ROMA | AFP
La Iglesia católica celebró ayer un Sábado Santo marcado por una nueva polémica, esta vez con los judíos, por la comparación que hizo el predicador del Vaticano entre los ataques a Benedicto XVI y el antisemitismo.
Esta comparación suscitó indignación en las comunidades judías europeas y estadounidenses y la protesta de asociaciones de víctimas de abusos sexuales cometidos por el clero.
"Se trata de una impertinencia y de un insulto para las víctimas de los abusos sexuales, así como para las víctimas de la Shoah", declaró a AFP el secretario general del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Stephan Kramer.
El Vaticano admitió el carácter ambiguo e inapropiado de tal analogía. Pero varios prelados católicos denunciaron en la prensa de la Santa Sede "una campaña grosera", una "maquinación" que apunta al Papa y a los católicos así como una "escalada de la cristianofobia".
Los prelados se expresaron a través de Radio Vaticano y del diario oficial de la Santa Sede, el Osservatore Romano, que en su edición de este domingo fustiga "los ataques calumniosos y la campaña de difamación construida alrededor del drama de los abusos cometidos por curas".
Durante la liturgia del Viernes Santo y en presencia de Benedicto XVI, el predicador de la casa pontificia, el padre Raniero Cantalamessa, leyó una carta de "solidaridad" con el Papa y la Iglesia que le envió un "amigo judío" en la que el autor de la misiva denunció "el ataque violento" y añade: "El empleo de los estereotipos, el transvase de responsabilidades y la culpa personal sobre la colectiva me recuerdan los aspectos más vergonzosos del antisemitismo".
El Vaticano, por boca de su portavoz, el padre Federico Lombardi, reconoció en Radio Vaticano que la carta leída por el predicador "podía suscitar malentendidos", aseguró que "hacer una aproximación entre los ataques contra el Papa por el escándalo de pedofilia y el antisemitismo no es la línea seguida por la Santa Sede" y estimó que Cantalamessa "sólo quiso hacer pública la solidaridad con el Papa expresada por un judío".
El rabino de Roma Riccardo Di Segni lo calificó de "mal gusto" y de "comparación inapropiada".
Jefe de iglesia anglicana pidió perdón
En plena Semana Santa, el jefe de la Iglesia Anglicana, el arzobispo de Canterbury Rowan Williams, desencadenó ayer una fuerte controversia, al estimar que la Iglesia Católica de Irlanda había perdido toda credibilidad por el escándalo de los curas pedófilos, lo que lo obligó a disculparse. Ante las declaraciones, el arzobispo católico de Dublín, Diarmuid Martin, se declaró "estupefacto". Williams expresó "su profunda tristeza y su pesar".