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Ron DeSantis versus Disney: la batalla que libra el gobernador de Florida

Polémica ley sobre los gays desató la guerra; DeSantis amenazó con impuestos y peajes a la compañía.

Ron DeSantis firma su libro durante su primera visita oficial a Carolina del Sur el 19 de abril
Ron DeSantis firma su libro durante su primera visita oficial a Carolina del Sur el 19 de abril.
Foto: AFP

El gobernador del Estado de Florida, Ron DeSantis, volvió a golpear a Disney el lunes y anunció una nueva legislación que anularía el esfuerzo reciente de la compañía para eludir la supervisión estatal de sus parques temáticos.

La rivalidad DeSantis vs. Disney tiene origen en la polémica ley conocida como “No digas gay”, extendida desde ayer miércoles a secundaria por el Departamento de Educación de Florida.

La norma prohíbe a los maestros abordar la identidad de género y la orientación sexual, algo que fue repudiado por Disney, que prometió ayudar a derogarla.

DeSantis respondió apuntando contra el Distrito de Mejora de Reedy Creek, jurisdicción y distrito fiscal especial del terreno de la compañía.

Creado en 1967, el distrito se convirtió efectivamente en propiedad de Disney, lo que le dio un control inusual sobre la protección contra incendios, la vigilancia, el mantenimiento de carreteras y la planificación del desarrollo.

El gobernador y The Walt Disney Co. han estado discutiendo durante más de un año por el distrito, que emplea a 75.000 personas y atrae a 50 millones de visitantes al año.

DeSantis sugirió el lunes una variedad de posibles acciones punitivas contra Disney, el empleador privado y contribuyente corporativo más grande del estado, incluida la reevaluación del valor de Walt Disney World para los gravámenes de impuestos a la propiedad y el desarrollo de terrenos cerca de las entradas al complejo.

“Tal vez crear un parque estatal, tal vez tratar de hacer más parques de diversiones; alguien incluso dijo que tal vez necesitemos otra prisión estatal”, dijo DeSantis en una conferencia de prensa cerca de Disney World.

Hace dos semanas, DeSantis, uno de los principales contendientes presidenciales republicanos -aunque no ha declarado oficialmente que se pos-tulará- planteó la idea de aumentar los impuestos a los hoteles de Disney e imponer peajes en las carreteras que conducen a sus parques temáticos. También solicitó una investigación por parte del inspector general jefe de Florida sobre los esfuerzos de Disney para eludir su autoridad.

Robert Iger, director ejecutivo de Disney, caracterizó previamente a DeSantis como “antinegocios” y “anti-Florida” por sus acciones. Iger también ha señalado que la inversión futura en Disney World podría estar en riesgo si el gobernador continúa usando a Disney como saco de boxeo político.

La compañía ha destinado más de 17 mil millones de dólares en gastos en el resort durante la próxima década, un crecimiento que crearía aproximadamente 13.000 puestos de trabajo. Iger también señaló que los planes de expansión -no especificados aún- atraerían a más visitantes a Florida y “generarían más impuestos”.

Disney pagó y recaudó un total de 1.200 millones de dólares en impuestos estatales y locales en 2022, según revelaciones de la compañía.

Para muchos, parece más una pelea diseñada para aumentar sus propias ambiciones políticas: dominar a Disney y obligarlo a doblegarse.

DeSantis rutinariamente critica a la compañía, a la que llama una corporación “woke”. A menudo describe la pelea en términos personales, incluso diciendo que “hay un nuevo sheriff en la ciudad” que ya no permitirá que Disney tenga una gran influencia en Florida.

“Está llegando al punto de lo absurdo”, dijo Anna Eskamani, representante estatal demócrata del área de Orlando, al Orlando Sentinel el 8 de abril. “Se trata de que DeSantis se ve grande y malo al lado de Disney”.

Otros lo aplauden. Carolina Amesty, una representante estatal republicana cuyo distrito incluye el área de Disney World, apareció con DeSantis el lunes y criticó a la compañía, entre otras cosas por “adoctrinamiento” de niños con “ideologías de género radicales”.

Con información de The New York Times y EFE

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