UN PAÍS ESTREMECIDO

Los reclamos siguen en Chile, pese a las medidas que tomó el presidente Piñera

Tras 11 días de un estallido social sin precedentes en los 29 años de democracia, ninguna medida del gobierno del presidente Sebastián Piñera ha logrado bajar la tensión en las calles.

Incidentes se produjeron otra vez anoche en Santiago en una nueva protesta social. Foto: EFE
Incidentes se produjeron otra vez anoche en Santiago en una nueva protesta social. Foto: EFE

Unas 10.000 personas se concentraron pacíficamente anoche por demandas sociales en el centro de Santiago, en lugar de la “gran marcha” prevista hacia la sede de la presidencia de Chile, cercada por policías que enfrentaban distintos incidentes violentos con otros manifestantes.

Ayer por la tarde se escuchaban detonaciones de explosivos, olía a gases lacrimógenos, y se veía humareda en el turístico cerro Santa Lucía. Volaron piedras de ambos lados de la gran avenida donde está enclavado el palacio de La Moneda, sede presidencial, en nuevos incidentes en distintos frentes de una marcha dispersa por el cerco de seguridad.

La llamada “Segunda Gran Marcha de Chile” en redes sociales, convocó 10.000 personas en la misma plaza Italia donde el viernes más de un millón de personas sin líder ni color político manifestaron pacíficamente por una sociedad más igualitaria.

“¡Chile despertó!”, coreaban cientos de manifestantes que se acercaron al cordón policial más próximo a la presidencia, mientras policías con camiones lanzaguas y trajes antimotines esquivaban piedras y palos que lanzaron los más radicales gritando “Piñera renuncia”.

Tras 11 días de un estallido social sin precedentes en los 29 años de democracia, ninguna medida del gobierno del presidente Sebastián Piñera ha logrado bajar la tensión en las calles, donde conviven un gran movimiento que reclama un país menos desigual, y otro numéricamente inferior, con un discurso antisistema, más radical, que ha originado destrozos millonarios en infraestructuras.

Protestas en Chile. Foto: EFE.
Protestas en Chile. Foto: EFE.

Pieñra anuncio el incremento del 20% en las jubilaciones básicas, un aumento de impuestos a las personas con ingresos superiores a los US$ 11.000, un tope a los gastos en salud, un seguro para cubrir parte del gasto en medicamentos, aumento del salario mínimo a 350.000 pesos (US$ 482) y reducción de los sueldos más altos de la Administración Püblica.

Pero, no logró frenar las protestas, debido a que la amplia mayoría de los chilenos considera que esas medidas resultan insuficientes para resolver los problemas que enfrentan cada mes para sus gastos.

En esta vorágine de movilizaciones que se han replicado en el puerto de Valparaíso, donde se encuentra la sede del Congreso, y en Concepción, en el sur del país, entre otras regiones, el gobierno contabiliza hasta ahora 20 muertos y más de 9.000 detenidos desde el comienzo de las protestas el 18 de octubre.

Karla Rubilar, la nueva ministra vocera, designada el mismo lunes en que nuevos enfrentamientos violentos dejaron el centro de Santiago entre escombros y cenizas, señaló el contraste entre los actos violentos y la gran manifestación festiva y pacífica del viernes.

“Lo que estamos viendo hoy día en el centro de Santiago no es la gente que quiere justicia social, no es la gente que quiere un Chile mejor, es gente que quiere destrucción y caos”, dijo Rubilar.

La incertidumbre prima en la cotidianidad del chileno, acostumbrado en casi 30 años a la estabilidad política tras la dictadura de Augusto Pinochet (1973-90) y al buen estado de su economía de mercado, con una inflación que fluctúa entre el 2 y el 3% anual, un dólar estable, un bajo desempleo (del 7% en promedio) y altas tasas de crecimiento.

Protestas en Chile. Foto: EFE.
Protestas en Chile. Foto: EFE.

Pero la amplia clase media que emergió en el país coincide en expresar su frustración con un sistema de flexibilidad laboral, bajas pensiones, salud y educación privadas, y percibe al actual gobierno como un grupo de empresarios desconectados de la realidad.

Estos hechos, sorprendentes para muchos, “corresponden con lo que está pasando en el mundo y muestra que, bajo la apariencia de normalidad, se acumula la frustración por la desigualdad social y la corrupción e incompetencia de muchos políticos”, opinó el sociólogo español Manuel Castells, académico del estadounidense MIT, entrevistado por el diario La Tercera.

Castells no se extraña de las escenas de caos en Chile. “Cuando no hay respuestas a los problemas de la gente durante mucho tiempo y la política se convierte en un juego cínico de una casta política para favorecer a los de siempre, hay un momento en que una chispa enciende la pradera reseca de resentimientos”, dijo.

Una encuesta de la Universidad Católica de Temuco reveló el martes que el 94% de los consultados sobre esta crisis está a favor de las demandas sociales.

En un hecho inédito en un país donde la sociedad se divide marcadamente por clases, el sondeo reveló que dos tercios de los encuestados (68%) salieron a golpear cacerolas la semana pasada, incluso en sectores acomodados de Santiago, y el 80% cree que a mucha gente “le está yendo peor” de lo que se dice.

Con unos datos macroeconómicos sobre todo positivos, el flamante ministro de Hacienda, Ignacio Briones, dijo que la economía se verá impactada a final de año por estas protestas.

“Tenemos una nueva realidad” y habrá que “sincerar” las previsiones oficiales, que preveían un crecimiento de un 2,5% este año, uno de los más altos de la región.

Papel clave de las redes sociales

Instagram, Twitter y otras redes sociales son protagonistas de las movilizaciones. “No se podría entender este fenómeno sin las redes. La gente conectada, todos con todos, con mensajes que alcanzan una expansión y flexibilidad muy grande dan esta gran dimensión al movimiento”, dice Eduardo Arriagada, decano de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica.

Andrés Scherman, director del Magíster en Comunicación de la Universidad Diego Portales, dice que la marcha del viernes (reunió a 1,2 millones de personas en Santiago) ejemplifica al detalle las redes porque nadie sabe quién hizo la convocatoria y se organizó a la perfección. (Fuente: AFP)

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