CRISIS SOCIAL 

La presidenta interina de Bolivia abre el diálogo

En medio de protestas, Jeanine Áñez conversa con el MAS de Evo Morales para pacificar.

Partidarios del expresidente Evo Morales se movilizan en La Paz. Foto: AFP
Partidarios del expresidente Evo Morales se movilizan en La Paz. Foto: AFP

El gobierno de la presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, anunció ayer jueves que inició un diálogo con el Movimiento Al Socialismo (MAS), partido de Evo Morales asilado en México, para pacificar el país convulsionado tras las elecciones irregulares del 20 de octubre y la posterior renuncia del líder izquierdista.

En medio de reclamos de renuncia a la nueva mandataria, el gobierno de Áñez intenta poner fin a las manifestaciones violentas y enfrentamientos, en la cuarta semana de protestas que han dejado 10 muertos y unos 400 heridos.

“Estamos en una mesa de diálogo, creemos que es posible pacificar el país”, indicó el ministro de la Presidencia, Jerjes Justiniano, uno de los once miembros del gabinete ministerial designados por Áñez el miércoles.

En el diálogo, detalló, participan delegados del gobierno de la presidenta interina y congresistas del partido de Morales, que hasta el momento no han confirmado el acercamiento.

Antes, Áñez había dicho que “Evo Morales no está habilitado para un cuarto mandato”, por lo cual, no puede participar de los próximos comicios, de fecha incierta.

Sin embargo, aclaró, el partido del exgobernante “tiene derecho de participar en elecciones generales”. Y recomendó “que vaya buscando candidato”.

Las tensiones continuaron en la tarde ayer en La Paz, luego de que una columna formada por miles de partidarios de Morales bajara desde El Alto, la ciudad vecina, bastión del líder izquierdista.

Los defensores del expresidente coreaban consignas: “Áñez golpista, fuera del palacio”, “Que vuelva Evo”.

“Estamos pidiendo la renuncia de la presidenta, esa presidenta racista, que se vaya esa golpista”, dijo a la AFP Juan Gutiérrez, uno de los manifestantes, vestido con un poncho rojo que identifica a los miembros de una organización campesina andina que apoya a Morales.

El miércoles, una manifestación similar en apoyo a Morales terminó en choques con la policía cerca de la Plaza Murillo, mientras Áñez juramentaba en el Palacio Quemado a la nueva cúpula militar.

Siguen los enfrentamientos entre manifestantes y policía en Bolivia. Foto: Reuters
Siguen los enfrentamientos entre manifestantes y policía en Bolivia. Foto: Reuters

Choques

Los incidentes del miércoles se prolongaron hasta la noche y culminaron con una veintena de detenidos.

Inicialmente los que protestaban eran adversarios de Morales, pero desde el domingo, después de la renuncia, son sus partidarios los que han salido a las calles y se han enfrentado con las fuerzas de seguridad en rechazo al nuevo gobierno.

El jueves, La Paz intentaba volver a la normalidad, aunque las clases universitarias están suspendidas y muchos padres prefieran no enviar a sus hijos a las escuelas por temor a hechos de violencia.

Parte considerable del transporte público operaba, incluido el teleférico, pero los accesos a la Plaza Murillo, donde se encuentra la casa de gobierno, seguían cerrados.

Áñez anunció que presentará un reclamo diplomático ante México por permitir actuaciones políticas de Morales.

“Tenemos una canciller (Karen Longari) que hará la representación que corresponda ante esa ruptura de ese protocolo” de asilo político, dijo en rueda de prensa.

México rechazó el planteo por considerar que no se puede limitar el derecho de expresión de un asilado.

Desde su exilio en México, Morales instó a organismos internacionales como la ONU y la iglesia Católica, a través del papa Francisco, a acompañar un “diálogo para pacificar” Bolivia. “La violencia atenta contra la vida y la paz social”, escribió en Twitter Morales, quien renunció acorralado por las protestas y por un lapidario informe de la OEA sobre irregularidades en los comicios, y abandonado por las Fuerzas Armadas y la Policía.

El expresidente boliviano Carlos Mesa (2003-2005), segundo en los comicios de octubre, también fustigó a México por permitir actividades políticas de Morales.

Desafío

Uno de los desafíos de la presidenta Áñez será sostener una buena relación con el Congreso donde el MAS de Morales goza de una amplia mayoría.

Áñez dijo que su único “norte” es convocar a nuevas elecciones, para lo que necesita nombrar a siete miembros del Tribunal Supremo Electoral, que deben ser ratificados por el Congreso. Quiere que haya un nuevo gobierno el 22 de enero, fecha que finaliza formalmente el mandato de Morales.

El Senado no se ha reunido desde que el martes, en una sesión sin quórum reglamentario, Áñez se proclamó presidenta interina por ser la segunda vicepresidenta de esa cámara, tras la renuncia de quienes le antecedían en la línea de sucesión.

El Tribunal Constitucional la avaló y las Fuerzas Armadas y de la Policía le declararon su lealtad.

Primera acción internacional

En su primera medida en el ámbito internacional, la presidenta Jeanine Áñez reconoció al líder opositor Juan Guaidó como presidente de Venezuela, quebrando de esa manera la alianza que tuvo Evo Morales con Nicolás Maduro, informó el gobierno.

Por su parte, Estados Unidos reconoció el miércoles a Áñez como presidenta de Bolivia y destacó su esfuerzo por convocar a elecciones. Lo mismo hizo Rusia aunque no consideró como “proceso legítimo” la salida del poder de Morales.

Áñez también recibió el reconocimiento de Guatemala y Colombia, mientras la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Federica Mogherini, señaló la necesidad de evitar “un vacío de poder que puede tener consecuencias para todo el país”.

Al asumir, Áñez declaró que bajo Morales, Bolivia no se encontraba realmente en democracia.

Surge violencia en el recuerdo de joven mapuche
El gobierno y la oposición negocian para iniciar una reforma de la Constitución
Policía detiene a un manifestante durante una protesta en Bolivia. Foto: Reuters

Mientras el gobierno del presidente Sebastián Piñera y los partidos políticos de la oposición realizan negociaciones para poner en marcha un proceso de reforma de la Constitución, el primer aniversario de la muerte de un joven indígena mapuche en un polémico operativo policial convocó ayer jueves a miles de personas a manifestaciones en Santiago y otras ciudades de Chile, sacudido desde hace casi un mes por una ola de protestas sociales.

Hace un año, el joven Camilo Catrillanca murió baleado durante un operativo de fuerzas policiales dentro de una comunidad mapuche. Se descubrió luego que los agentes acusados dieron testimonios falsos y destruyeron pruebas, lo que llevó incluso a la salida del jefe del organismo.

En Santiago y ciudades del sur del país como Concepción, Temuco y Puerto Montt se registraron algunos choques entre policías y manifestantes, barricadas e incendios. En la capital había varios civiles heridos. Muchas de las manifestaciones -que incluían caminatas y vigilias- también se desarrollaron de manera pacífica.

Más temprano el padre del joven mapuche fallecido, Marcelo Catrillanca, había dicho a la radio local Cooperativa que “lo que nosotros priorizamos es la vida y por eso es que yo tengo que decirle a la gente que pueda manifestarse con tranquilidad y siempre resguardándose”.

“No quisiéramos mañana lamentar la muerte de cualquier muchacho de donde venga, sea mapuche o no mapuche, porque para nosotros sería nuevamente revivir el dolor”, agregó.

La convocatoria para conmemorar la muerte de Catrillanca se había realizado sobre todo a través de las redes sociales. “Nos quitarán la vista pero no la memoria”, decía uno de los afiches de convocatoria para hacer referencia a las personas que han perdido la visión por causa de balines de goma lanzados por la policía para disolver las protestas, que han dejado más de 20 muertos y miles de detenidos.

Con información de Reuters

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