DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Todo quedó a foja cero. No hubo un paso adelante ni un paso atrás en las relaciones entre EE.UU. e Israel luego de una reservada y breve entrevista entre Benjamin Netanyahu y Barack Obama. En la charla se confirmaron los "vínculos de unión entre ambas naciones, las coincidencias que existen en asuntos fundamentales de seguridad internacional ("de ninguna manera se permitirá que Irán se convierta en una amenaza nuclear para los americanos y Medio Oriente"), aunque volvieron a salir a luz las profundas diferencias que tensan el clima entre ambos gobiernos, fundamentalmente por la construcción de asentamientos y el sorpresivo anuncio de 1.600 nuevas viviendas en Jerusalén Este, factores que impiden la reanudación de las conversaciones indirectas de paz entre israelíes y palestinos y los "buenos oficios" estadounidenses.
Luego de dos días de visita de Netanyahu y de un intenso ajetreo que lo llevó desde la Casa Blanca, Departamento de Estado, Congreso y una reunión-cena de 7.500 comensales con el más poderoso lobby judío en EE.UU., "no hubo un claro humo blanco". Pero para muchos fueron muy valiosos los encuentros (con pasajes muy severos con Obama y Hillary Clinton) para demostrar a la opinión pública mundial que se mantienen por parte de ambos lazos firmes de amistad.
Otros opinaron, luego de la visita, también con cierto optimismo en el terreno político. Para los analistas de la capital se habría allanado en algo el camino para que el enviado especial de EE.UU. en Medio Oriente, el embajador George Mitchell, reanude, a corto plazo, los contactos con dirigentes israelíes y palestinos.
Netanyahu y Clinton el lunes fueron muy duros en sus aseveraciones en la Aipac. El primer ministro, en medio de largos aplausos, afirmó que la "conexión entre el pueblo judío y Jerusalén no se puede negar, el pueblo judío construyó Israel hace 3.000 años y el pueblo judío está construyendo hoy Jerusalén, que no es solución, es nuestra capital".
Para el primer ministro "todos los estadounidenses, europeos, israelíes, palestinos, sin duda, todo el mundo, sabe que estos barrios serán parte de Israel en cualquier acuerdo de paz, por lo tanto, la creación de ellos no excluye la posibilidad de una solución de dos Estados".
Clinton a su vez destacó el compromiso de EE.UU. con la seguridad de Israel, calificándolo de "muy sólido", aunque agregó que "como amigo de Israel, es nuestra responsabilidad dar crédito a lo que vale y decir la verdad cuando es necesario, de allí el rechazo al anuncio de nuevos asentamientos". Luego la secretaria de Estado apuntó su discurso a la amenaza que representa Irán. "Estamos decididos a impedir que adquiera armas nucleares, nuestro objetivo son las sanciones, pero las sanciones que muerden".
Netanyahu en cambio cosechó mejores frases luego de una reunión, también en la Casa Blanca, con el vice Joe Biden, definida por un comunicado oficial de "franca y productiva".
Y no podía el primer ministro emprender el regreso sin realizar una visita al que sabía "dulce" Congreso. Allí recibió, tanto de demócratas como de republicanos, firme apoyo. La presidenta de Diputados, Nancy Pelosi, fue contundente: "En el Congreso se habla una sola voz sobre el tema, estamos comprometidos con hacer avanzar el proceso de paz, preservar la seguridad de Israel y también ser responsables de las sanciones contra Irán".