Sudán del Sur: 5 claves para entender la crisis humanitaria del país más joven del mundo

Sudán del Sur es uno de los lugares con los peores indicadores humanitarios del planeta; a 14 años de su independencia, su población vive en una emergencia recurrente, denuncia Médicos Sin Fronteras.

Vehículo de la MSF saliendo del Hospital Principal de Bachuma, apoyado por MSF.
Vehículo de la MSF saliendo del Hospital Principal de Bachuma, apoyado por MSF.
Paula Casado Aguirregabiria/MSF

Sudán del Sur atraviesa su momento más crítico desde la independencia. Entre hospitales saqueados, desplazamientos masivos y un sistema de salud al borde del colapso total, la población civil queda atrapada en una espiral de violencia que no distingue entre pacientes y personal médico. Médicos Sin Fronteras denuncia el cierre de centros vitales, dejando a miles sin una última red de supervivencia.

Breve historia

Sudán del Sur declaró su independencia de Sudán el 9 de julio de 2011. En ese momento, el país estaba atravesado por al menos 30 emergencias humanitarias y sus indicadores de salud estaban entre los peores del mundo: la esperanza de vida era de 54 años, la tasa de mortalidad materna de 1.050 muertes por cada 100.000 nacidos vivos y la tasa de mortalidad infantil de 104 por 1.000. A pesar de todos estos desafíos, los primeros años de independencia fueron un período de relativa paz; aunque en diciembre de 2013 —menos de dos años después de su declaración—, el país implosionó rápidamente en una guerra civil.

Más tarde, en 2018, se firmó un acuerdo de paz y en 2020 se formó un gobierno unificado, pero la situación nunca dejó de ser volátil. En 2025, la tensión política escaló drásticamente: los enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales, de oposición y grupos armados no estatales —especialmente en Alto Nilo, Jonglei, Unidad, Ecuatoria Central y Warrap— alcanzaron niveles de violencia no vistos desde el acuerdo de paz revitalizado. Los ataques aéreos y las ofensivas contra civiles se multiplicaron, provocando la pérdida de acceso a la atención sanitaria y a otros servicios esenciales.

Familias rumbo a tierra firme en Bentiu, Sudán del Sur. Copyright: Sean Sutton
Familias rumbo a tierra firme en Bentiu, Sudán del Sur.
Sean Sutton

Crisis superpuestas y un sistema de salud al borde del colapso

A las consecuencias del conflicto armado, entre ellas el desplazamiento masivo, se suman las inundaciones y los brotes de enfermedades. Los servicios de salud están crónicamente desfinanciados: muchos centros de atención primaria no funcionan, faltan medicamentos esenciales —incluidos los antimaláricos—, y los hospitales están desatendidos. La malaria sigue siendo un problema importante, es la principal causa de morbilidad y mortalidad en el país, en particular entre las mujeres, niños y niñas.

La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) ha estado trabajando en lo que hoy es Sudán del Sur desde 1983, y el país sigue siendo una de las operaciones más grandes de la organización. Presente en seis estados y dos áreas administrativas, MSF cubre brechas críticas en los servicios de atención médica. En 2025, MSF puso en marcha 12 proyectos de emergencia (contra cinco en 2024) en respuesta al cólera, picos de malaria, inundaciones y desplazamientos.

Ataques contra instalaciones médicas y personal de salud

Ha habido un incremento alarmante en los ataques contra civiles e instalaciones de salud por todas las partes en el conflicto, particularmente en las regiones de Jonglei, Ecuatoria y Alto Nilo. Desde marzo de 2025, se han producido 12 ataques contra el personal de MSF y los hospitales que apoya, lo que ha obligado al cierre de tres hospitales. Tan solo en los dos primeros meses de 2026, ya se han producido tres ataques. Además, los equipos de MSF han tratado a cientos de personas heridas por la violencia en 2025, incluidas mujeres y niño/as. Se estima que 190,000 personas también han huido de Sudán del Sur hacia países vecinos, incluidos Etiopía, Uganda, la República Democrática del Congo y Sudán, mientras que más de un millón han sido desplazadas dentro de Sudán del Sur debido a la guerra en curso en Sudán.

Evacuaciones en Akobo, estado de Jonglei

En medio del preocupante patrón de ataques a centros de salud, el 7 de marzo pasado, el equipo de MSF en Akobo —una zona aislada con instalaciones médicas muy limitadas—, se vio obligado a evacuar ante la inminente ofensiva de las fuerzas gubernamentales, dejando a cientos de miles de personas sin acceso a servicios esenciales de atención médica primaria. El hospital donde MSF apoya la unidad pediátrica fue saqueado, al igual que la farmacia, provocando la pérdida de todos los medicamentos y suministros médicos. Las comunidades viven en refugios improvisados, sin agua potable ni alimentos suficientes, expuestas a enfermedades y a la amenaza constante de la violencia. “Las consecuencias para las personas son devastadoras”, afirma Christophe Garnier, jefe de misión de MSF en Sudán del Sur. “Las familias se ven obligadas a abandonar sus hogares repetidamente, sin alternativas seguras. A muchas personas, que ya han sido desplazadas varias veces, simplemente no les queda ningún lugar adónde ir”.

Al menos 800 muertos por ataques de paramilitares sudaneses en Darfur, según ACNUR
Ciudadanos sudaneses huyendo del conflicto en su país, en una imagen de archivo.
AMEL PAIN/EFE

Llamamiento de MSF

Las evacuaciones repetidas, los ataques a trabajadores de la salud e instalaciones médicas y las restricciones impuestas por el gobierno están paralizando la capacidad de respuesta de MSF, en un momento en que las personas de Sudán del Sur necesitan más ayuda, no menos. MSF hace un llamado urgente a todas las partes en conflicto para que protejan a la población civil, garanticen el acceso seguro a la ayuda humanitaria y preserven las instalaciones médicas para que puedan seguir salvando vidas.

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