Mondo cane

JORGE ABBONDANZA

SEÑALERO

Mal momento para Italia. El jueves 24 de enero cayó el gobierno de Romano Prodi en una vergonzosa sesión del Senado donde hubo agresiones físicas, insultos a gritos y un desmayo. Los papelones de la política italiana, que se tambalea ante una opinión pública completamente harta de la casta dirigente, asumen un interés especial en el Uruguay, un país cuya población tiene altos porcentajes de origen italiano. Ese vínculo sólo es comparable al de Argentina y legitima así la denominación de América Latina para una región que algunos prefieren llamar Iberoamérica. Por culturales y de temperamento, Italia ha impuesto su sello a esta periferia de Occidente.

Ese reflejo se ha deslucido últimamente, luego de un período en que Italia llegó a figurar como la sexta economía del mundo. Ahora bajó del pedestal y está en plena crisis, con mayores índices de pobreza y una burguesía que no llega a fin de mes con lo que gana, mientras crece el peligro de una inmigración de Europa del Este que ha trastornado los márgenes de seguridad de la península. La sociedad italiana se defiende como puede, y así el jueves 17 logró atrapar en Sicilia a diecinueve cabecillas de la Cosa Nostra. Ello ocurría mientras pasaban otras cosas menos alentadoras, porque la camorra napolitana ha fomentado el desastre de la basura que sigue sin recogerse en pueblos y calles de Campania, manipulando el negocio millonario que hay detrás de toneladas de desperdicios.

Procurando frenar el descontrol, las autoridades siguen emplazando videocámaras de vigilancia en plazas, avenidas, aeropuertos, mercados, terminales ferroviarias y playas de estacionamiento, llegando a 2.000 en espacios públicos de Roma (y otras 1.400 en el tren subterráneo), aunque la Oficina de Protección de Datos Personales -un organismo estatal- denuncia que esa vigilancia atenta contra la vida privada y la libertad de los ciudadanos. El Ministerio del Interior insiste en que tales medidas son decisivas para la seguridad colectiva, y de hecho la "videovigilancia" permitió atrapar hace poco al inmigrante rumano que había violado y asesinado a una señora en plena Roma.

El aspecto más grave de ese panorama es sin embargo la inestabilidad del sistema político, apoyado en una fragmentación de partidos y una tramposa ley electoral cuyo esquema de representaciones sectoriales explica el descalabro. Desde la posguerra, Italia ya ha tenido 59 gobiernos y sufre unos tropiezos similares a los de la Cuarta República francesa antes de las reformas de Charles De Gaulle. La caída de Prodi no es más que otro ejemplo de esa decrepitud institucional, mientras el presidente de la República disuelve el Parlamento, fija elecciones anticipadas para el 12 de abril y la opinión pública oscila entre el chiste callejero y la amargura.

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