THE NEW YORK TIMES, AP y ANSA
Simon Wiesenthal, el sobreviviente de los campos de exterminio que dedicó su vida a perseguir a los fugitivos criminales de guerra nazis, murió ayer en su casa en Viena. Tenía 96 años. Su muerte fue anunciada por el rabino Marvin Hier, decano y fundador del centro Simon Wiesenthal en Los Angeles.
Después de escapar a la muerte, dos intentos de suicido y su liberación por las tropas estadounidenses en Austria en 1945, Wiesenthal abandonó su profesión de ingeniero y siguió una nueva llamada: mantener viva la memoria de seis millones de judíos y quizás otros cinco millones de no combatientes que fueron sistemáticamente asesinados por los nazis, y llevar a sus victimarios a la Justicia.
Wiesenthal se pasó más de cincuenta años cazando nazis, hablando contra el neonazismo y el racismo, y recordando la experiencia judía como una lección para la humanidad. Gracias a su esfuerzo, dijo, unos 1.100 criminales nazis fueron llevados ante la justicia.
Ese dato ha sido debatido cuando no considerado simplemente equivocado. Pero su rol como un terco sabueso en la pista de sus archienemigos ayudó a mantener vigente un pasado horroroso que, aseguraba, gran parte del mundo estaba dispuesto a olvidar.
"Para los jóvenes yo soy el último", dijo en 1993. "Soy el que todavía puede hablar. Después de mí, solo será historia".
"Cuando la historia analice el pasado, quiero que la gente sepa que los nazis no consiguieron matar a millones de personas impunemente", dijo otra vez.
Desde su atiborrada oficina en el Centro Judío de Documentación en Viena, Wiesenthal pasó años recogiendo y repartiendo rastros de criminales de guerra a través de una red de informantes, agentes del gobierno, periodistas e incluso ex nazis. Recordó sus esfuerzos en unas memorias publicadas en 1967, "Los asesinos están entre nosotros" y en un segundo volumen, "Justicia, no venganza" en 1989.
De modales severos y tenaces, cambios de humor y una capacidad para atraer la atención, fue homenajeado en una película de HBO basada en sus memorias e interpretada por Ben Kingsley. Un personaje basado en él fue interpretado por Sir Laurence Olivier en la película de 1978, "Los niños del Brasil", a pesar de que a Wiesenthal no le gustó su caracterización como un torpe. Y trabajó como asesor para otro thriller, "Los archivos Odessa".
Decenas de instituciones lo honraron: la lista de premios recibidos ocuparían una página repleta de títulos. Pero un galardón lo eludió durante toda su vida y fue su gran desilusión, el premio Nobel de la Paz.
Wiesenthal, una figura voluminosa con un pequeño bigote y que solía reírse de los que lo confundían con alguien inofensivo, mantuvo su búsqueda a pesar de ser vilipendiado, amenazado de muerte y de un secuestro a él su esposa, Cyla, y su hija, Pauline. En 1982, su casa en Viena fue dañada por un atentado con bomba, pero salió ileso (neonazis austríacos y alemanes fueron acusados y uno de ellos terminó en la cárcel).
Haciéndose llamar a sí "la mala conciencia de los nazis", se comprometió a continuar con su misión hasta el día de su muerte. Su meta, decía, no era la venganza pero asegurarse que los crímenes nazis "fueran puestos a la luz así la nueva generación los conoce, así no vuelve a suceder".
Cumplió un papel importante en la persecución de Adolf Eichmann, el ex oficial de la SS que organizó el exterminio de los judíos. Eichmann fue descubierto en la Argentina, secuestrado por agentes israelíes en 1960, juzgado y ahorcado por sus crímenes contra los judíos.
También logró hallar al policía austríaco Karl Silberbauer, responsable de haber detenido a la adolescente holandesa Anna Frank, que murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen.
Wiesenthal no pudo hallar a uno de sus blancos principales: el doctor Josef Mengele, el "ángel de la muerte" del campo de concentración de Auschwitz. Mengele eludió la captura y murió en Sudamérica.
"Logré encontrar a todos los asesinos que busqué, logré sobrevivir a todos ellos. Y si hay otros, que no encontré, hoy están demasiado viejos y débiles para ser llevados ante un tribunal. Mi trabajo fue hecho", dijo Wiesenthal en mayo de 2003, cuando anunció el fin de su búsqueda.
Vivir para no olvidar el horror
Wiesenthal nació el 31 de diciembre de 1908, hijo de comerciantes judíos en Buczacs, una aldea cerca de Lviv, en lo que entonces era el Imperio Austrohúngaro. Estudió en Praga y Varsovia y se recibió de ingeniero civil en 1932. Fue aprendiz de constructor en Rusia y abrió un estudio de arquitecto en Lviv, pero los alemanes invadieron Ucrania y empezó el terror. Wiesenthal fue enviado inicialmente a un campo de concentración en 1941 en las afueras de Lviv, Ucrania, de acuerdo con el Centro Wiesenthal. En octubre de 1943 escapó de Ostbahn poco antes de que los alemanes iniciaran la matanza de todos los prisioneros. Fue recapturado en junio de 1944 y enviado a Janwska, pero escapó de la muerte cuando sus guardias SS se retiraron ante el avance del Ejército Rojo.
Wiesenthal inició su misión poco después de que el ejército estadounidense liberara el campo de la muerte de Mauthausen, donde se encontraba desde 1945. Había pasado por 12 campos y pesaba 45 kilos cuando lo liberaron. Se establecerá luego en Linz (Austria) e, ironía del destino, a sólo pocos metros de la familia de Eichmann, uno de los que sería su detenido más conocido.
En 1947 funda en Linz un Centro de Documentación encargado de recopilar informaciones sobre la suerte de los judíos y sus torturadores. También se propone luchar contra el antisemitismo y todas las formas de prejuicios y revisionismo porque, señala su creador, "los asesinos de la memoria preparan las condiciones para los asesinatos de mañana".
Pero quien quiso vivir por los muertos, también vivió para los vivos, en particular los refugiados de países del Este. Unas 8.000 personas transitaron por los centros de acogida que construyó, antes de emigrar, principalmente a EE.UU.