NUEVOS RETOS PARA EL PRÓXIMO AÑO

Putin desequilibra a Occidente y busca más influencia mundial en 2020

Rusia carece del peso económico de EE.UU., pero la sagacidad estratégica de Vladimir Putin pone a su país como protagonista internacional.

La imagen del presidente Vladimir Putin aparece en una pantalla electrónica, durante un acto realizado en Moscú. Foto: Reuters
La imagen del presidente Vladimir Putin aparece en una pantalla electrónica, durante un acto realizado en Moscú. Foto: Reuters

La economía, que es más pequeña que la de Italia, puede avanzar con lentitud, pero dos décadas después de que un casi desconocido ex espía del KGB (la policía secreta de la Unión Soviética) llegó al poder en el Kremlin el 31 de diciembre de 1999, Rusia y su presidente Vladimir Putin han tenido su mejor año.

Estados Unidos, el enemigo implacable durante la Guerra Fría, pero ahora encabezado por un presidente decidido “a llevarse bien con Rusia”, se encuentra estremecido y distraído por el juicio político iniciado por la oposición demócrata; el Reino Unido, el otro pilar fundamental de la alianza transatlántica que Putin ha buscado socavar durante años, también mira hacia su interior y acaba de votar por un gobierno que promete sacar al país de la Unión Europea el 31 de enero.

Medio Oriente, donde en otros tiempos predominó la influencia estadounidense y británica, ahora se inclina de manera creciente hacia Moscú a medida que éste cambió el curso de la guerra en Siria; Rusia proveyó a Turquía -un miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)- con sistemas de misiles avanzados; y firmó contratos por miles de millones de dólares con Arabia Saudita, el aliado más estrecho de Estados Unidos en el mundo árabe.

Rusia también se ha acercado a Egipto, otro antiguo aliado de Estados Unidos; se ha convertido en jugador clave en la guerra civil de Libia, y se mueve hacia lo que cada vez más parece una alianza con China. Apenas han transcurrido cinco años desde el despectivo comentario que hizo el presidente Barack Obama sobre Rusia, en 2014, calificando a ese país de “potencia regional” con capacidad solo para amenazar a sus vecinos “pero, no por fortaleza, sino por debilidad”. El éxito que ha logrado plantea un interrogante que desconcierta: ¿Cómo un país como Rusia, enorme en territorio -tiene once husos horarios- pero pequeño si se lo mide por la economía y otros indicadores importantes, se convirtió en una fuerza tan potente?

“Cuando la Unión Soviética colapsó, todo el mundo hizo la misma pregunta”, recuerda Nina Khrushcheva, nieta del líder soviético Nikita Krhuschev y experta en asuntos rusos en la New School, en Nueva York. “¿Cómo puede ser que un sistema tan decadente tuvo resultados más allá de su capacidad?”.

Khruscheva estima que Occidente de manera reiterada interpreta mal a un país cuya ambición es tan inmensa como su territorio -se extiende del océano Pacífico al mar Báltico- y que con frecuencia está desligado de lo que parece ser la realidad. Sostiene que Putin “es a la vez un tecnócrata y un fanático religioso, un exhibicionista y un maestro del secreto. De manera lineal se puede esperar una cosa, pero de pronto ocurre algo totalmente diferente”.

Vladislav Surkov, asesor del Kremlin durante muchos años, escribió este año en el diario moscovita Nezavisimaya Gazeta, que “Rusia juega con las mentes de Occidente”.

También juega con su propia mente.

Una conversación con la exprofesora de biología del liceo al que asistió Putin, dejó en claro hace varios años que, como señala un dicho popular ruso, “la esperanza es lo último que muere”. Ella recuerda a Putin no solo como un estudiante diligente, sino también un jugador de básquetbol excepcional, debido “a que es muy alto”.

Vladimir Putin y Donald Trump se entienden. Foto: AFP
Vladimir Putin y Donald Trump se entienden. Foto: AFP

El hecho de que el presidente, de estatura física baja, aparezca en su memoria como un gigante, da la idea de lo que a lo largo de los 20 años transcurridos, ha sido la característica definitoria del mandato de Putin: su habilidad para presentarse a sí mismo y a su país como siendo más grandes de lo que justifican los hechos objetivos.

Pero, no todo es prestidigitación.

“Quizás tenga las cartas de menos valor, pero nunca tiene miedo de jugarlas”, afirma Michael McFaul, ex embajador de Estados Unidos en Rusia y actual académico en la Universidad de Stanford. “Eso es lo que hace a Putin tan temible”.

Tecnologías políticas.

La economía de Rusia queda empequeñecida por la de Estados Unidos, que es diez veces más grande en términos de dólares; es demasiado chica para aparecer en la lista de las diez principales, y este año tuvo un crecimiento de solo 1%. Rusia tampoco tiene demasiado peso cultural más allá de sus fronteras, pese a que brilla en música clásica, ballet y otras vertientes de las artes. Corea del Sur, gracias al K-pop y sus películas, tiene mayor alcance.

Sin embargo, Rusia se ha converttido en una estrella que guía a los autócratas alrededor del mundo, un pionero de los medios y de otras herramientas -conocidas en Rusia como “tecnologías políticas”- que esos líderes ahora despliegan, con o sin la ayuda de Moscú, para alterar un orden mundial que en otros tiempos estuvo dominado por Estados Unidos.

Vladimir Putin, presidente de Rusia. Foto: Reuters
Vladimir Putin, presidente de Rusia. Foto: Reuters

Esas tecnologías incluyen la propagación de noticias falsas o al menos destinadas a engañar; la presentación de hechos simples envueltos en teorías conspirativas complicadas; y la denuncia de los rivales políticos como traidores o -en un término que el presidente Donald Trump ha tomado de Josef Stalin- “enemigos del pueblo”.

Putin afirma que esas acusaciones carecen de fundamento.

Surkov, el asesor del Kremlin, señala que cualquiera sea el problema, Rusia ha creado “la ideología del futuro”, al descartar la “ilusión de elegir” ofrecida por Occidente y afianzando la voluntad de un líder único capaz de hacer las opciones rápidamente y sin límites.

China también promueve la autocracia para obtener resultados con rapidez, pero hasta el presidente Xi Jinping, líder del Partido Comunista, no logra igualar la velocidad de rayo con la que Putin ordenó y ejecutó la toma de la península de Crimea. La decisión de quitarle esa península del mar Negro a Ucrania se tomó en una sola reunión que duró toda la noche en el Kremlin, en febrero de 2014, y fue ejecutada solo cuatro días después con el envío de algunas decenas de miembros de las fuerzas especiales rusas para ocupar un puñado de edificios del gobierno en Simferopol, la capital de Crimea.

La popularidad de Putin.

No todos los rusos están convencidos, particularmente los jóvenes en Moscú y San Petersburgo que realizaron protestas el verano pasado, de que se le terminó el tiempo a Putin. Si bien las fuerzas de seguridad rápidamente pusieron fin a esos reclamos, el nivel de aprobación ciudadana a la gestión de Putin, que tuvo leve caída, ya se recuperó para situarse en 70%, de acuerdo con le encuesta que publicó el Centro Levada, en noviembre.

Si bien esa tasa es menor que en el periodo de euforia nacionalista que siguió a la anexión de Crimea, igual es notablemente alta en un país con poco crecimiento económico.

Alentado por el viento cambiante en dirección favorable a Rusia, en una entrevista con The Financial Times, Putin declaró muerto el credo para gobernar de Occidente que rige desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Sostuvo que la ideología de la democracia liberal “ya vivió más allá de su propósito”.

Pentágono sin calificar nueva arma de Rusia

El Pentágono indicó en un comunicado que “no calificará las afirmaciones rusas” sobre las capacidades de Avangard, el nuevo sistema de misiles hipersónicos nucleares que Rusia puso en práctica el viernes. Estados Unidos ha estado desarrollando armas hipersónicas desde principios de la década de 2000, según un informe del Servicio de Investigación del Congreso publicado en julio.

Rusia desplegó su primer grupo de Avangard, que según el presidente Vladimir Putin pone a su país como único en su categoría.

El sistema comprende un vehículo hipersónico diseñado para colocarse sobre un misil balístico intercontinental. Putin dice que la nueva generación de armas puede alcanzar casi cualquier punto del mundo y evadir un escudo antimisiles de Estados Unidos. (Con información de Reuters)

El mundo sorprendido por protestas populares
Manifestantes por la democracia en Hong Kong se protegen de los chorros de agua que lanzan las fuerzas de seguridad. Foto: AFP

Chile, Hong Kong, Argelia, Líbano o Francia. Ciudadanos sin líderes salieron a las calles en 2019, reclamando un mejor nivel de vida y la reducción de las desigualdades.

Miles de personas denunciaron problemas parecidos en Bagdad, Beirut o La Paz, causando la caída de cinco jefes de Estado o de gobierno.

De una punta a otra del planeta, retumban las movilizaciones. Estas protestas tienen en común que han surgido en “horizontalidad” y “sin líderes, sin organización ni estructura en una primera etapa”, explica Olivier Fillieule, especialista en movimientos sociales en el Instituto de Estudios Políticos de Lausana (Suiza).

La mecha que ha desatado las movilizaciones puede ser como en Hong Kong contra la ley de extradiciones, como en Santiago de Chile contra la subida del precio del metro, o contra una tasa para las llamadas por WhatsApp en Líbano.

Estas revueltas cuentan con internet, más que en 2011, ya que el número de internautas se ha más que duplicado en 10 años, hasta alcanzar los 4.500 millones de personas.

En Hong Kong o Barcelona, los manifestantes se pasan consignas a través de sistemas de mensajerías seguros, incluso con aplicaciones que se descargan con un código QR.

“La redes sociales pueden desempeñar un papel pero no se trata de revoluciones Facebook”, subraya Geoffrey Pleyers, sociólogo en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y en el Colegio de Estudios Mundiales (París).

El peso de la red, incluso sin ser dominante, atrae forzosamente a los más conectados, es decir los jóvenes. Pero su porcentaje en estas movilizaciones no se verifica de manera sistemática. Los “chalecos amarillos” franceses a menudo son gente de más edad, el movimiento chileno incluye a muchos jubilados, los manifestantes en Barcelona o en Bolivia son de todas las edades, dice Pleyers.

“2019 aparece como un año muy importante en materia de movilizaciones”, estima Olivier Fillieule. “Pero esto no es inédito ni excepcional. Recordemos que a fines de 2011, Time elegía a ‘el manifestante’ como personalidad del año”. Las movilizaciones de 2019 “se inscriben en la misma secuencia histórica”, agrega.

“La disfunción económica revelada por la crisis de 2008 fue transferida de las élites hacia los menos poderosos a través de la austeridad, el desempleo, la inseguridad...”, explica Jake Werner, profesor en la Universidad de Chicago.

Las protestas logran resultados. Por ejemplo, en Hong Kong, la ley de extradiciones fue retirada y China anunció que mejorará el proceso de designación del jefe del ejecutivo. (Con información de AFP)

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