio que desde que nació no puede comer ni respirar sin ayuda, ha desatado una batalla legal entre su madre, que quiere que continúe intubado, y los médicos, que buscan terminar su agonía.

El caso no podría ser más dramático porque, entre otras cosas, uno de los puntos clave en la disputa es un gesto del bebé que ella interpreta como una sonrisa y el personal médico como una mueca de dolor.

La madre, Catarina Gonzales, ha emprendido una cruzada para que no se le desconecte del respirador artificial que le mantiene vivo desde diciembre pasado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital para los Niños de Austin, Texas.

Los médicos diagnosticaron en enero al pequeño Emilio, que nació ciego y sordo, con el mal de Leigh, una enfermedad degenerativa incurable que se ceba en el sistema nervioso.

Los especialistas creen que mantenerlo intubado -está conectado a un catéter, además de a un respirador, y es alimentado por vía intravenosa- no hará sino prolongar una innecesaria agonía.

De su lado tienen una ley de Texas, firmada por el entonces gobernador George W. Bush en 1999, que autoriza la interrupción de un tratamiento para mantener vivo a un paciente con máquinas si los expertos concluyen que no lleva a ninguna parte. Una vez alcanzada esa decisión, los familiares tienen un plazo de 10 días para encontrar otro centro.

El caso, que ha dado ya varias vueltas por los tribunales -la próxima audiencia se celebrará el 8 de mayo-, reaviva el debate en torno a la eutanasia con una viveza que no se conocía desde los tiempos de Terri Schiavo, la mujer de Florida en estado vegetativo cuyo tratamiento y muerte se convirtió en una batalla político-religiosa entre su marido y sus padres.

Michael Schiavo, con base en las informaciones de los médicos y en los deseos de ella, decidió desconectar a Terri de la máquina que la mantenía viva, pero sus padres se negaron a aceptar la evidencia científica y solicitaron judicialmente que se mantuviese la vida de la hija de forma artificial.

Cuando los tribunales fallaron a favor del cónyuge, los Schindler recurrieron a los más altos estamentos políticos del estado y del país, incluido el presidente Bush, en una guerra entre las consideraciones médicas y las creencias religiosas.

Como en aquel caso, todo depende de lo que se entienda por calidad de vida y -lo que puede resultar igualmente subjetivo- de la percepción de si el paciente sufre o no.

Dato: Una ley del entonces gobernador George W. Bush daría la razón a los médicos

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