CLAUDIO FANTINI
Puede el Nobel obligar a Obama a retirarse del conflicto afgano? ¿Acaso no planteó desde las primarias que la guerra de Irak es inútil y resta fuerzas donde es necesaria: Afganistán? ¿Dejar el poder al alcance de los talibanes y Al Qaeda, es un aporte a la paz mundial?
En suma ¿por qué hay tanta crítica al premio recibido por el presidente norteamericano?
El Nobel de la Paz siempre dividió aguas, salvo en casos de organizaciones como la Cruz Roja, Acnur o Médicos Sin Fronteras, y de líderes incuestionables como Martin Luther King por luchar por los derechos civiles; Andrei Sajarov por enfrentar el totalitarismo soviético; Aung San Suu Kyi por resistir la dictadura birmana; Rigoberta Menchú por denunciar limpieza étnica en Guatemala; John Hume y David Trimble por acercar a católicos y protestantes del Ulster, y Nelson Mandela por derrotar el apartheid.
Muchos casos fueron criticados por fracasos posteriores de las iniciativas distinguidas; otros por manchas de violencia en el pasado de los premiados y también están quienes, tras recibir el premio, desataron guerras inadmisibles o cometieron brutalidades.
Ejemplo del primer rubro es Woodrow Wilson, distinguido por impulsar el Tratado de Versalles y la Sociedad de Naciones, instrumentos cuyo fracaso derivó en la Segunda Guerra Mundial. También Willy Brandt, cuya premiada "Ostpolitik" aportó menos al acercamiento entre Este y Oeste que al espionaje comunista.
A la lista de premiados con pasado belicoso la encabeza Theodor Roosevelt, distinguido en 1906 por gestionar el fin de la guerra ruso-japonesa (que en realidad terminó por el triunfo nipón en la batalla de Tsushima) y por impulsar el Tribunal de Arbitraje de La Haya, a pesar de haber sido quien pregonó la política del "garrote", fogoneó la guerra contra España y masacró filipinos durante una rebelión.
También figuran Anuar el-Sadat, iniciador de la guerra de 1973, y Menajem Beguin, quien había liderado el Irgum, una organización vinculada a muchos actos terroristas.
Otra variante de pasado turbio es Kofi Annan, premiado a pesar de que, como responsable de ONU en África, había ignorado las señales que preanunciaban el genocidio de Ruanda.
Ejemplo de premios cuestionados posteriormente son Henry Kissinger y Le Duc Tho. Ambos fueron distinguidos por el fin a la guerra de Vietnam, pero a renglón seguido el asesor de Nixon alentó el cruento golpe de Pinochet y consintió el Plan Cóndor; mientras que el vocero de Hanoi fue jerarca del régimen que ejecutó miles de disidentes y colmó sus cárceles de presos políticos sometidos a torturas y vejámenes.
En la historia de un premio con semejantes antecedentes ¿por qué generó tanto revuelo la decisión de distinguir a Obama?
Su pasado no tiene guerras ni violencia, sino un voluntariado social en Chicago y una senaduría desde donde se opuso a la invasión de Irak. Y ni bien entró a la Casa Blanca sepultó la doctrina de la guerra preventiva y el unilateralismo, prohibió cualquier forma de tortura, encaminó el cierre de la cárcel de Guantánamo, promovió la diplomacia, dio los primeros pasos para la retirada de Irak, propuso medidas contra el calentamiento global, impulsó recortes de armas nucleares y canceló el proyecto de escudo antimisles con base en Polonia y República Checa para distender la relación con Rusia.
La principal crítica es que nueve meses de gobierno es poco tiempo para distinguir a un mandatario. En realidad, nueve meses es un tiempo récord para haber dado tantos pasos en direcciones positivas.