CLAUDIO FANTINI
Cuando Mario Vargas Llosa manifestó su apoyo a Piñera, los nacionalismos populistas y las izquierdas de viejo cuño dijeron que era prueba de la filiación conservadora del escritor. Apoyar a una derecha con pasado autoritario, en un país donde el centro-izquierda es una expresión exitosa de modernidad liberal, parece a simple vista una toma de posición ideológica claramente reaccionaria.
Sin embargo, Vargas Llosa no es un conservador sino uno de los pocos liberales consecuentes de Latinoamérica. O sea que pertenece a la selecta minoría de los que proyectan a la política el pensamiento que aplican en la economía. Por eso en una región donde el liberalismo económico suele ir acompañado de conservadurismo político y social, el autor de "La tía Julia y el escribidor" siempre se pronunció coherentemente desde la opción de la libertad, en esos temas en que los conservadores se pronuncian desde la tradición o valores religiosos.
Esa es la razón por la que apoyó a Piñera, cuya coherencia liberal lo coloca junto al centro-derecha en la economía, pero en temas sociales y políticos lo sitúa en el espacio del centro-izquierda. Eso explica su voto contra Pinochet en el histórico referéndum de 1988, así como el apoyo al matrimonio gay y a la píldora del día después. Por eso no debió sorprender su convocatoria a que socialistas y democristianos participen en su gobierno, ni el anuncio de que su gestión será principalmente continuadora de lo realizado por la Concertación.
El liberalismo consecuente de Sebastián Piñera siempre le restó apoyo en la derecha dura. La inteligencia que lo llevó al éxito empresario, le muestra también que su candidatura fue consecuencia de la moderación a la que se vio obligada la derecha frente al imponente desempeño del centro-izquierda. Su postulación representó el punto culminante del proceso de "despinochetización".
Piñera sabe que sus opciones son dos: una es recostarse en la derecha dura que es predominante en RN y totalizadora en UDI, lo que daría a su gobierno un sello ultraconservador y de altísima confrontación con el sindicalismo y el movimiento estudiantil. La otra es apoyarse en la derecha moderada y el acompañamiento del centro-izquierda.