JUICIO POLÍTICO

Trump es absuelto otra vez: fracasa el impeachment por asalto al Capitolio

Los votos republicanos del Senado, constituido como jurado en este juicio político, impidieron que los demócratas se hicieran con suficientes apoyos para condenar al expresidente.

Donald Trump
El presidente Donald Trump habla a sus partidarios el 6 de enero, en la jornada marcada por el ataque al Capitolio. Foto: AFP.

El Senado de Estados Unidos absolvió ayer sábado a Donald Trump del cargo de incitación a la insurrección por el asalto al Capitolio que una horda de sus seguidores llevó a cabo el 6 de enero con el fin de boicotear la confirmación de la victoria electoral de Joe Biden. 57 de los 100 miembros de la Cámara alta (los 50 demócratas y siete republicanos) votaron el veredicto de culpabilidad, pero no alcanzaron la mayoría de dos tercios (67) necesaria para la condena. 43 republicanos votaron en contra. Nunca un juicio por impeachment había suscitado tanto respaldo entre los miembros del partido del acusado. Este proceso deja la figura de Trump sentenciada para la historia y exhibe la fractura que ha creado en el Partido Republicano.

En la Cámara de Representantes diez de los 211 congresistas republicanos votaron a favor de abrir el juicio político y ayer, en el Senado quedó otra vez en evidencia la división al sumarse siete votos del Partido Republicano para declarar culpable a Trump. Los senadores Susan Collins, Lisa Murkowski, Mitt Romney, Ben Sasse, Bill Cassidy, Pat Toomey y Richard Burr se pronunciaron en contra del expresidente.

Estados Unidos concluyó el impeachment más insólito de los cuatro vividos hasta ahora en su historia, uno en el que los senadores ejercían tanto de miembros del jurado como de testigos y, en buena medida, víctimas. Esa misma sala donde se juzgó el caso fue, a su vez, objeto del asedio aquel día, escenario del crimen. El juicio se desarrolló con el país aún conmocionado por el asalto vivido hace poco más de un mes, que se cobró la vida de cinco personas, y que dejó al mundo boquiabierto y el orgullo estadounidense, herido. Trump se ha convertido en el primer presidente en pasar dos veces por un procedimiento como este y el primero en hacerlo ya fuera de la Casa Blanca.

Este proceso tenía algo de catarsis nacional, también de mensaje al exterior, pero la purga no ha desembocado en una condena y, por tanto, en una verdadera declaración de país. Los republicanos volvieron a salvar a Trump, aunque con grandes fisuras y diferencias respecto al juicio por el escándalo de Ucrania, hace un año. Entonces, un solo senador, Mitt Romney, se desmarcó del grupo que votó para condenarlo. Esta vez, han sido siete (entre ellos, Romney), algo sin precedentes.

Juicio político contra el expresidente Trump. Foto: Reuters.
Juicio político contra el expresidente Trump. Foto: Reuters.

El primer presidente juzgado en un impeachment, el demócrata Andrew Johnson, en 1868, quedó absuelto por un solo voto porque 12 republicanos rompieron filas y se unieron a los demócratas para exonerarlo.

En el caso de Bill Clinton, en 1999, fueron cinco los republicanos que votaron no culpable de todos los cargos.

“Trump debe ser condenado por la seguridad de nuestro pueblo y de nuestra democracia”, enfatizó el demócrata Jamie Raskin, líder de los llamados gestores del impeachment, el grupo de congresistas de la Cámara de Representantes para ejercer de fiscales en el juicio que se desarrolló en el Senado. Los republicanos argumentaban que el impeachment no tiene sentido, más allá de la responsabilidad de Trump en el asalto, pues este ya no se encuentra en la Casa Blanca. La acusación recalcaba, sin embargo, que era necesario habilitarlo para evitar que acceda a cualquier cargo en el futuro, y alerta de que dejar su comportamiento impune sienta un precedente peligroso para cualquier Gobierno.

Rápido.

El juicio duró solo cinco días, cuando los habitual es que se prolongue semanas, y no incluyó una investigación previa ni la citación de testigos. Mediante un arsenal de videos, los demócratas abordaron de forma minuciosa al ataque violento del 6 de enero y las palabras con las que Trump incitó ese mismo día a los que asistieron a su mitin en Washington.

Pero este impeachment no solo ha juzgado al ya expresidente por su papel en esas horas, lo ha hecho también por haber torpedeado la transición pacífica del poder y haber tratado de vulnerar la voluntad que los estadounidenses expresaron en las urnas en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Durante meses, el republicano agitó la falsedad del fraude, desestimado por la Justicia, presionó a los legisladores para que no reconocieran a Biden y animó la movilización civil.

El día que el Congreso debía certificar la victoria del demócrata, tras un discurso en el que les animó a “luchar como el demonio”, estalló la violencia. Murieron cinco personas. “Trump nos traicionó deliberadamente”, recalcó el congresista David Cicilline, otro de los fiscales.

Los demócratas han puesto el acento en su comportamiento mientras se producía el asedio para tratar de demostrar que Trump era consciente de lo que sus arengas habían provocado. Es decir, que no era válido el principal argumento de la defensa, que consistía en que las palabras del republicano no suponían un llamamiento literal a la violencia o a la comisión de delitos, sino que forma parte de una “retórica política habitual” protegida por la primera enmienda de la Constitución, que consagra la libertad de expresión.

Llamada.

El juicio llegó a su recta final con giros imprevistos de guión. La declaración pública de una congresista republicana la noche del viernes, perjudicial para el expresidente, cambió el paso de la acusación demócrata, que pidió llamarla a declarar, lo que iba a retrasar el desenlace. Finalmente aceptaron incluir su comunicado como prueba y evitar la citación. Esa nueva información tenía que ver con el momento en el que Trump supo del ataque y cómo reaccionó a ello, ya que, para la acusación, constituyen pruebas contundentes de la posible connivencia del entonces presidente de Estados Unidos con los atacantes del Congreso.

El viernes, Jaime Herrera Beutler, que es una de las republicanas que votaron a favor de proceder al juicio político en la Cámara de Representantes (fase previa del procedimiento), confirmó a los medios por escrito que el líder republicano de esa Cámara, Kevin McCarthy, le había contado una conversación entre este y Trump en medio del asalto, aquel 6 de enero, en la que el mandatario se había puesto del lado de los vándalos. Según la congresista, McCarthy le dijo que había llamado a Trump para pedirle que animara a sus seguidores a detener la insurrección y que este le replicó: “Bueno, parece que están más enojados con la elección que tú”. El hoy expresidente estaba por aquel entonces furioso con los compañeros de partido que no le apoyaban en sus falsedades sobre un fraude electoral y pretendían seguir adelante con la certificación de Biden.

El líder de la minoría republicana, Mitch McConnell se retira junto con asesores. Foto: Reuters.
El líder de la minoría republicana, Mitch McConnell se retira junto con asesores. Foto: Reuters.

Algunos de los republicanos votaron la absolución arguyendo el sentido constitucional del impeachment, una herramientas extraordinaria concebida para destituir a los presidentes en caso de delitos o faltas graves, pero responsabilizan a Trump del ataque, como es el caso de Mitch McConnell, líder de los conservadores en el Senado. Desde el principio, fue evidente que el republicano conservaba apoyos suficientes para quedar absuelto, pero el proceso ha evidenciado la erosión de su figura.

Figura clave.

Cuando a McConnell le preguntaron en verano de 2017 cómo era ser líder de la mayoría en el Senado de Estados Unidos, respondió que era “un poco como ser el encargado de un cementerio”. “Todo el mundo está debajo de ti”, explicó, “pero nadie te escucha”.

Aquella fina muestra del humor negro de Kentucky, si es que existe tal cosa, cobra estos días todo su significado cuando el veterano senador, degradado a líder de la minoría tras las elecciones de noviembre, comprueba cómo el poder se le escurre entre los dedos mientras trata de salvar al partido al que ha dedicado toda su vida.

McConnell simbolizó la alianza que el Partido Republicano selló con Trump. Se tapó la nariz y logró llenar los tribunales de jueces afines, blindando contra los vaivenes electorales una agenda social conservadora cada vez más alejada de la opinión pública.

El 6 de enero, en palabras de un asistente, McConnell quedó “horrorizado” de cómo las cosas se les habían “ido de las manos”. Acusó explícitamente a Trump de provocar el asalto al Capitolio. Aseguró que estaba satisfecho con el impeachment de Trump, pero después votó dos veces por acabar con el mismo por considerarlo inconstitucional.

Ayer sábado por la tarde, McConnell votó “no culpable”. Poniendo fin a semanas de incertidumbre, ya había anunciado por la mañana que votaría por la absolución de Trump, y reconoció que la suya había sido una decisión “por la mínima”. “Colegas, como he dicho desde hace tiempo, se trata de un voto de conciencia”, escribió a sus senadores. “Muchos me han preguntado cómo voy a votar, así que pensé que era correcto darlo a conocer antes del voto final”, continuaba.

Argumentaba McConnell que el juicio político es sobre todo una herramienta para la destitución, y que Trump ya ha sido destituido por las urnas. Reconocía que le “preocupa” el argumento, esgrimido por la acusación, de que absolver a Trump sentaría un precedente de impunidad para los presidentes en las últimas semanas de mandato, pero defendía que “la Constitución deja perfectamente claro que la conducta criminal de un presidente puede ser perseguida una vez abandone el cargo”. “Dadas estas conclusiones”, zanjaba, “votaré por la absolución”.

Todos los republicanos menos siete votaron ayer sábado por la absolución. La decisión de los republicanos oculta, en muchos casos, un cálculo de poder. Muchos desearían echarse a un lado y esperar a que todo esto pase.

El Senado está dividido a 50-50, lo que supone una mayoría demócrata por el voto de desempate que corresponde a la vicepresidenta Kamala Harris, y los republicanos confían en recuperar la mayoría en las legislativas de 2022. No es momento de enfrentarse a Trump, que sigue movilizando a las bases -como lo demostró con los 72,8 millones de votos que logró- y de quien la mitad de los votantes republicanos cree que debería seguir siendo el líder.

“Terminó la mayor caza de brujas de la historia”

Donald Trump celebró su absolución en el juicio político en su contra en el Senado y avisó de que su movimiento para “Hacer a Estados Unidos grande de nuevo” (”Make America Great Again”) solo “acaba de empezar”.

“En los meses venideros, tengo mucho que compartir con ustedes y espero continuar nuestro increíble viaje juntos para lograr la grandeza estadounidense para toda nuestra gente. ¡Nunca ha habido nada igual!”, dijo en un comunicado, insinuando que seguirá en la actividad política.

Consideró que el juicio político fue parte de “la mayor caza de brujas” de la historia de Estados Unidos.

Agradeció el apoyo a sus abogados y a los republicanos que votaron por absolverle, al mismo tiempo que arremetió contra los demócratas.

Su comunicado no incluyó ninguna condena a lo ocurrido durante el asalto de sus simpatizantes al Capitolio el 6 de enero, una de las jornadas más convulsas de la historia del país.

Una fuente cercana a Trump dijo a la cadena ABC que el expresidente se había quedado “petrificado”, “estupefacto” y en un estado de “pánico total” cuando el Senado aprobó por sorpresa una propuesta demócrata para citar testigos, algo que después se descartó. (Con información de EFE)

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