Venezuela es la excepción: fue la única economía que cayó este año en América del Sur. Están aumentando las absorciones de empresas privadas y un prominente analista financiero dio a inversores un consejo de tres palabras: "Váyanse de aquí".
Muchos venezolanos de clase media y acaudalados han hecho justo eso, irse de Venezuela, lo que ha generado un lento éxodo de científicos, médicos, emprendedores e ingenieros. Sin embargo, si se deambula por el bazar, a la sombra de la basílica de Santa Teresa, en el viejo centro de esta ciudad, pareciera que también sucede lo opuesto.
Mercaderes que murmuran en árabe, urdu e hindi. Haitianos que empujan carritos de helados conversan en créole. Vendedores ambulantes que venden DVD gritan en español con acento colombiano. Si se bebe café en la tienda de ropa de Nayi Hamoud, donde las fotografías del valle Bekaa en Líbano adornan las paredes, el panorama es totalmente al alza.
Venezuela está sumida en un dilema migratorio. Mientras que grandes cantidades de la clase media se dirigen a la salida, cientos de miles de comerciantes y trabajadores extranjeros se han asentado aquí en los últimos años, complicando el panorama de cómo evoluciona la fuga de cerebros.
Las corrientes opuestas reflejan la naturaleza cada vez más polarizada del país. El gobierno del presidente Hugo Chávez, que recientemente declaró una "guerra económica" contra la "burguesía", expropió 207 empresas privadas este año -incluidos bancos, ranchos ganaderos y unidades habitacionales, según Conindustria, una asociación de industriales venezolanos-, provocando que muchos busquen refugio en otras partes del mundo.
"Siento que finalmente puedo volver a respirar", declaró Ivor Heyer, de 48 años, el dueño de una compañía que fabrica botes, y que recientemente mudó todo su negocio a Colombia, creando más de 100 empleos allá.
En el otro extremo del espectro económico, muchos inmigrantes nuevos continúan llegando con visas de turista y se quedan hasta su vencimiento, atraídos por los ingresos -que aún son más altos que los de algunos países vecinos de Venezuela-, así como por un amplio conjunto de programas de asistencia social para los pobres, apoyados por el gobierno.
En parte, la afluencia de personas hacia Venezuela es impulsada por la larga tradición de políticas migratorias indulgentes -que datan por lo menos de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando el país fue un imán para inmigrantes de la Europa devastada por los conflictos armados- y por la importancia del activo que ha ayudado a definir a este país durante un siglo: el petróleo.
Incluso en las épocas de fluctuaciones de los precios del crudo y en tiempos de desorganización institucional, los ingresos petroleros proporcionan a Venezuela un colchón contra la desgarradora crisis que sacudió a sus vecinos en el pasado.
Aunque las razones económicas son las principales, la ideología juega una pequeña parte en la atracción de algunos inmigrantes. Algunos de Oriente Próximo encuentran afinidades con las políticas beligerantes de Venezuela hacia Israel.
Respecto a la emigración, son tantos los que se han ido que los periódicos caraqueños los llaman "balseros del aire", un ingenioso lema derivado del término cubano "balsero", que se refiere a quienes huyeron en balsas improvisadas. Sin embargo, como deja claro el nombre, los venezolanos tienen medios para irse en avión.
Especialistas en inmigración dicen que la experiencia de Venezuela -que pierde habitantes instruidos mientras atrae trabajadores nuevos- es similar a lo que pasó en Argentina hace una década, durante su crisis económica. A medida que algunos profesionales especializados abandonaban el país, Argentina seguía siendo un imán para los jornaleros de Bolivia y Paraguay.
Pero todos los inmigrantes también padecen Venezuela. Cerca de Caracas unos asaltantes mataron a un jornalero chino en septiembre, rociándolo con nafta y quemándolo vivo, y en octubre unos delincuentes secuestraron, en casos diferentes y el mismo día, a dos chinas, una tenía 19 años y la otra, 38.
Eso no hizo desistir a quienes siguen su estrella hasta las caóticas calles venezolanas. "Este es un lugar de locura, no es para familias, sino que está bien para un hombre soltero como yo", señaló Subash Chand, de 25 años, que se mudó hace un año desde India hasta Caracas, donde administra una tienda en el centro de la ciudad. "Hay peligro y emoción aquí todos los días", dijo Chand. "En esa mezcolanza", agregó, "hay dinero".
Los viajantes
PAÍSES DE ORIGEN
COLOMBIA: Unos 4 millones de colombianos viven en Venezuela.
HAITÍ: Después del terremoto de enero, Venezuela nacionalizó a 15.000 haitianos.
CHINA: Hay unos 50.000 orientales que, sobre todo, trabajan en tiendas.
MEDIO ORIENTE: Miles de comerciantes árabes viven con sus familias.
GRANDES DESTINOS
NORTEAMÉRICA: Miles de comerciantes venezolanos parten hacia Florida y Houston, en Estados Unidos, y Alberta, en Canadá.
EUROPA: España y Portugal nacionalizan a los descendientes de inmigrantes.
AMÉRICA: Panamá y Colombia son quienes más reciben a los dueños de negocios venezolanos que emigran.