Unas 55 monjas huyeron de su monasterio en la frontera con Bulgaria, dejando un reguero de deudas de casi un millón de dólares y ahora viven en la clandestinidad.
Resulta que el grupo de religiosas fugadas había decidido complementar sus franciscanos ingresos con la confección de ropa tejida.
Las monjas usaron los monasterios de Kirykos e Ioulittis para instalar seis máquinas modernas que les permitieron fabricar tejidos. Los vendían a 25 tiendas en toda Grecia.
Visitaron las capitales más exclusivas de Europa con el fin de aprender, con si fuera un catecismo, detalles sobre la última moda en confecciones de lana.
Nadie sabe a ciencia cierta cómo contrajeron semejante deuda.
En base a BBC