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La interna republicana se tensa en el nuevo Congreso de Estados Unidos

La segunda sesión de la 118 legislatura de la Cámara Baja de Estados Unidos transcurrió sin acuerdos para lograr una mayoría entre los congresistas republicanos.

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Kevin McCarthy del Partido Republicano de Estados Unidos
Kevin McCarthy del Partido Republicano de Estados Unidos.
Foto: AFP

Tras el histórico fracaso del Partido Republicano el martes al no lograr los votos suficientes para que su líder, Kevin McCarthy, fuera elegido como presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos tras tres votaciones, la sesión se reanudó ayer miércoles.

El fracaso se repitió en la cuarta, quinta y sexta votación, en las que, de nuevo, una veintena de sus diputados le siguieron dando la espalda.

Es una situación inédita en un siglo y paraliza el funcionamiento de la Cámara, que el martes dio comienzo a la 118 legislatura, y la sume en una situación caótica.

Al cierre de esta edición, la Cámara Baja había decidido aplazar la votación hasta última hora. Cada votación dura más de una hora, dado que se llama nominalmente a los representantes, hay discursos previos de nominación y un recuento oficial.

En los momentos previos al inicio de la sesión, medios estadounidenses señalaron que los partidarios de McCarthy, congresista por California de 57 años, se estaban planteando pedir un aplazamiento para no repetir el espectáculo del martes de tres derrotas consecutivas. Pero no contaban con los votos suficientes por la deserción de sus filas, de un grupo de diputados radicales del ala dura del partido.

Esa veintena de representantes ultras aprovechan la posición de fuerza que les da la precaria mayoría republicana salida de las urnas el pasado 8 de noviembre.

La sesión de ayer se puso en marcha con la nominación de los candidatos. A la propuesta de McCarthy y la del líder demócrata, Hakeem Jeffries, se unió esta vez un tercer candidato, Byron Donalds, presentado por el autodenominado Freedom Caucus (Grupo de la Libertad), que lidera a los representantes republicanos que se oponen a la elección de McCarthy.

Donalds agrupó los votos del ala ultra y ha frustrado por sexta vez la elección del speaker. El ala dura ha ido cambiando de candidato: lo que quieren es simplemente que no gane McCarthy.

McCarthy necesita lograr la mayoría de quienes tomen parte en la votación. En el supuesto de que los 434 representantes participen, eso son 218 votos, pero los republicanos cuentan con solo 222 escaños.

El candidato solo puede permitirse la deserción, por tanto, de cuatro miembros de su grupo, pero 20 han votado este miércoles por Donalds y uno ha dicho “presente”, que es una forma de abstenerse. McCarthy, en consecuencia, perdió otro voto.

Jeffries, por su parte, volvió a recibir por sexta vez consecutiva los 212 votos de su partido.

La votación debe repetirse una y otra vez hasta que McCarthy o cualquier otro alcance esa mayoría, pero de momento ni el candidato republicano quiere retirarse ni los ultras ceden en el boicoteo a su elección.

Con las votaciones en marcha no hay, además, apenas margen para la negociación, de modo que no se ve cerca la opción de desbloqueo.

Apoyo de Trump

El récord es de 133 rondas en 1855, lo que supuso un bloqueo de dos meses en la actividad parlamentaria. La última vez que la mayoría no eligió al presidente en primera votación fue en 1923, hace justo un siglo.

De nada sirvió la llamada del expresidente Donald Trump a apoyar a McCarthy.

“Es hora de que todos nuestros grandes miembros republicanos de la Cámara voten por Kevin, cierren el trato y logren la victoria”, publicó Trump en la red social Truth ayer por la mañana. “Republicanos, no conviertan un gran triunfo en una gigantesca y vergonzosa derrota”, agregó.

Parte del ala ultra de los republicanos considera que McCarthy no es suficientemente leal a Trump. Y eso que McCarthy desafió una cita de la comisión parlamentaria que investigó el asalto de simpatizantes de Trump al Capitolio en 2021, y prometió a los recalcitrantes que abrirá investigaciones sobre la familia y el gobierno del presidente Joe Biden, así como sobre el FBI y la CIA.

Entre otras concesiones, McCarthy admitió que estaría de acuerdo con que se pueda instar un voto de censura para destituirlo con solo cinco firmas (los “rebeldes” republicanos piden que baste con una).

También acepta prohibir en el nuevo reglamento de la Cámara el voto o la participación a distancia en las comisiones, y eliminar los detectores de metales que ordenó instalar la expresidenta de la Cámara, la demócrata Nancy Pelosi, después del asalto al Capitolio para impedir el acceso con armas al recinto.

También ha propuesto endurecer las normas sobre autorización de gasto al gobierno federal. Además, acepta conceder un mínimo de 72 horas desde que una proposición de ley se plantea hasta que se somete al plenario. Pero para los rebeldes, de momento, todo eso es insuficiente.

Otro problema que enfrenta McCarthy es que tampoco puede hacer concesiones que lo pongan en contra de los más moderados del partido, cuyo voto también necesita.

En tanto, Biden afirmó ayer que la dificultad de los republicanos para elegir al presidente de la Cámara de Representantes es “vergonzosa”.

Al hablar con periodistas antes de viajar al estado de Kentucky (sureste), Biden sostuvo que el “resto del mundo” observa la situación en el Congreso, y que él sigue centrado en “hacer cosas”.

Por ahora, sigue reinando la incertidumbre.

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El líder que dejó al descubierto la honda división de los conservadores

El legislador por Bakersfield, un bastión republicano de 400.000 habitantes a 180 kilómetros al norte de Los Ángeles, hizo historia al convertirse en el protagonista de la primera vez desde 1923 que la mayoría de la Cámara Baja de Estados Unidos no logra elegir en primera votación a su presidente.

El fiasco de Kevin McCarthy ha confirmado ante los ojos de todos la desunión que reina en el partido de Donald Trump. El expresidente fue uno de los primeros en respaldar a McCarthy, quien llegó a Washington en 2007. Lo hizo desde la noche electoral en la que no llegó la esperada ola roja, pero bastó para dar a los conservadores el control para los próximos dos años de la Cámara Baja.

Antes de saltar a la política, McCarthy vivió la vida de un joven estadounidense promedio. Su padre era el subjefe de bomberos en Bakersfield, una localidad petrolera y agrícola. Su madre, ama de casa.

A pesar de crecer en una familia de tendencia demócrata, McCarthy conoció hacia el final de su carrera al legislador republicano Bill Thomas, que lo contrató como becario y después lo integró en su equipo. Thomas fue una de las figuras políticas más importantes para McCarthy, quien trabajó con él durante 15 años. De él aprendió los credos básicos que seducen a la base conservadora: un Estado pequeño, pocos impuestos y, ante todo, el libre mercado.

En base a AFP, EFE y El País de Madrid

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