Italia: volvió a temblar la tierra y hubo pánico

Sismo. Los movimientos no interrumpieron las tareas de rescate. Hay 235 muertos

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ROMA | EL PAÍS DE MADRID Y AFP

"Papá, todo el mundo tiene que morir alguna vez". Esto fue lo único que alcanzó a decir Maria Paola antes de que el techo le cayera encima. A pocos metros murió su hermano mientras su padre, Giustino Parisse, luchaba por liberarlo de los escombros.

Giustino se fundió en un largo abrazo con su colega y amigo Lorenzo Colantonio; se secó las lágrimas y le dijo: "Ahora yo estoy del otro lado. Tú haz tu trabajo". Giustino, de 50 años, iba a ser por primera vez parte de la crónica del periódico regional Il Centro, del que es vicedirector junto a Colantonio. Llevaba dos meses consultando la página de Internet del Instituto Geofísico Militar, digiriendo las informaciones sobre si los temblores de tierra que sufría la comarca serían o no precursores de mayores sismos. Y de pronto, a las 3.30 de la madrugada del lunes, en su casa del pueblo de Onna, se abrió la tierra y murieron su hijo, Domenico, y su hija Maria Paola, de 18 y 16 años. Su padre, de nombre también Domenico, de 75 años, falleció en otra casa; y su madre se debate aún entre la vida y la muerte.

Giustino repite entre lágrimas a su compañero que vio cómo morían sus dos hijos y que no pudo hacer nada por ellos. La casa se los tragó y quedaron indemnes él y su esposa Dina Sette. La joven Maria Paola consiguió reunir en un segundo la lucidez, los reflejos y la madurez suficientes para despedirse de esta vida consolando a su padre. "Sólo tuvo tiempo de decirme: `Papá, todo el mundo tiene que morir alguna vez`, y el techo se le cayó encima". Una hora después, Giustino escuchó a su hijo Domenico pedir ayuda. Estaba enterrado bajo 10 metros de escombro. "Giustino luchó como un león contra una enorme pieza de cemento", relató su amigo Lorenzo Colantonio, en la crónica que publicó ayer en el diario en el que ambos trabajan.

Repetidas y, a veces, violentas sacudidas marcaron ayer el ritmo del frenético y angustioso día después del terremoto que golpeó el centro de Italia en la madrugada del lunes. Los escombros siguieron devolviendo cuerpos atrapados a los equipos de rescate, y el número de víctimas mortales se elevó a 235. Al menos 15 personas permanecían desaparecidas ayer. La argentina Andrea Pasamonti, su beba de cinco meses y su marido están entre los muertos.

Silvio Berlusconi viajó nuevamente a L`Aquila, la capital más cercana al epicentro, y prometió reconstruir con la máxima rapidez posible la zona afectada. "Las labores de construcción empezarán en cuanto las condiciones las permitan. Los ciudadanos ya pueden reservar su plaza", dijo.

Poco antes de que Berlusconi hablara, una sacudida de 4,7 grados de la escala Richter inyectó nuevas dosis de pánico entre los vecinos de la zona. El pánico, como el temblor, se propagó y adquirió rasgos de psicosis. Durante toda la tarde, en varias localidades de la región de Abruzzo, multitud de vecinos abandonaron sus casas y, en la ciudad de Teramo, un hospital estuvo a punto de ser desalojado antes de que se desmintiera una falsa alarma.

L`Aquila y sus exhaustos vecinos trataban mientras tanto de resistir a los nuevos temblores -uno de los cuales de cinco grados Richter fue percibido también en Roma- que amenazaban los muchos inmuebles en precario equilibrio. Tres edificios públicos constituyen el ícono de la tragedia de L`Aquila: la Prefectura, que quedó destrozada; la residencia para estudiantes universitarios, que se tragó la vida de una decena de veinteañeros, y el hospital San Salvatore, que quedó casi inutilizable, dificultando la atención de los heridos.

Berlusconi, que rechazó la ayuda de emergencia ofrecida por más de una treintena de países, anunció que sí aceptará asistencia, en particular de EE.UU., para la reconstrucción y restauración del inmenso patrimonio artístico perdido, entre monumentos, frescos, iglesias góticas y barrocas.

L`Aquila, abandonada por la mayor parte de sus 70.000 habitantes, se encuentra sin agua y luz y sólo funcionan algunos baños de emergencia instalados por los bomberos, que en la noche continuaron con las tareas de rescate. Una joven de 21 años que llevaba 42 horas entre las ruinas fue la última en ser descubierta. Pero el caso más excepcional fue el de María D`Antuono, una mujer de 98 años que sobrevivió a dos guerras mundiales y varios sismos y que fue hallada, viva y en buen estado, en su cama, donde había quedado atrapada. "¿Cómo pasó las 30 largas horas?", le preguntaron. "Tejiendo al crochet", respondió la mujer.

El terrible saldo de la tragedia

El último saldo de víctimas difundido por medios italianos y elaborado en consulta con los hospitales de la región daba cuenta de 235 muertos. El peor terremoto de los últimos 30 años causó también 1.000 heridos, 100 de ellos de gravedad, según el saldo difundido por el jefe de gobierno italiano Silvio Berlusconi en L`Aquila. Berlusconi garantizó que los siete mil hombres movilizados para la operación de rescate continuarían sus tareas al menos 48 horas más, "hasta que tengamos la seguridad de que no hay nadie más vivo bajo los escombros". Hasta el momento, unas 150 personas fueron rescatadas vivas de los escombros. Las autoridades instalaron tiendas de campaña en campos de fútbol, gimnasios y cuarteles para albergar a unas 15.000 personas. El centro de coordinación de socorros revisó a la baja la cifra de quienes perdieron sus hogares, ubicándola en 17.000 personas y no en 70.000 como se había dicho inicialmente. El servicio de defensa civil calcula que más de 10.000 casas y edificios sufrieron daños.

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