Nuestra independencia

Los acontecimientos que estamos viviendo en la frontera con la Argentina deben servir, entre otras cosas, para que reflexionemos acerca de nuestro país ubicado en un tan particular entorno, sus fortalezas y debilidades, pero sobre todo para que con verdadero espíritu nacional, luchemos por fortalecer nuestra independencia.

En el mundo globalizado en que vivimos todas las naciones están vinculadas por innumerables vínculos, multiplicados por las comunicaciones, por las finanzas en tiempo real, por el comercio multilateral. Por las organizaciones de carácter comercial y político y por el hecho de que prácticamente no hay nada ajeno al conocimiento de los seres humanos, se encuentren donde se encuentren. En cierto sentido podemos afirmar que no hay naciones verdaderamente independientes. Más bien que algunas de ellas tienen de tal manera multiplicados sus vínculos, que al ser "dependientes" de muchas ganan en independencia, no están atadas al destino de ninguna otra en exclusividad. Lejos estamos pues, del antiguo concepto de independencia que alentó a nuestros fundadores.

En la tarea que proponemos es preciso volver a mirar el mapa y recordar la historia. Nacimos a pesar de los vecinos. Desde el inicio del tiempo histórico en el Río de la Plata con el Tratado de Tordesillas, siempre fuimos presa codiciada, ya por Portugal ya por España. Luego por el Imperio del Brasil y las Provincias Unidas. Laboriosamente, nuestros mayores lograron superar los obstáculos e hicieron nacer a nuestra Patria. Ello no fue pacíficamente aceptado por los vecinos y durante el siglo XIX sentimos en los costados sus zarpazos, su intervención en nuestras luchas, su codicia.

Hoy vivimos otro tiempo, pero ni la geografía ni la historia cambian.

Cuando se inició el Mercosur, vivíamos un buen momento en las relaciones platenses. Se habían laudado los dos problemas fronterizos importantes con Argentina, ( Río de la Plata y río Uruguay), restando en esa categoría sólo los litigios por el Rincón de Artigas con el Brasil y la isla brasilera, con ambos. El comercio se canalizaba fundamentalmente a través del Cauce y el PEC. Fue con la intención de avanzar en la integración económica y comercial, que se negoció el Tratado de Asunción y sus derivados. Es conveniente recordar y volver a leer la introducción o preámbulo de este fundamental instrumento jurídico. En él está contenida la voluntad clara de los signatarios y la misma es inequívocamente tendiente a acrecentar los vínculos mercantiles, a evitar las bruscas variaciones monetarias, a fomentar, mediante el libre flujo de los factores de producción, a la inversión. En suma, a potenciar las economías. A ello hay que agregar las acciones y decisiones en materia de navegación libre de los ríos, interconexión eléctrica y de gas. Un entramado generador de prosperidad y empleo. Una sana interdependencia que llevaba a compartir y complementar.

Nada se dijo, ni hubiéramos admitido, en materia política. Solamente las medidas instrumentales para el fin principal.

La situación actual nos muestra un panorama crítico en esos aspectos. Las violaciones de los derechos al libre tránsito y la utilización de los vínculos energéticos como elemento de presión, son una realidad. La amenaza de un Parlamento regional en el que seríamos dependientes de una mayoría ajena, una posibilidad.

¿Qué hacer ante esto?. Todo lo posible para que se vuelva al cumplimiento de lo acordado, pero además, todo lo que sea posible para atenuar la dependencia en que vivimos.

En lo político, rechazar de plano el proyecto de Parlamento regional.

En lo comercial, continuar la acertada política de búsqueda y afirmación de nuevos mercados y de acuerdos de libre comercio con la mayor cantidad de países.

En lo energético son muchas las opciones. Ante todo, liberalizar al máximo la generación, transmisión y venta de energía eléctrica, por parte de quien desee producirla mediante el método que quiera . UTE no ha sabido solucionar ese problema, como lo demuestra el plan de restricciones que sufriremos este invierno. Cáscara de arroz, viento, madera, residuos, todos pueden generar energía eléctrica, siempre que se permita a los particulares hacerlo.

Para paliar la escasez de este invierno, es una solución rápida y eficaz , alquilar barcazas generadoras, que se amarran en la bahía y se conectan a la red.

En materia de combustibles debe de procederse, mañana, a fijar en el mínimo el IVA para a la venta del biodiesel, de modo de alentar esa actividad que le dará a nuestro agro un nuevo horizonte.

El tema de la refinación local de petróleo, no da para más. Es urgente reconocer que el antiguo monopolio de Ancap en cuanto a la importación de refinados ha sido derogado por el Tratado de Asunción. Basta ya de pagar costos por la refinería y menos debemos atarnos a Venezuela de la manera que lo estamos haciendo.

Con el gas nace una nueva oportunidad para que nuestro país aproveche su posición portuaria privilegiada. En las distancias largas es más barato transportar gas licuado y regasificarlo al llegar. Pues entonces, hay que llamar a interesados en construir en nuestra costa una planta de gasificación y lograr así otra porción de independencia.

Para el final dejamos el tema nuclear. En nuestro país está prohibido por ley, generar electricidad mediante este método. Argentina, Brasil, Francia, Gran Bretaña, España lo hacen. No podemos quedar detrás de la historia...

Negocios con todos. Comercio ídem. Multiplicidad de opciones en energía. Independencia total en materia política. Ese es el rumbo...

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar