WASHINGTON | THE NEW YORK TIMES
A medida que crea una nueva política para Afganistán, la administración de Barack Obama está ante un complejo rompecabezas geopolítico con dos gobiernos bajo asedio, tanto en Afganistán como en Pakistán.
En ambos países hay numerosas milicias alineadas con facciones islamistas que se traslapan entre sí; y oculto entre las facciones, el enemigo que trajo a Estados Unidos a la región hace ya ocho años atrás, Al Qaeda.
Sin embargo, en el centro del enredo están los dos movimientos del talibán, afgano y paquistaní. Comparten una ideología y entre ellos predomina la etnia pastún, pero sus historias, sus estructuras y sus objetivos son en verdad diferentes, a grado tal que el nombre común pudiera ser más engañoso que iluminador, según destacan algunos especialistas regionales.
"El hecho que ellas tengan el mismo nombre ocasiona todo tipo de confusiones", notó Gilles Dorronsoro, académico francés del sur de Asia por la Fundación Carnegie por la Paz Internacional, en Washington.
Esta semana, comentó Dorronsoro, a medida que el ejército paquistaní lanzaba una importante ofensiva en contra del talibán paquistaní, muchos estadounidenses pensaron incorrectamente que el ataque iba dirigido en contra del talibán afgano, la fuerza que ocasiona que Washington considere el envío de más tropas a Afganistán.
En juego está no sólo la semántica. Es crucial entender las diferencias entre las dos fuerzas talibán, y sus cambiantes relaciones con Al Qaeda, para entender el debate en marcha en la sala de situaciones de la Casa Blanca. Si bien ambos grupos amenazan intereses estadounidenses, el talibán afgano -la palabra talibán significa "estudiantes religiosos"- es el principal enemigo, con ataques diarios contra los 68.000 efectivos estadounidenses en Afganistán. El mayor temor de Washington es que si el talibán afgano invade el país, ellos podrían invitar a los líderes de Al Qaeda para que vuelvan de su escondite en Pakistán.
Alex Strick van Linschoten, investigador holandés que vive en Kandahar, en el corazón de la base de poder del talibán afgano, dijo que si bien los dirigentes de los dos grupos talibán pudieran decir que comparten intereses en común, ambos movimientos están muy aparte entre sí.
"Para ser honesto, a los comandantes del talibán y grupos en el terreno en Afganistán no podría interesarles menos lo que les ocurre a sus hermanos paquistaníes al otro lado de la frontera", dijo Strick van Linschoten, quien ha entrevistado a muchos integrantes y ex integrantes del talibán afgano.
De hecho, los recientes ataques del talibán paquistaní en contra del gobierno de Pakistán, así como del ejército y la policía, en anticipación a la presente campaña de las fuerzas armadas al interior de la base del talibán paquistaní en Waziristán del Sur, pudiera haber tensado las relaciones con el talibán afgano, comentó Richard Barrett, ex oficial de los servicios de inteligencia británicos que sigue de cerca a la red Al Qaeda y el talibán por ONU.
El talibán afgano siempre ha tenido una estrecha relación con dependencias de inteligencia paquistaníes, dijo Barrett en fecha reciente. "A ellos no les gusta la forma en que el talibán paquistaní ha estado combatiendo al gobierno de Pakistán y ocasionando toda una serie de problemas allá", dijo.
El talibán afgano, cuyo grupo, por mucho, es la fuerza más vieja de ambas, ha estado encabezado por Muhammad Omar desde que fundó el movimiento en 1994. Ellos buscan recuperar el poder que tenían sobre la mayor parte de Afganistán antes de ser expulsados por la invasión estadounidense de 2001.
En una entrevista de esta semana, en una conversación a condición de mantenerse en el anonimato, el comandante del talibán afgano expresó simpatía por el talibán paquistaní, pero dijo: "No habrá respaldo alguno de nuestra parte". Notó que el talibán afgano "no tiene interés alguno en pelear en contra de otros países".
"Nuestro objetivo era, y es, lograr que salgan las fuerzas de ocupación y no meternos en una riña con un ejército musulmán", agregó el comandante.
Antes del 11 de septiembre, el talibán afgano daba refugio a Osama bin Laden y los otros líderes de Al Qaeda, pero los grupos ahora están separados geográficamente y sus dirigentes sienten la presión de intensas cacerías humanas. En sitios yihadíes en Internet, algunos analistas han detectado recientes tensiones entre Al Qaeda, cuyos objetivos proclamados son mundiales, y el talibán afgano, que ha alegado que sus intereses yacen exclusivamente en Afganistán.
Dorronsoro, el académico francés, dijo que el talibán afgano era un "genuino movimiento nacional" que incorporaba no sólo una amplia red de combatientes, sino también un gobierno extraoficial a la espera en muchas provincias. En comparación, dijo, el talibán paquistaní era una coalición mucho más relajada, unida principalmente por su enemistad hacia el gobierno paquistaní. Ellos surgieron formalmente apenas en 2007 como una fuerza aparte, encabezada por Baitulá Mehsud, bajo el nombre de Tehrik-i-Talibán Pakistán, o Movimiento Estudiantil de Pakistán.
Tras la muerte de Mehsud por un misil estadounidense en agosto, otro integrante de su tribu, Hakimulá Mehsud, asumió el control después de un período de acomodos en las áreas tribales de Pakistán.
Otra complicación para la terminología regional: La mayoría de los líderes del talibán afgano tienen su base en Pakistán, dirigiendo a sus fuerzas desde escondites al otro lado de la frontera. Se cree que Omar y sus principales subalternos están dentro o en los alrededores de la ciudad sureña de Quetta, Pakistán. Otras dos importantes facciones en la insurgencia afgana son encabezadas por veteranos caudillos afganos, Jalaluddin Haqqani y Gulbuddin Hekmatyar, quienes están en las áreas tribales de Pakistán, donde el talibán paquistaní tiene su máxima fuerza.
Se cree que la dirigencia de Al Qaeda, incluido bin Laden, está oculta en las mismas áreas tribales de Pakistán.
Si bien ha sido debilitada por ataques con misiles estadounidenses, se cree que la red terrorista ha suministrado apoyo para los ataques del talibán paquistaní en contra del gobierno paquistaní.
Para EE.UU., dicen expertos regionales, el desafío en el largo plazo radica en concebir estrategias que reduzcan tantos militantes como sea posible de ambas fuerzas del talibán, aislando a la red Al Qaeda y otros integrantes de la línea dura y fortaleciendo a los gobiernos de Pakistán y Afganistán. Pero, para una superpotencia que no es musulmana y genera amplio resentimiento en la región, esa es una dura exigencia.
"Por el momento, el terreno no está muy bien preparado para dividir a los grupos de militantes", notó Stephen Biddle, integrante del Consejo de Relaciones Exteriores. "Las tendencias de seguridad están avanzando a su favor".
Las cifras
1994 Fue el año en el que el Mulá Muhammad Omar fundó el movimiento talibán afgano. EE.UU. inició la guerra recién en 2001.
68.000 Es la cantidad de soldados norteamericanos que hay en Afganistán, pero el gobierno evalúa el envío de más tropas en breve.
El poder esquivo del mulá Omar
Recompensa: 10.000 millones de dólares. Ocho años después de que los bombardeos de EE.UU. desalojaron de Kabul al régimen talibán y obligaron a huir a su líder, Muhammad Omar sigue burlando a las fuerzas internacionales y su milicia ha logrado tomar la ofensiva. La amenaza para las tropas extranjeras en Afganistán no proviene de sus 25.000 hombres armados sino de la transformación de esa insurgencia en una oposición de carácter nacionalista.
La figura del dirigente talibán está rodeada de misterio. Se trata de un líder sin rostro; pocos extranjeros le han visto y apenas dos o tres que no sean musulmanes. El catalán Francesc Vendrell ha sido uno de ellos, en su calidad de representante especial de la ONU para Afganistán entre los años 2000 y 2002. "Lo primero que llama la atención en él es su ojo vacío y su poblada barba, que le empieza muy arriba", asegura. Se refiere al ojo que Omar perdió a mediados de los ochenta, durante la guerra contra la invasión soviética. Incluso ese detalle es motivo de leyenda. Sus admiradores aseguran que al resultar herido en el ojo derecho, él mismo se lo arrancó, cerró el párpado y siguió luchando. Biógrafos más imparciales han encontrado informes de que fue operado en un puesto de la Cruz Roja en la frontera con Pakistán.
La anécdota da una idea de la admiración que despierta este hombre alto que ronda los 50 años. Aunque falto de carisma al estilo occidental, su carácter visionario y su sentido de la oportunidad han hecho que muchos afganos, y también algunos otros musulmanes, le reconozcan como príncipe de los creyentes, pese a su escasa formación teológica.
"Hoy es más una figura emblemática que alguien que dirige el día a día. Las decisiones militares las hacen un grupo de comandantes que tienen años de experiencia en Afganistán y Cachemira", afirma Gareth Price, responsable del programa de Asia del think tank británico Chatham House. Aun así, Washington considera que representa una amenaza. EL PAÍS DE MADRID
Un mes sangriento para los soldados
Octubre fue el mes más mortífero para las tropas norteamericanas desde que la Casa Blanca ordenó la invasión de Afganistán en respuesta a los atentados del 11 de septiembre de 2001. Las últimas muertes situaron en 55 el número de combatientes norteamericanos muertos en Afganistán. El récord anterior databa de agosto, cuando cayeron 51 soldados.