La irresponsabilidad retórica de Kirchner

CLAUDIO FANTINI

Sean o no conscientes, los gobernantes y los líderes cumplen un rol docente por estar situados en una posición referencial.

Desde ese lugar, el ex presidente argentino Néstor Kirchner eligió la peor de las descalificaciones. Ese tipo de sentencia que descalifica más a quien la dice que a su destinatario. Dijo que la denuncia de corrupción que acaba de presentar en su contra Elisa Carrió, una de las mayores dirigentes opositoras, no le importa porque ella "es una fracasada".

Argentina escuchó al ex presidente y actual hombre fuerte del gobierno de su esposa, usar como argumento en contra de la dirigente opositora que "ha fracasado en todo".

Pudo acusarla de actuar con desmesura o de ser una denunciante compulsiva y mediática. Pero lo que hizo fue afirmar que Carrió jamás conoció el éxito.

Psicólogos y psicoanalistas debieron repudiar en coro semejante afirmación. Ellos saben los estragos que está provocando en el hombre contemporáneo la gravitación exorbitante de la disyuntiva éxito-fracaso. Saben de la masificación de la angustia, los ataques de pánico, las crisis depresivas y las fobias sociales que genera el temor al fracaso.

En una sociedad que se rige por un concepto de triunfo que sólo se mide en poder, fama y dinero, la atroz disyuntiva éxito-fracaso obra con un efecto devastador. Y se trata de una doble devastación porque es psíquica y moral.

El hombre siempre se ha representado el mundo y se ha organizado en torno a esa representación. Eso es lo que el epistemólogo norteamericano Thomas Kung explicó con el concepto "paradigma" y el filósofo francés Michel Foucault llama "episteme".

El paradigma greco-romano fue la mitología. En el Medioevo la teología (primero agustiniana y luego escolástica) se constituyó en episteme; mientras que el paradigma de la modernidad fue una trilogía: razón, progreso y futuro.

El sociólogo francés Michel Maffesoli sostiene que el paradigma posmoderno es una pura "voluntad de presente". El hombre del presente absoluto es un ser que no espera, lo que implica desesperar. La principal desesperación es la falsa convicción de que la existencia misma está ligada al éxito, en su concepción más banal.

Rosa Montero lo explica en su libro "La loca de la casa", diciendo que "en la sociedad mediática de hoy, el éxito no está relacionado con la gloria sino con la fama, y la fama es la versión más barata, inestable y artificial del triunfo".

Todo en la sociedad mediática actual se vuelve una insoportable presión en torno a la disyuntiva éxito-fracaso. Hasta los padres presionan a sus hijos en forma destructiva.

Por cierto, eso ocurrió siempre. Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig Van Beethoven fueron exprimidos por sus padres. La sordera del músico alemán devino de la golpiza que recibió a los nueve años por desafinar en un concierto. La diferencia es que ahora la presión paterna es por un éxito establecido desde esa "versión barata, inestable y artificial del triunfo".

Una interminable lista de ejemplos permitirían demostrar la acción ética y psíquicamente devastadora que entre jóvenes y adultos está teniendo el reinado absolutista de la atroz disyuntiva éxito-fracaso.

Por eso es grave que la descalificación a la que recurrió Kirchner contra Carrió no haya desatado un estupor generalizado. Alguien que está en el escenario referencial que implica el liderazgo no puede actuar con irresponsabilidad retórica.

Siempre es preferible que el debate no contenga descalificaciones, pero incluso en ese terreno, la que eligió Kirchner resulta frívola, cruel y socialmente irresponsable. Jamás debió contraatacar diciéndole "fracasada".

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