DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Hay una enorme congoja pública por la muerte del "León Liberal" y último líder de la familia política más tradicional e influyente de EE.UU., que el sábado será enterrado junto a sus hermanos asesinados, John y Bob, en el Cementerio de Arlington.
Todos los estadounidenses se sintieron tocados por la noticia, aunque desde hace meses esperaban el inevitable y duro desenlace. Unos apesadumbrados y con lagrimas en los ojos, otros con gesto natural de tristeza, apenas salieron de sus camas y en una costumbre que repiten automáticamente, día a día, encendieron la televisión o la radio y se enfrentaron con el informe de la muerte del senador Edward Ted Kennedy, en horas de la madrugada, en su casa de Hyannis Port, Massachusetts. Desaparecía una de las figuras más influyentes y poderosas de la vida política de los Estados Unidos.
El apodado cariñosa y admirativamente el "León Liberal", "Patriarca", "Gran Líder", o simplemente "tío Ted", había caído ante la batalla desigual que mantenía, desde hacía 15 meses, con un maligno tumor cerebral.
A las 9 de la mañana en el recorrido de Maryland hasta el centro de Washington DC observamos a decenas de personas colocando a media asta la bandera americana (que la gran mayoría de las familias tiene en jardines o ventanas en forma permanente e igual en edificios públicos), en un casi automático gesto de silencioso homenaje.
Una de las grandes figuras políticas de los últimos 50 años, carismático, de brillante oratoria, de enorme concentración de trabajo, electo y reelecto senador desde 1962 hasta ahora, con el tropiezo en 1980 en su lanzamiento a la candidatura presidencial demócrata frente a Jim Carter, deja la banca de Massachusetts vacía, cuando más necesitaba el gobierno de Obama su liderazgo en el Congreso.
Tuvo sus errores personales hasta su segunda boda, que reencauzó su vida, alejándose de la bebida y un constante ajetreo femenino en su entorno.
Fue el hombre que "convencido que EE.UU. necesitaba un cambio en su política económica y social y exterior" dio empuje clave a la candidatura de Obama, primero en la interna ante Hillary (a pesar de la gran amistad que lo unía a la familia Clinton) y luego en la recta final ante el republicano John McCain.
"Es el político de las últimas décadas más parecido a mi hermano y mi padre y que estamos seguros transformará nuestro país con sus ideas renovadoras", repetían Ted Kennedy y su sobrina, Caroline, la hija de John F. Kennedy, a lo largo de las campañas electorales, exhibiendo un singular entusiasmo por el actual inquilino de la Casa Blanca.
Y la gente que lo rodeó en el último año asegura que cuando, en la Convención Demócrata, en un emotivo discurso, ya con dolorosas señales del cáncer que lo dominaba, prometió a Obama: "venceré en la guerra de salud, se lo aseguro, hasta el 20 de enero -faltaban aún varios interminables meses- para acompañarlo a tomar posesión de la presidencia de EE.UU.", estaba convencido que lo lograría. Y lo alcanzó. Fue ese día de la Asunción presidencial, de un frío cruel de invierno, que se le observó por última vez en público en las gigantescas escalinatas del Congreso (estuvo luego en abril, pero en el recinto parlamentario), con cara muy desmejorada, pero esbozando una significativa sonrisa, con abrigado sobretodo negro, bufanda gruesa azul y un "sombrero oscuro de ala ancha" que le calaba hasta los ojos.
Dio el prometido abrazo a Obama, ya presidente, intentó asistir al almuerzo en el hall, pero el físico no resistió más. Le dio un desmayo y fue retirado en una camilla hacia una ambulancia. "Cumplí mi palabra", cuentan amigos que dijo apenas abrió los ojos en el hospital.
Fue el 24 de abril unos minutos para votar un proyecto que necesitaba su apoyo. Luego se retiró y no se le vio más en público. Hace pocos días cuando Barack Obama entregó a varias personas la distinción civil de la "Libertad", la más importante de la nación, entre los que estaba el premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu, uno de los elegidos era Edward Kennedy. No pudo asistir a la Casa Blanca para recibir el galardón. Lo hizo en su nombre, su hija del primer matrimonio, Kara Kennedy (49 años) que venció al cáncer y vive feliz, casada con dos hijos, alejada del mundo político.
En una recorrida realizada por El País por el semidesierto Congreso en las primeras horas de la tarde de ayer, estaban los secretarios con copias de las declaraciones de los senadores demócratas y republicanos sobre la figura de Ted Kennedy, todos coincidieron en destacar que "era un senador astuto y eficaz" y recordaban cuando los republicanos lo apodaron "liberal de etiqueta", sus compañeros buscaron defenderlo, pero él mismo dijo que "llevaba con orgullo ese nombre, porque era la verdad".
El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, se enteró a las 2 de la madrugada de la muerte de Ted Kennedy, en la isla de Martha`s Vineyard donde pasa las vacaciones. De inmediato se contactó telefónicamente con la viuda del senador, Victoria, y le señaló que él y la primera dama, Michelle, "se encontraban muy afligidos por la pérdida de un mentor político y amigo querido. Un capítulo importante de nuestra historia ha llegado a su fin", le dijo.
Luego en un comunicado agregó que "nuestro país ha perdido un gran líder, quien recogió la antorcha de sus hermanos caídos y se convirtió en el mayor senador de los Estados Unidos de nuestros tiempos".
El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, hizo llegar un comunicado en el cual manifestó: "era un amigo, el modelo de figura dedicada al servicio público y un ícono estadounidense".
La oposición también hizo sentir su congoja. Entre ellos el senador Orrin Hatch, de Utah, que remarcó que "Kennedy era un gran estadista, un amigo atesorado, que siempre será recordado como alguien que vivía y respiraba el Senado de los Estados Unidos y solo cabe recordar el monumental trabajo que ha realizado dentro de su cámara".
También llegaron notas de Nancy Reagan (viuda del ex presidente Ronald Reagan), del gobernador de California, Arnold Schwarzenegger (casado con María Shriver, sobrina de Ted), de Jimmy Carter, entre otras.
Y lo mismo desde el exterior: el primer ministro británico Gordon Brown, Tony Blair, el primer ministro de Australia, el presidente italiano, Giorgio Napolitano, Angela Merkel, entre otros.
Ted Kennedy será enterrado el próximo sábado a las 17 horas en el cementerio de Arlington, a corta distancia de donde se encuentran las tumbas de John F. Kennedy, Jacqueline y dos hijos, y a dos metros de distancia de la de Robert Kennedy.
Hoy jueves en la mañana trasladarán los restos de Edward Kennedy de su residencia a la Biblioteca y Museo Presidente John F. Kennedy en Boston. El viernes en privado se realizará una misa, celebración católica que se oficiará nuevamente en la Basílica del Perpetuo Socorro. Luego el féretro, acompañado por la familia, viajará hacia Washington DC, donde se realizarán los homenajes fúnebres oficiales en el Congreso y luego en Arlington.
LA FAMILIA. Poco después de ocurrido el fallecimiento del último de la dinastía Kennedy, su familia hizo conocer al público el siguiente comunicado:
"Edward M. Kennedy, el esposo, padre, abuelo, hermano, tío que amamos tan profundamente, murió tarde en la noche del martes en casa en Hyannis Port", dijo el comunicado. "Hemos perdido el centro irreemplazable de nuestra familia y la alegre luz de nuestras vidas, pero la inspiración de su fe, optimismo y perseverancia continuará viviendo en nuestros corazones para siempre", concluyó la nota.