"Narcojet": condenan a hijos de militares argentinos en España

Barcelona. Quisieron ingresar una tonelada de cocaína en un avión privado

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Dos hijos de exmilitares argentinos fueron condenados a 13 años de cárcel cada uno por transportar una tonelada de cocaína en un avión privado con destino en España, informó ayer la Audiencia provincial de Barcelona.

Un tercer argentino, también hijo de militar, fue absuelto de los mismos cargos.

El caso, ya conocido como el del "Narcojet" en Argentina, provocó un gran revuelo, donde se abrió una investigación paralela de los hechos para depurar posibles responsabilidades dentro de la Fuerza Aérea.

Según la sentencia de la Audiencia Provincial Sección Octava de Barcelona, los hermanos Juliá, además de cumplir la pena de prisión, deberán pagar una multa de 100 millones de euros, correspondiente al triple del valor que la droga que se intentó traficar (cocaína con un 83% de pureza) tendría en el mercado clandestino europeo, unos 32 millones de euros (42 millones de dólares).

Los tres fueron arrestados el 2 de enero de 2011 en Barcelona, cuando la guardia civil encontró un alijo de casi una tonelada de cocaína oculto en la bodega del avión privado en que viajaban .

Los dos condenados son Gustavo y Eduardo Juliá, hijos del fallecido ex jefe de la Fuerza Aérea José Juliá, que ocupó el cargo durante la presidencia de Carlos Menem (1989-1999). El tercer acusado, Gastón Miret, hijo del brigadier José Miret, que fue secretario de Planeamiento durante la pasada dictadura (1976-1983), fue exculpado al considerar el juez que no conocía el cargamento de la aeronave.

En el juicio celebrado en Barcelona, tanto los hermanos Juliá como Miret aseguraron desconocer que transportaban sustancias estupefacientes. Pero el magistrado consideró en la sentencia que al menos los hermanos Juliá tenían un plan perfectamente concebido para llevar la droga a Europa, aunque no pudo concretar si trabajaban bajo órdenes de alguien o cuáles eran sus contactos en España para distribuir la cocaína.

EL PLAN. Según el auto condenatorio, de 27 páginas, los hermanos Juliá realizaron dos viajes preparatorios a España en 2010 para investigar las rutas e instalaciones que debían emplear. En ambos casos partieron de Buenos Aires e hicieron escala en Cabo Verde, Africa, antes de aterrizar en dos pequeños aeropuertos del país ibérico.

Tras las pruebas, Gustavo Juliá alquiló una aeronave en Florida, Estados Unidos, haciéndose pasar por representante de una empresa creada por él y su hermano. Después de trasladarla a Argentina, se dedicaron a alterar el interior del avión para poder camuflar la tonelada de droga, según el relato del juez.

El vuelo programado a España tenía apariencia legal y contaba con los permisos en regla. Eduardo Juliá ejercía de piloto. Miret, al que conocía personalmente, era el copiloto y Gustavo Juliá figuraba de pasajero. Hace dos años se habló de una cuarta persona, que nunca fue identificada ni detenida y que tampoco aparece mencionada en el escrito judicial.

El grupo despegó del aeropuerto bonaerense de Ezeiza el día de año nuevo de 2011. El vuelo hizo escala en Cabo Verde, donde supuestamente se cargó la droga, y fue interceptado en el aeropuerto barcelonés de El Prat, cuando los agentes procedían a realizar la inspección de aduanas.

La policía ordenó el arresto inmediato de los tres implicados, encarcelados desde entonces en una prisión de Barcelona.

Mientras el tribunal estimó más que justificada la condena a 13 años de cárcel de los hermanos Juliá por el tráfico de estupefacientes, decidió finalmente absolver a Miret.

El juez señaló que los correos electrónicos interceptados y el hecho de que Miret no participara en los vuelos preparatorios de los hermanos Juliá indican que lo más probable es que no conociera el motivo del vuelo ni las intenciones de introducir droga en España.

Miret, consultado por La Nación en Argentina, donde esperaba el fallo tras ser liberado a fines de 2012 por la justicia española, afirmó: "Gustavo Juliá me arruinó dos años de mi vida. No me lo quiero cruzar más. Alguien tiene que hacerse cargo de los dos años que pasé en prisión y por el tiempo que perdí con mi familia", sostuvo el piloto, de 39 años.

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