CIUDAD DE VATICANO | AP, AFP y ANSA
El papa Benedicto XVI beatificó ayer a su antecesor, Juan Pablo II, ante un millón y medio de personas que llenaron la Plaza de San Pedro y las calles aledañas, en un festejo jubiloso que acercó al amado pontífice a una posible canonización.
Benedicto XVI, que llevaba la casulla y la mitra de Juan Pablo II, pronunció la fórmula en latín a través de la cual elevó a la gloria de los altares a su predecesor, con quien colaboró durante 23 años.
"Concedemos que el venerado Siervo de Dios Juan Pablo II, papa, sea de ahora en adelante llamado beato", proclamó Joseph Ratzinger. Un prolongado aplauso y el pedido -como en el día de los funerales- de "Santo súbito" (Santo ya) estallaron en la plaza.
Un tapiz con una inmensa fotografía de 1995 de Karol Wojtyla, fue descubierto en el balcón central de la Basílica de San Pedro, el de las Bendiciones, en el momento de la beatificación.
"Percibíamos el perfume de su santidad", reconoció durante su homilía Benedicto XVI, quien elogió "la fuerza de un gigante" que logró "invertir" la tendencia de "la sociedad, la cultura y los sistemas políticos y económicos" a abandonar el cristianismo.
Benedicto XVI, junto con numerosos cardenales de todo el mundo y con que el fue uno de los secretarios de Juan Pablo II, Mieczslaw Mokrzycki, ofició la solemne misa. La fiesta del nuevo beato, confirmó el papa, será el 22 de octubre, en el aniversario de la elección de Wojtyla al pontificado, en 1978.
Luego de la proclamación se escuchó el Himno del Beato Juan Pablo II, con un texto que remite a las palabras de su pontificado: "¡No tengan miedo! ¡Abran las puertas a Cristo!"
Éste fue entonado mientras se descubría el gran tapiz dedicado al beato y mientras la monja Tobiana, que durante 27 años sirvió en el departamento papal, y la hermana Marie Simon-Pierre, cuya cura milagrosa del mal de Parkinson abrió el camino a la beatificación de Wojtyla, portaban las reliquias con la sangre del papa polaco.
La música del himno, de monseñor Marco Frisina, resonó en la plaza San Pedro mientras se agitaban las banderas y los fieles expresaban profunda emoción.
El actual papa, al finalizar la ceremonia -que se desarrolló bajo un tibio sol, pese a los pronósticos meteorológicos que indicaban mal tiempo-, ingresó en la basílica vaticana y se arrodilló en recogimiento ante el féretro que contiene los restos mortales de Wojtyla, colocado frente al altar mayor.
La beatificación del papa polaco, quien falleció el 2 de abril de 2005, a los 84 años y tras una larga enfermedad que los fieles siguieron con preocupación en todo el mundo, es el paso previo a la canonización.
El nuevo beato, uno de los papas que más tiempo ocupó el trono de Pedro, cambió la imagen de la Iglesia en casi 27 años de pontificado.
Ante una multitud. Romanos y residentes de varias ciudades del mundo desbordaron ayer la Plaza de San Pedro. También lo hicieron figuras de distintos países. Los príncipes herederos de España, Felipe y Letizia, junto con el premier italiano Silvio Berlusconi, el presidente mexicano Felipe Calderón, el líder del sindicato Solidaridad y expresidente polaco Lech Walesa, así como el presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, estaban entre los presentes.
Antes de la misa reinaba un ambiente de fiesta: monjas sentadas en círculo tocaban guitarras y cantaban himnos, hombres alzaban a sus niños sobre sus hombros para que pudieran ver sobre las cabezas de la multitud y grupos de jóvenes católicos agitaban banderas de Argentina, Polonia, Francia y Gran Bretaña, entre otros.
Las puertas de la basílica permanecerán abiertas hasta "el último peregrino", indicó la Santa Sede, lo que debía ocurrir al amanecer. Unas 280 personas sufrieron malestares y desmayos. El cardenal español Agustín García Gasco Vicente, de 80 años, exarzobispo de Valencia, falleció de un infarto poco antes de la ceremonia.
La sepultura definitiva de los restos de Juan Pablo II se realizará sucesivamente en forma privada en la basílica de San Pedro, en la capilla de San Sebastián, al lado de la capilla en donde se encuentra la estatua La Piedad de Miguel Ángel, en el ala derecha del templo.
"Hace seis años en esta plaza ya aleteaba el perfume de su santidad".
"Desde la curación mi vida es normal"
El testimonio de la monja francesa que padecía Parkinson
Una de las dos monjas que llevaron la reliquia de la sangre del beato Juan Pablo II fue sor Marie Simon-Pierre, la hermana francesa que fue curada de Parkinson por su intercesión. El sábado de noche, en una vigilia en el Circo Máximo, relató su curación de la enfermedad que sufría desde 2001. "Los signos clínicos empeoraron en las semanas después de la muerte de Juan Pablo II", comentó.
En su testimonio entregado al Vaticano cuando presentó su curación, la hermana relató: "El 1° de junio ya no podía más, luchaba por mantenerme de pie y caminar. El 2, por la tarde, fui a buscar a mi superiora para pedirle si podía dejar el trabajo. Ella me animó a resistir aún un poco más hasta mi vuelta de Lourdes, en agosto, y añadió: `Juan Pablo II no ha dicho aún su última palabra`".
"Esa noche me desperté a las 4:30 sorprendida de haber podido dormir y de un salto me levanté de la cama: mi cuerpo ya no estaba insensible, rígido, e interiormente no era la misma (...). Tenía que recorrer cerca de 50 metros y en aquel mismo momento me di cuenta de que, mientras caminaba, mi brazo izquierdo se movía, no permanecía inmóvil junto al cuerpo. Sentía también una ligereza y agilidad física que no sentía desde hacía tiempo".
El sábado precisó: "Hace 6 años que no tomo medicamentos. Desde mi curación mi vida es normal (...). Lo que el Señor me ha hecho vivir a través de la intercesión de Juan Pablo II es un gran misterio difícil de explicar con palabras".
Wojtyla será santo "dentro de unos años"
El papa Juan Pablo II, podría ser canonizado "dentro de unos años", declaró ayer el número dos del Vaticano, el cardenal Tarciso Bertone en una entrevista a la televisión italiana.
Preguntado por el canal RAI sobre una eventual canonización del papa polaco, el cardenal Bertone respondió: "Bastará con un milagro científicamente demostrado y juzgado como tal (una curación), considerada inexplicable desde el punto de vista científico por la comisión médica, la comisión teológica y los cardenales y obispos miembros de la Congregación por la Causa de los Santos".
"Así que yo diría ciertamente que dentro de unos años" podría ser canonizado, agregó el secretario de Estado del Vaticano entrevistado para un programa de televisión que debía ser emitido ayer por la noche.
Por la mañana, en cuanto se oyó la fórmula de beatificación pronunciada en polaco por Benedicto XVI, se alzaron voces en la plaza San Pedro que gritaban "Santo Subito" (santo de inmediato), repitiendo una petición clamada por numerosos fieles durante los funerales de Karol Wojtyla en abril de 2005.
El proceso de beatificación se llevó a cabo de forma acelerada, sólo seis años después de su muerte. En 2000 años de historia, sólo una decena de papas fueron declarados beatos. AFP
¿CÓMO SE LLEGA A SER BEATO?
La beatificación es el paso previo a la canonización, que es cuando la Iglesia declara que una persona vivió de modo heroico las virtudes cristianas y es santa. El proceso comienza con la citación de testigos para que den fe de cómo vivía, ya se trate de testimonios positivos o negativos. Desde ese momento el candidato es llamado "siervo de Dios". En Roma se analiza todo lo que haya escrito esa persona y se investiga si no hay "nada reprochable" de ella en las actas del Vaticano. Un abogado asume la causa y la defiende con pruebas que justifiquen un examen de cómo vivió la persona, frente al promotor de la fe, una especie de "abogado del diablo" que retruca sus argumentos. Con un informe de esto, el Papa habilita el inicio propiamente dicho del proceso. Se vuelve a citar testigos para que digan cómo vivió y se redacta un exhaustivo informe. La Iglesia espera una confirmación de que esa persona está en el cielo y exige un milagro atribuido a su intercesión. Una vez que esto se comprueba, los cardenales y el Papa deciden beatificarlo. Para que el beato sea declarado santo se exige un segundo milagro atribuido a su intercesión.