DECISIÓN HISTÓRICA

Juicio a Trump promete dura batalla política

El juicio político propiamente dicho se celebra en el Senado y legalmente comenzó el jueves con la recepción formal de las acusaciones contra Trump.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: AFP
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, afirma que el juicio es una farsa. Foto: AFP

Ante la expectativa del mundo, la maquinaria para iniciar en el Senado un juicio político al presidente de Estados Unidos, Donald Trump -el líder de Occidente- se ha puesto ya en marcha, en un proceso complejo lleno de trámites y detalles donde cada pequeño paso es histórico, ya que solo otros dos jefes de Estado se han enfrentado a lo que se conoce en inglés como impeachment.

El jueves pasado, comenzó el juicio político en el Senado, en función de lo que establece la Constitución, con la presentación de las acusaciones por parte de los diputados que ofician de fiscales. Pero, el “juicio de veras” -como dijo el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell- comienza el próximo martes, a las 15:00 horas de Uruguay.

La hoja de ruta de lo que ha pasado, está pasando y pasará en este hecho histórico tiene varias etapas, de las cuales algunas ya se cumplieron y las cruciales están por concretarse.

Largan.

Los resortes para enjuiciar políticamente a Trump saltaron en septiembre pasado cuando la presidenta de la Cámara Baja, la demócrata Nancy Pelosi, anunció el inicio de una investigación de los legisladores al mandatario, después de la queja de un informante a la Inteligencia del país sobre una llamada telefónica el 25 de julio entre Trump y su par de Ucrania, Volodimir Zelenski.

En esa conversación, Trump pidió a Zelenski que abriera pesquisas contra su rival político y exvicepresidente Joe Biden, actual precandidato demócrata a las elecciones de este año, y a su hijo Hunter, por presunta corrupción en Ucrania. Joe Biden puede ser el rival de Trump en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre de este año.

Según la oposición demócrata, Trump condicionó la entrega de casi 400 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania y también la programación de una reunión con Zelenski en la Casa Blanca a su exigencia de que Kiev anunciara que planeaba investigar a Biden.

Investigan.

Durante meses, varios comités de la Cámara Baja, controlada por los demócratas, desarrollaron una investigación para abrir un juicio político a Trump y escucharon el testimonio, tanto a puerta cerrada como en público, de varios testigos.

Fue el Comité Judicial de ese hemiciclo el encargado de evaluar si había pruebas y base jurídica suficiente para abrir el proceso de destitución y de redactar los cargos contra Trump, de abuso de poder y obstrucción al Congreso, que más tarde aprobó.

Las acusaciones, denominadas artículos del juicio político, fueron enviadas al pleno de la Cámara Baja, donde fueron aprobadas en una votación el pasado 18 de diciembre.

La Cámara de Representantes respaldó con 229 votos a favor, 198 en contra y una abstención la imputación del cargo político de obstrucción al Congreso, mientras que el de abuso de poder salió adelante con 230 apoyos frente a 197 votos en contra y una abstención.

El sargento de armas, Paul Irving conduce a los diputados hacia la sala del Senado. Foto: AFP.
El sargento de armas, Paul Irving conduce a los diputados hacia la sala del Senado. Foto: AFP.

Desde entonces, Pelosi ha retenido los cargos con el argumento de que quería antes obtener garantías de que los republicanos del Senado convocarían nuevos testigos en el juicio político, entre ellos dos que los demócratas consideran claves: el ex asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton y el secretario de la Presidencia, Mick Mulvaney.

Finalmente, la presidenta la Cámara Baja decidió dar un paso y, el miércoles último convocó el pleno para elegir a siete legisladores, propuestos por ella misma, que harán de fiscales en el juicio político y que han entregado los cargos contra Trump al Senado.

El primer intento de juicio fue en 1843

El primer esfuerzo formal para someter a juicio político a un presidente ocurrió en 1843, cuando un diputado presentó una resolución mediante la cual solicitaba se investigara al presidente John Tyler por “el abuso arbitrario, despótico y corrupto del poder de veto”. Tyler rechazó dos proyectos de ley de aranceles que respaldó su propio Partido Whig. Pero, el juicio no llegó a presentarse al Senado porque la Cámara de Representantes rechazó el pedido por 127 a 83 votos.

En los 244 años de vida independiente de Estados Unidos se han realizado tres juicios políticos, incluido el de Donald Trump.

1. Andrew Johnson en 1868. El impulso del presidente demócrata Andrew Johnson para la reconstrucción después de la Guerra Civil, incluso mediante la reintegración de los estados del sur a la Unión, lo puso en conflicto con el Congreso, que vetó toda su legislación, incluidos los “Códigos Negros”, leyes racistas votadas por representantes del Sur. El 24 de febrero de 1868, la Cámara de Representantes votó 11 artículos para el juicio político, en particular por su intento de destituir al Secretario de Guerra, designado por el Senado. Después de un largo juicio, al Senado le faltó un voto para llegar a la mayoría de dos tercios requerida para la destitución del mandatario.

2. Richard Nixon en 1974. Durante la campaña de reelección del presidente republicano Richard Nixon en 1972, intrusos ingresaron a la sede del Partido Demócrata en el edificio Watergate en Washington para robar documentos. La operación fue un fracaso, los ladrones resultaron atrapados y el escándalo fue revelado por una investigación de The Washington Post. Nixon intentó encubrir su participación. El explosivo caso derivó en un pedido de juicio político, pero al tener conocimiento que solo lo apoyaban cuatro senadores, Nixon renunció el 9 de agosto.

3. Bill Clinton en 1999. El presidente demócrata Bill Clinton negó bajo juramento una relación sexual con Monica Lewinsky, una exbecaria de la Casa Blanca de casi la mitad de su edad. Primero, Lewinsky también negó cualquier relación inapropiada, pero luego los dos terminaron admitiéndola. Esto derivó en un juicio político por mentir bajo juramento y tratar de ocultar la relación. El 12 de febrero de 1999, los 45 senadores demócratas estuvieron unidos contra los 55 republicanos y fracasó el intento de destituirlo.

(Con información de The New YorTimes y AFP)

Ahora, el Senado. 

El juicio político propiamente dicho se celebra en el Senado y legalmente comenzó el jueves con la recepción formal de las acusaciones contra Trump.

Durante la jornada de ese día, los “fiscales”, conocidos en inglés como impeachment managers, leyeron las acusaciones ante los senadores.

Básicamente los procedimientos que ahora se desarrollan en la Cámara Alta son los preparativos para el juicio político que en los hechos se iniciará el martes. El jueves, los 100 senadores han prestado juramento como miembros del “jurado” del proceso y el presidente de la Suprema Corte de Justicia, el prestigioso juez John G. Roberts, lo ha hecho como jefe de la Cámara Alta, en sustitución del vicepresidente Mike Pence, durante el juicio político.

Acto final.

Todavía se desconoce el calendario exacto del juicio político, con excepción de que realmente comienza el martes, y cuánto durará. Durante ese tiempo, el “jurado”, es decir, los senadores, tendrá que escuchar los argumentos de los “fiscales” y de la defensa, en este caso de los abogados del presidente Trump.

Tampoco se sabe si durante el proceso se llamará a nuevos testigos o se aportarán nuevos documentos, como piden los demócratas.

En ese sentido hay un enfrentamiento de los demócratas con McConnell. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer -un político sagaz de larga trayectoria- retificó que quiere que se cite a declarar, entre otros a Mulvaney y Bolton, así como se introduzcan nuevos documentos que comprometen a Trump y demuestran que éste hizo retener la ayuda militar destinada a Ucrania.

Schumer sostiene que la oposición de los republicanos a agregar testigos y documentos obedece a que saben que el presidente es culpable porque actuó en violación de la Constitución y puso en riesgo la seguridad nacional.

McConnell rechaza esa posibilidad y afirma que es deber de la Cámara de Representantes y no del Senado recoger todos los testimonios que estime necesarios, así como reunir la documentación pertinente. Enfatiza que la postura de Schumer y el resto de los demócratas confirma el trabajo “pobre y desprolijo” que hicieron los diputados de ese partido, quienes promueven por primera vez un juicio en el que no existe ninguna acusación con fundamento.

El presidente Trump no tiene obligación de comparecer durante el juicio político.

A lo largo del proceso, los senadores escuchan los argumentos, al igual que hace un jurado habitual. Si tienen dudas, pueden enviar sus preguntas por escrito para que sean formuladas por el presidente del Senado.

Juicio a Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: AFP.
Juicio a Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: AFP.

Decisión. 

Después de que cada parte exponga sus argumentos finales, comienzan las deliberaciones en una sesión a puerta cerrada y cuando acaban, el Senado vota en público y por separado cada cargo.

Se necesitan dos tercios de la cámara para declarar culpable al presidente y, si no, sería exonerado.

La destitución del presidente requiere ser votada por 67 senadores. Los demócratas solo tienen 47 votos.

Los republicanos tienen la mayoría en el Senado con 53 de los 100 escaños. De manera que el juicio político contra Trump solo podría acabar en su destitución si una veintena de senadores republicanos cambiaran de bando y votaran con los demócratas, algo que de momento parece poco probable.

Hasta ahora, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, los legisladores del Partido Republicano muestran sólido respaldo al presidente Trump.

Pero, tanto Pelosi como Schumer confían en poder convencer a suficiente número de republicanos para que abandonen al mandatario y apoyen su destitución. La misión, por cierto, es muy difícil, ya que la oposición actúa en función partidaria, lo que está reñido con lo que señalaron los padres fundadores de Estados Unidos cuando incluyeron el juicio político en la Constitución. Las figuras históricas del país señalaron que los senadores deben actuar con imparcialidad -fue el juramento que les tomó el jueves el Presidente de la Suprema Corte- al analizar los testimonios y pruebas, así como al votar.

El senador tranquilo y con más poder

Entre los cien senadores que se convirtieron en jurado del juicio político al presidente Donald Trump, hay uno con un poder extraordinario para moldear el proceso: Mitch McConnell es el árbitro que regulará hasta dónde se llega.

El líder republicano en el Senado, de 77 años, -casado con la actual secretaria de Transporte, Elaine Chao- llevará la voz cantante a la hora de decidir si el Senado convoca nuevos testigos o exige más documentos para investigar a fondo.

Pero McConnell, un imperturbable estratega cuyo pragmatismo se ha convertido en un valioso mecanismo para los republicanos en la era Trump, ha dejado claro que no será un “miembro imparcial del jurado”, como exige la presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi. “No tengo más remedio que permitir (que ocurra el juicio político), pero espero que dure bastante poco, y mantendré una coordinación total con la Casa Blanca y con quienes representan al presidente”, dijo McConnell durante una entrevista con la cadena Fox News.

Aunque el proceso contra Trump es político y por tanto no es realista esperar que los senadores actúen como un jurado imparcial, McConnell parece poco dispuesto a permitir que los “fiscales” demócratas de la Cámara Baja exploren en profundidad el caso.

El líder republicano más veterano de la historia del Senado, con trece años en ese papel y un total de 35 como senador, se juega además en este juicio político su propia supervivencia en la Cámara Alta: en noviembre competirá por la reelección contra una exmarine demócrata que promete darle guerra en su estado, Kentucky.

Pocos esperan que McConnell pierda su escaño, pero la popularidad de Trump en Kentucky promete influir en su labor durante el juicio político, en el sentido de comulgar con el dogma de una Casa Blanca que tacha el proceso de “farsa” y dejar poco margen de influencia a los escasos republicanos que se lo toman en serio. (Con información de EFE)

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