CLAUDIO FANTINI
No sólo en el autoritarismo la salud del líder es secreto de Estado. Reagan todavía ocupaba el Despacho Oval cuando se hicieron claros los síntomas del Alzheimer y el Palacio del Elíseo ocultó durante años el cáncer de próstata que sufría Mitterrand. No obstante, lo que es excepción en los sistemas institucionales es regla en los regímenes personalistas. Eso explica el hermetismo que rodea la salud de Chávez. También que sea tratado en Cuba cuando la oncología alcanzó un altísimo nivel en países como Brasil, Argentina y la mismísima Venezuela. Lo que Cuba garantiza mejor es, precisamente, el hermetismo sobre diagnóstico y pronóstico.
Que la totalidad del poder radique en un hombre y no en instituciones, explica también el absurdo de que, por segunda vez, Chávez haya llevado el cargo presidencial al quirófano, en lugar de delegarlo temporalmente en su vicepresidente. La primera magistratura de Venezuela entra a la sala de cirugía de otro país y queda bajo anestesia; algo institucionalmente desopilante, pero parte de la naturaleza misma de la hiperconcentración de poder.
Además, la concentración de poder se justifica en la visión que desarrolla Carl Schmitt en "El concepto de lo político". El planteo schmittiano de la política como inevitable enfrentamiento entre enemigos, provoca la tendencia a ocultar cualquier debilidad física de un gobernante, con el mismo celo con que oculta debilidades en la salud de un régimen. Concebir la política como una confrontación lleva inexorablemente a la manipulación informativa. También porque el conocimiento cabal sobre la fragilidad de un gobernante que totalice el poder, exacerba la lucha de facciones. Y la fragmentación facciosa es inherente al poder unipersonal, debido a que la estructura que sostiene al liderazgo no puede ser más fuerte que el liderazgo mismo.
Eso explica el hermetismo sobre la salud de Chávez. No sólo Venezuela; también los miembros del gobierno chavista deben ignorar la verdad sobre diagnóstico y pronóstico, cuando se trata de una enfermedad muy seria. El problema es que la visualización del hermetismo constituye, en sí misma, una señal de gravedad en el padecimiento del líder.
Hay pujas internas y externas. Por caso, China y Rusia quieren que, si Chávez tiene que dejar el poder, sea el canciller Nicolás Maduro quien lo reemplace, mientras que Cuba procura que, como los hermanos Castro, de haber un sucesor debe ser Adán Chávez, hermano mayor del presidente. Esto imposibilita las certezas sobre diagnósticos y pronósticos. Lo único que está claro es que, también en el manejo de la información sobre la salud de Chávez, el gobierno muestra síntomas de régimen.