Los países árabes anunciaron un acuerdo para formar una fuerza militar combinada para contrarrestar tanto la influencia de Irán como la del extremismo islamista, una decisión que muchos analistas atribuyeron, en gran parte, a un impulso por tener mayor independencia de Estados Unidos.
El acuerdo se produjo mientras, en Lausana, Suiza, diplomáticos estadounidenses y occidentales se apresuraban a cerrar el acuerdo nuclear con Irán. Arabia Saudita y otros aliados de Estados Unidos en la región dejan en claro que buscan reforzar la seguridad regional de manera independiente porque ven el acuerdo como una traición al compromiso de Washington para con su seguridad. Se quejan porque el acuerdo nuclear no evitará que Irán busque extender su influencia en toda la región, apoyando a grupos que favorece como lo ha hecho en Líbano, Irak, Bahrein y Yemen.
Muchos analistas y diplomáticos árabes coinciden en que la seguridad contra el riesgo nuclear puede surgir al costo de empeorar los conflictos en Medio Oriente, a medida que Arabia Saudita y sus aliados musulmanes suníes buscan frenar lo que ven como esfuerzos de Irán liderado por chiítas para imponer su influencia, con frecuencia en frentes de lucha sectaria.
Varios países árabes, incluido Egipto, Jordania y la mayoría de las monarquías del Golfo Pérsico, han dado su apoyo a la campaña, liderada por Arabia Saudita, de ataques aéreos para contrarrestar los avances del movimiento Huti, —sigue una forma de Islam chiíta— respaldado por Irán, en Yemen; Estados Unidos solo proporciona inteligencia y apoyo logístico.
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Se desconoce cómo se implementará el acuerdo, anunciado en una reunión de la Liga de Estados Arabes, en Sharm el Sheikh, Egipto. Funcionarios de la Liga Arabe dijeron que todavía se está discutiendo sobre la dirigencia de las fuerzas combinadas, incluida la cuestión de si habría un solo comando o una coalición de unidades nacionales. Se espera que la participación sea voluntaria.
Lina Khatib, directora del Centro Carnegie de Medio Oriente, en Beirut, estimó que "un Irán participativo es menos amenazante. Creo que un acuerdo nuclear con Irán tendrá un impacto tranquilizador en la región". Sin embargo, reconoció que, en este momento, Arabia Saudita y sus aliados no lo ven así. "La rivalidad iraní y saudita se juega en una guerra caliente en Irak, en Siria y ahora en Yemen", dijo. "La confrontación deriva en que personas de los dos lados se aferren a sus posiciones sectarias".
Hay creciente deseo de mayor autonomía entre los estados árabes suníes. Por ejemplo, el año pasado, Emiratos Árabes Unidos (EAU) lanzó ataques aéreos desde bases egipcias contra milicias islamistas aliadas en Libia sin avisar a Estados Unidos. Algunos diplomáticos estadounidenses no creyeron los informes iniciales de que EAU había actuado por su cuenta hasta que la segunda serie de bombardeos se lo confirmó.
"En algunos problemas no se puede esperar que una superpotencia se involucre directamente, debido a su propia política e intereses. Si se carece de la capacidad o de la iniciativa para abordarlos por cuenta propia, no se brinda una disuasión a otros jugadores regionales", dijo Nabil Fahmy, un veterano diplomático y ex ministro de Relaciones Exteriores de Egipto. Agregó, al hablar de las relaciones árabes con Estados Unidos: "Hay una diferencia entre una relación de seguridad y una adicción a la seguridad".
ESTRATEGIA.
Presidente de Egipto, decisivo en la región.
“Los retos que enfrenta nuestra seguridad nacional árabe son graves, y hemos logrado diagnosticar las razones detrás de ello”, expresó el presidente de Egipto, Abdelfatah Al Sisi, sin especificarlas. En gran medida, Al Sisi dio credibilidad a la creación de la fuerza conjunta, al hacer el anuncio. Sostuvo que la reunión “bombeó sangre de esperanza en las arterias de la cooperación árabe”.
Egipto se ha considerado el escudo y protector de las monarquías del golfo, ricas en petróleo pero poco pobladas. Al Sisi tiene una relación cercana con los sauditas y sus aliados en la zona porque apoyaron que destituyera al presidente Mohamed Morsi de la Hermandad Musulmana, en 2013. Desde entonces, las monarquías han contribuido con cuantiosa asistencia, que incluye el compromiso de entregarle a Egipto US$ 12.000 millones más. Este año, la Fuerza Aérea de Egipto realizó un ataque por cuenta propia en Libia, tras la decapitación de un grupo de cristianos egipcios por una rama del Estado Islámico. Egipto y sus aliados en el golfo están preocupados por el conflicto civil en Libia. THE NEW YORK TIMES

Liderados por Arabia Saudita, crean fuerza de intervención THE NEW YORK TIMES
