Las marcas inolvidables que dejaron las Malvinas

Testimonios. Exsoldados, uno argentino y otro británico, cuentan cómo vivieron la guerra de 1982; lo hacen en momentos en que los cruces entre sus países crecen

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En el marco de los 30 años de la guerra de Malvinas, que se cumplen el próximo 2 de abril, los gobiernos de Argentina y Gran Bretaña incrementaron sus cruces por la soberanía de las islas. Buenos Aires tiró la primera piedra instando a los países de Mercosur a no aceptar barcos con banderas de Falkland (nombre que los ingleses le dan a las Malvinas).

Los países del bloque, incluido Uruguay, accedieron. Desde ese entonces, el gobierno británico de David Cameron endureció su discurso. Primero llamó "colonizadores" a los argentinos, por querer "usurpar" tierras en las que sus pobladores quieren ser británicos. Luego anunció el envío de un potente buque de guerra, capaz de acabar él solo con todas las fuerzas aéreas de América Latina, y mandó al príncipe Guillermo, segundo heredero de la corona, a realizar prácticas militares en la isla. Esta semana envió a un ministro a encontrarse con el gobernador de las islas y los militares que están allí. El gobierno de Cristina Fernández, en tanto, volvió a reclamar ante las Naciones Unidas la soberanía y denunció la "militarización" del Atlántico Sur, y el envío de "material nuclear" a las islas. Desde la ONU, hasta ahora, el único que habló fue el secretario general, Ban Ki-moon, que instó a una negociación pacífica. En tanto, medios de ambos países acusaron a sus gobiernos de querer distraer a la población sobre temas de la coyuntura política. Y mientras ellos pelean, quienes estuvieron en el campo de batalla, de un lado y del otro, luchan para cerrar viejas heridas de una guerra que, en poco más de dos meses, dejó 649 militares argentinos, 255 británicos y tres isleños muertos.

"Ellos eran una potencia, se hizo lo que se pudo; no éramos la OTAN"

Córdoba | El Mercurio/GDA

CARLOS MORA | ARGENTINO

Puerto Argentino, Malvinas. Abril de 1982. El sargento ayudante, Carlos Rolando Mora, de 39 años, pisa las islas por primera vez en su vida.

Dejaba en su Argentina una esposa y tres hijos. Desde allí en adelante, confiaba sus emociones al resto de suboficiales y oficiales de la Compañía Comandos 601 del Ejército. Estaba entre iguales.

No había soldados conscriptos, sólo tropa adiestrada en operaciones especiales. Para entonces, el archipiélago ya había sido tomado el día cuatro por las fuerzas argentinas que, bajo las órdenes de un gobierno militar, reclamaban la soberanía del territorio austral.

Una vez instalado, Mora comenzó de inmediato con las incursiones, por allá lejos, mucho más allá de las posiciones defensivas.

"Teníamos la base en Puerto Argentino, pero las misiones eran donde nos mandaba la inteligencia. Íbamos y volvíamos todos los días. Algunas veces quedábamos aislados, en otras, internados en el dispositivo enemigo. Eran actividades nocturnas y de alto riesgo. Vivimos situaciones extremas".

Camboriú, Brasil. Décadas después. "¿Te duele algo, te pasa algo?". Es la mujer de Mora ante un suspiro alarmante de su marido, al borde de la playa.

En el horizonte se ven tres buques y Mora los mira fijamente. "Recordé esos tres barquitos una vez que íbamos a cruzar el estrecho San Carlos y el piloto bajó el helicóptero a tierra. Nos hicimos fuga hacia los costados. Había un barco inglés que nos podría haber "volteado". Son situaciones extremas que uno no las olvida nunca", explica desde Córdoba, donde es presidente de la ONG Fundación Veteranos de Guerra de las Malvinas.

-¿Usted tuvo entrenamiento de comando en terrenos tan adversos?

-Sí, claro, en el sur.

-Pero la guerra en Malvinas fue un desafío mayor...

-Seguro, porque en Argentina no teníamos experiencia de guerra más allá de la época de la Independencia. Y bueno, de pronto nos encontramos con una potencia y se hizo lo que se pudo a nivel de un país sudamericano. No nos vamos a comparar con la OTAN, Inglaterra o Estados Unidos.

Mora reconoce que volvió de Malvinas "con la derrota en los hombros". "Con angustia por la derrota, pero creo haber cumplido con mi patria y haberlo hecho con honor", dice.

-¿Qué misión recuerda más de la guerra contra Gran Bretaña?

-Tuvimos varios tipos de combates. Una vez por inteligencia nos dijeron que había tropas adelantadas. Salimos y nos encontramos con cuatro o cinco comandos del SAS (el servicio aéreo especial de Gran Bretaña). Fue en la madrugada, cuando intentamos cruzar un río pequeño. Allí, ellos abrieron fuego, pero nosotros éramos mayoría. El combate duró un rato. Su misión no era pelear, sino adelantar sus comandos. Luego huyeron. Dejaron mochilas, carpas, radios, y después fueron rescatados. Tuvimos dos heridos, uno en una pierna y el otro una pequeña esquirla de una bala explosiva, al parecer era eso.

Mora combatió hasta que cesaron las hostilidades, el 14 de junio. Luego, quedó prisionero por un mes. Los primeros días los pasó en Puerto Argentino y después lo trasladaron a San Carlos. Ahí estaban concentrados los prisioneros de guerra.

-¿Qué trato recibió de parte de los soldados británicos?

-Uno de los temas que tuvieron ellos fue la falta de provisión para darles de comer a 600 prisioneros, al punto que estuvimos casi ocho días sin comer absolutamente nada, sólo nos daban agua que purificaban en los barcos. El resto de los días, nos daban una sola comida. Yo conseguí un tarro, lo limpié con saliva y ahí me ponían la comida, y comía con los dedos. No teníamos ningún tipo de diferencia a lo que puede ser un prisionero de guerra de cualquier lado, con los apremios que, cuando no eran físicos, eran psicológicos.

-¿Cómo fue regresar a su país?

-Yo terminé mi carrera militar normal, hice cursos y me perfeccioné. Volví muy flaco, pesaba tan solo 57 kilos y tenía una gastritis erosiva. Pero al tiempo me recuperé. Seguí estando en la Escuela de Comandos y entrenando tropas. Salí del ejército a los 50 y tanto, ni tan viejo, pero tampoco un niño.

-¿Y ha visitado las islas?

-No, no he vuelto nunca. Los que éramos oficiales o suboficiales creo que no podíamos volver. Tampoco lo intenté, pero me hubiese gustado dar una vuelta, por qué no.

-¿Cómo fue el fin de la guerra?

-Fue un gran alivio. Sé que sólo participé un par de semanas, casi tres, pero de todas formas fue intenso. Sigue siendo una guerra, y las cosas que pasaron son difíciles de superar.

-Cuénteme de su viaje de vuelta.

-Fue el año pasado. Es un lugar maravilloso, diferente al de 1982. En las islas te hacen sentir muy bienvenido. Vuelas y te encuentras con que todos son británicos. Pero mi objetivo era encontrar el sitio donde se estrelló el A4 de Velasco.

-¿Cómo piensa conmemorar el aniversario de este conflicto?

-No lo voy a hacer. Ahora que conocí a mi amigo argentino, voy a hacer un par de entrevistas y no más. No me molesta hacerlo, pero me gusta la idea de poder desaparecer, y no ser una celebridad.

"Fue una guerra y lo que pasó es difícil de superar"

Leeds | El Mercurio/GDA

NEIL WILKINSON | BRITÁNICO

En aguas del Océano Atlántico. Abril de 1982. Neil Wilkinson era uno de los tres marinos a bordo del "HMS Intrepid", encargado de una de las baterías antiaéreas Bofor 40/60 mm del buque. Wilkinson no era el tirador, hacía labores de carga y otras tareas. El "HMS Intrepid" fue el último buque que zarpó desde Gran Bretaña rumbo a las islas Malvinas, en el marco de la operación visada por la primera ministra de ese entonces, Margaret Thatcher.

Como el viaje era largo, tuvo tiempo suficiente para practicar. Ponían barriles en el mar y les apuntaban mientras flotaban al vaivén de las olas. El último en intentarlo fue Wilkinson. Tras su tiro, el más certero entre sus compañeros, lo dejaron a cargo de disparar el cañón.

"Cuando dejamos Gran Bretaña, no creíamos que fuera a suceder algo. Decíamos, `vayamos allá abajo a ver qué tan lejos llegamos. Puede que ellos desaparezcan y tengamos que devolvernos a Inglaterra`", señala desde Leeds, donde vive tras retirarse del servicio en 1989.

"El ambiente se puso más serio al acercarnos al sur. A medida que navegábamos supimos que las cosas no iban a cambiar y que íbamos directo a la guerra. No sabíamos qué sucedería. Sólo rezábamos para que las cosas no fueran tan malas", recuerda el ahora exmilitar.

-¿Cómo fueron los días de combate en las islas Malvinas?

-Corría mucha adrenalina. Veíamos a los argentinos pasar en grupos de cuatro u ocho aviones, bombardeando posiciones o atacando directamente a los buques. Tuvimos un par de barcos seriamente dañados en los primeros días de combate.

-¿Qué impresión le dieron las fuerzas argentinas?

-Los pilotos eran muy valientes. Volaban sus aviones con precisión. Creo que algunos de ellos no estaban entrenados para las maniobras que hacían, al parecer esperaban más bombardeos sobre tierra, y no sobre buques. Pero la verdad es que eran muy buenos.

Córdoba, Argentina. Noviembre de 2011. Wilkinson se funde en un abrazo con el argentino Mariano Velasco. Por 25 años lo creía muerto, hasta que por un documental de TV supo que el entonces piloto de guerra del A4 Skyhawk, que él mismo había derribado gastándose una carga entera de su pieza Bofor, estaba vivo y residía en Argentina.

Velasco había sobrevivido eyectándose a último minuto, lo que nadie vio desde el "HMS Intrepid". El encuentro dio la vuelta al mundo, cuando en enero la BBC difundió la historia.

-¿Puede relatar lo que sucedió ese 27 de mayo de 1982?

-Era un día soleado. No había pasado nada hasta que sonó la alarma, a eso de las 16:30 horas. Nos informaron que un grupo de A4 Skyhawk venían entrando por sobre la isla Gran Malvina. Me puse tras mi batería y comencé a disparar hasta que mucho humo salió de la cola de uno de los aviones. Luego vimos una explosión sobre una colina.

Las aeronaves argentinas volaban apenas sobre el mar, y debido a la cantidad de buques que había en el Estrecho de San Carlos, era difícil para Wilkinson disparar sin darle a un barco amigo. Además, el cansancio era extremo. Hasta el día anterior, había pasado 31 horas seguidas en el puesto de combate. Con el Skyhawk de ese día, más un Mirage que derribó el 23 de mayo, Wilkinson regresó a Inglaterra al fin de la guerra con dos aviones enemigos abatidos por su gatillo.

Fue prisionero y volvió con 57 kilos

Llegó a las Malvinas en abril de 1982, apenas comenzada la guerra con Gran Bretaña por la soberanía de las islas. Era parte de la Compañía de Comandos 601, que estaba formada por oficiales y suboficiales con actitud de comando. Luchó durante casi dos meses hasta que fue atrapado por los ingleses. Permaneció 18 días como prisionero en condiciones infrahumanas. El 14 de julio de 1982, fecha que se marca como el fin de la guerra, volvió a Buenos Aires. Pesaba solo 57 kilos. Siguió con su carrera militar. Dice haberse curado de los "daños psicológicos".

El alivio de no haber matado

Neil Wilkinson fue uno de los primeros británicos en llegar a las islas en 1982 para pelear. Nunca pudo olvidar el conflicto, sobre todo aquello que pasó un día del mes de mayo, cuando iba a bordo del buque HMS Intrepid y dio en el blanco: el avión Shyhawk que piloteaba el teniente argentino Velasco -alias "Cobra"-. Hasta el año pasado creyó que estaba muerto, hasta que la BBC logró un reencuentro en Córdoba. "Pensé que estaba muerto, no hay manera de que alguien salga vivo de ese avión", admitió Wilkinson, feliz de no haber matado a su enemigo, algo que le causó traumas por varios años.

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