PARÍS. J.M. MARTÍ FONT | EL PAÍS DE MADRID
El fantasma de la rebelión de las barriadas del otoño de 2005 se pasea desde el domingo de noche por Villiers le Bel, al Norte de París, que está tomada por la Policía. Grupos de jóvenes se propusieron vengar la muerte de dos adolescentes.
Todo empezó en la tarde del domingo. Moushin, de 15 años, y Larami, de 16, al parecer de origen magrebí, iban a bordo de una pequeña moto de cross y sin casco, cuando se empotraron contra un coche de la Policía. Según la versión de los que arrasaron la ciudad la noche del domingo al lunes, fueron dejados morir tras ser víctimas de una persecución policial.
El ruido de los cristales rotos arrastrados por las escobas de los servicios de limpieza era la música de fondo, ayer por la mañana, en las calles comerciales de Villiers le Bel. Durante toda la noche del domingo, grupos de jóvenes y adolescentes coparon las calles de la zona comercial cercana al barrio de la ZAC, donde tuvo lugar el accidente y donde vivían los adolescentes fallecidos, descargando su ira contra todo lo que encontraban por delante.
Resultado: 40 policías heridos, dos de ellos de gravedad, y un bombero; nueve detenidos.
El comisario de la vecina localidad de Sarcelles, que intentó mediar, está ingresado en un centro hospitalario con traumatismo facial tras haber sido agredido con barras de hierro. Los daños materiales son también cuantiosos. La comisaría de Policía ardió completamente y desaparecieron uniformes y porras; un concesionario de automóviles quedó calcinado con todos los vehículos dentro; una joyería fue robada y numerosos comercios, incluidos peluquerías y panaderías, arrasados.
Durante toda la mañana la tensión era palpable. Varios periodistas fueron agredidos: a una cadena de televisión le destrozaron la cámara. Grupos de jóvenes deambulaban por las calles pidiendo venganza.
Sin embargo, los servicios internos de la Policía y la fiscalía ya empezaban a avanzar que la muerte de los dos adolescentes fue causada por un simple accidente de circulación.
"La mini moto iba al máximo de velocidad y el coche de policía circulaba a menos de 50 kilómetros por hora", aseguraba a media tarde, Marie-Thérèse de Givry, fiscal de Pontoise.
Los dos adolescentes, sin casco, habían salido por la izquierda sin que los agentes, que no realizaban ninguna misión especial en aquel momento, pudieran hacer nada. La inspección General de la Policía, sin embargo, investiga por "homicidio involuntario y no asistencia a personas en peligro".
Por la tarde una manifestación silenciosa recorrió el centro de Villiers le Bel portando los retratos de los dos fallecidos. Desde Pekín, donde se encuentra de viaje oficial, el presidente Nicolas Sarkozy hizo un llamamiento a la calma, y el primer ministro Francois Fillon habló con los padres de los dos jóvenes muertos, quienes, a través de un portavoz, hicieron un llamamiento a la calma al tiempo que exigían una investigación sobre lo sucedido.
Con la oscuridad, la ciudad tomaba anoche un aire ciertamente amenazante; la presencia de fuerzas policiales era evidente, así como la de grupos de jóvenes expectantes. Y los disturbios continuaron.
Hace dos años, en un lugar de las mismas características, también de la periferia parisiense, la muerte de dos adolescentes electrocutados tras ser perseguidos por la Policía desató un mes de violencias en toda Francia. La ira de las barriadas no ha descendido.
El peor disturbio de los últimos 40 años
Esta zona periférica de París, donde se produjeron los incidentes el domingo de noche, es a menudo escenario de enfrentamientos entre grupos de jóvenes marginales y fuerzas del orden.
Los más graves ocurrieron en octubre de 2005 al Norte de París, en unos suburbios que cuentan con una fuerte población originaria del África subsahariana y del Magreb y donde la tasa de paro de los jóvenes se eleva en algunos lugares al 50%.
Entonces, más de 10.000 vehículos y unos 300 edificios fueron incendiados tras la muerte de dos jóvenes en un transformador eléctrico, donde se introdujeron para escapar de la Policía. Según las autoridades francesas, esos fueron los peores enfrentamientos entre civiles y la Policía en los últimos 40 años. Dominique de Villepin, que era primer ministro durante la crisis de 2005, decretó el estado de emergencia. Hace meses que autoridades locales advierten de que es "explosiva" la situación en los barrios conflictivos, focos de pobreza, desempleo, exclusión y una alta concentración de habitantes procedentes de la inmigración. agencias