“De cero a 10, peligro de un accidente nuclear en Ucrania puede ser 11”, dijo presidente de OIEA

Militares rusos hacen guardia en la central nuclear de Zaporiyia el 1 de septiembre. EFE/EPA/YURI KOCHETKOV
Militares rusos hacen guardia en la central nuclear de Zaporiyia.
Foto: EFE

ENTREVISTA

El argentino que dirige el Organismo de la Energía Atómica habló sobre los graves riesgos que atravesó durante su visita a la planta de Zaporiyia y las alternativas para evitar una catástrofe.

El argentino Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), el jueves pasado arriesgó su vida y pasó momentos dramáticos en Ucrania. Aunque es diplomático y mide sus palabras, aún exuda adrenalina. Con chaleco antibalas y viviendo por primera vez una misión bajo las bombas en su larga carrera y en la historia del organismo que dirige desde diciembre de 2019, después de meses de gestiones, junto a su equipo Grossi logró ingresar en la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa, ocupada por las fuerzas rusas y blanco de bombardeos.

Allí, “el peligro de un accidente nuclear existe”, reconoció en una entrevista con La Nación en un hotel de Roma. “Muchos me preguntan de cero a diez cuál es la posibilidad de un accidente en Zaporiyia y es cero o es diez, o, quizás, once. Porque mientras ayer pudo no haber pasado nada, hoy mientras estamos conversando cae un obús en medio del lugar donde están almacenados los combustibles ya irradiados y tenemos una emergencia radiológica”, advirtió Grossi, de 61 años, al cabo de una jornada en la que se reunió con directivos de la FAO y con el primer ministro saliente de Italia, Mario Draghi, que respaldó el urgente pedido de una “zona de seguridad” alrededor de Zaporiyia que hizo el OIEA.

–Usted se ha vuelto uno de los protagonistas de la guerra en Ucrania, que cumplió ya más de seis meses, al lograr visitar, contra viento y marea, el jueves pasado, la central nuclear de Zaporiyia. ¿Qué puede contar de esa misión?

–Fue una misión arduamente negociada desde que fue ocupada la planta, donde incluso hubo un episodio violento en la noche del 3 al 4 de marzo, cuando hubo un comienzo de incendio y nos percatamos de la gravedad de lo que significaba que pudiera haber un hecho de esa naturaleza dentro de la central, y entonces empecé a insistir en la necesidad de ir. Y fue muy difícil.

–De hecho tardó seis meses en llegar allí...

–Sí, seis meses porque hubo desencuentros de un lado y del otro, del lado de Kiev y del lado de Moscú, en el sentido de oposición por distintas circunstancias que tenían que ver con aspectos sustantivos de cómo se iba a hacer la misión, hasta el itinerario que íbamos a seguir con el convoy. Todo era objeto de discusión, pero lo pudimos lograr.

–¿Fueron en un grupo escoltado?

–Sí, éramos unos 14 y también el tema de la escolta fue objeto de discusión. Nosotros íbamos con autos blindados de las Naciones Unidas, pero del lado ucraniano también con apoyo de las Fuerzas Armadas ucranianas, hasta la tierra de nadie. Ahí teníamos que estar solos hasta que llegáramos al primer checkpoint ruso. Y ahí nos “tomaron” las fuerzas rusas, que nos acompañaron hasta la planta, y de vuelta, el mismo trayecto.

–Y cruzaron la línea del frente...

–Cruzamos una línea del frente y estuvimos bajo fuego en esa zona, que es la llamada zona gris o tierra de nadie, durante aproximadamente uno o dos minutos. Estuvimos rodeados de fuego, no sabemos si era dirigido a nosotros o a quién; como sabe hay acusaciones mutuas, pero fue un momento muy dramático. Pasamos ese lugar y a partir de ahí las cosas se fueron calmando.

Rafael Grossi. Foto: AFP.
Rafael Grossi. Foto: AFP.

–Se lo vio a usted y al resto del equipo con chaleco antibalas. Aunque usted estuvo en otras misiones difíciles, entre ellas, en Irán, ¿fue la primera vez que estuvo en una zona de guerra?

–Sí, fue la primera vez para mí e, incluso, primera vez para el organismo, porque ha habido situaciones, en Irak, por ejemplo, u otros lugares que vivieron conflictos armados, pero donde siempre la aparición de los inspectores del OIEA o de cualquier otro organismo sucede ex post, cuando ya pasó todo.

–No durante, como ahora.

–No durante y sobre todo, y es lo que me motiva a esforzarme lo más posible, en una misión con la posibilidad de prevenir algo. Nosotros todavía tenemos la posibilidad de evitar un accidente o desastre nuclear. Y es por eso que estamos redoblando nuestros esfuerzos para poder hacerlo de alguna manera.

–Lo que encontró en Zaporiyia, donde usted habló de una “situación insostenible”, ¿es peor de lo que se imaginaba?

–No, no es peor. Es lo que nos imaginábamos, lo que no indica que sea bueno. Nos encontramos con una situación muy preocupante que evidencia ataques sistemáticos a la planta, evidencia una situación de tensión interna en la planta muy clara, porque la planta está gestionada y manejada por sus operarios naturales, que son los ucranianos, pero ahora bajo el control efectivo de los rusos. Entonces esto naturalmente genera una situación de tensión obvia. Y no estamos hablando de un restaurante o de una verdulería, es una central nuclear, donde pueden existir problemas de management o divergencias en cuanto a la operación de la planta. Y por eso utilizamos esta expresión, de “situación insostenible” en el tiempo, no para sembrar pánico, sino para que haya algún tipo de evolución de la situación. Y es por esto que anteayer en la tarde de Nueva York yo me dirigí al Consejo de Seguridad de la ONU.

–Usted pidió una “zona de seguridad” alrededor de la planta.

–Sí, y dije que tenemos que hacer algo. Seguir diciendo que la guerra se tiene que terminar o que todo se tiene que desmilitarizar son frases comprensibles, loables, pero en este momento, y lo digo con mucho respeto, no son realistas. Porque la guerra está en curso y nadie va a desmilitarizar nada, en este momento. Es lo que todos queremos que suceda y ojalá que ocurra lo más pronto posible. Pero nosotros nos estamos focalizando en una medida intermedia, que puede ser adoptada de inmediato y que puede ser muy eficaz para prevenir que al drama y a la tragedia de la guerra se les sume un accidente nuclear con consecuencias transfronterizas obvias.

Rafael Grossi. Foto: AFP
Rafael Grossi. Foto: AFP

–¿Cómo puede lograrse en la práctica esta “zona de seguridad”, ya que siguen disparando y acusándose mutuamente las partes de bombardear?

–Esto es lo que estamos negociando. Yo fui a la planta, hicimos un informe de 152 páginas que fue una proeza de los técnicos porque lo fuimos haciendo volviendo en los autos, comparando datos técnicos, haciendo evaluaciones y crosscheckings con la gente que se quedó allá –primero seis personas, ahora dos–. Pero no es suficiente y por eso proponemos una medida práctica que no se mete en el conflicto mayor, aunque no es indiferente. Ya estamos negociando; ya hubo una reacción del presidente Zelensky y una reacción del ministro Lavrov, haciendo observaciones y poniendo exigencias...

–Todavía no dijeron que no...

–Todavía nadie ha dicho que no, porque esta medida es realista, es algo que se puede hacer. Este es el arte de tratar de presentar una medida que sea eficaz, que sea realizable y a la que las partes tengan mucha dificultad en decir que no.

–¿Es realista entonces una “zona de seguridad” en Zaporiyia?

–Es realista, aunque puede ser terriblemente complejo. Y yo estoy contento porque ya estamos logrando apoyos muy importantes: tuve una conversación muy interesante con el primer ministro Draghi, que inmediatamente me dio su apoyo y que confío que va a estar haciendo gestiones, él también, con el presidente Zelensky. Y el presidente Macron va a hacer lo mismo.

–Pero el problema es Putin, más que Zelensky...

–El problema es toda la situación. Yo tengo que tener una visión de 360 grados. Es como un juego de ajedrez con muchas piezas, muy frágil, o como el Jenga, donde uno va sacando piezas de madera y se puede caer todo. Tenemos que ir moviéndonos con enorme prudencia.

–¿Cuáles son los tiempos para la eventual implementación de la “zona de seguridad”?

–Tiene que ser lo antes posible porque no es coherente que yo diga que quiero parar los ataques y me tome seis meses para negociar esto.

–Zaporiyia es un peligro para Europa y para el mundo, ¿se contempla la posibilidad de una intervención humanitaria de la ONU con tropas?

–No sabría decirlo, pero podría apuntar que todo lo que deba pasar por el Consejo de Seguridad de la ONU tiene un riesgo muy grande de ser vetado. Entonces es complejo.

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