MANCHESTER EFE Y AFP
Tras años de larga espera, el ministro británico de Economía, Gordon Brown, asumió ayer a la cabeza del oficialista Partido Laborista y el miércoles tomará el cargo del premier renunciante Tony Blair.
En un congreso extraordinario celebrado en Manchester, feudo laborista en el norte de Inglaterra, Brown recibió el testigo del liderazgo del propio Blair, quien, tras acaparar durante años el protagonismo, se limitó ayer a hacer de "telonero" del nuevo "hombre fuerte".
Recibido por los delegados con una cerrada ovación, Blair subió al estrado y presentó a su "amigo durante veinte años".
"Sé que dará lo mejor por el país. Dad la bienvenida al nuevo líder del Partido Laborista", dijo el aún jefe del Gobierno, al subrayar que Brown reúne las cualidades para ser "un gran primer ministro", cargo que asumirá oficialmente el próximo miércoles.
Brown, de 56 años y ministro de Finanzas desde hace diez, era el único candidato a este puesto, ocupado desde julio de 1994 por Blair.
El futuro primer ministro prometió aprender de las lecciones de Irak e insistió en la necesidad de una "respuesta multilateral fuerte" con Europa y Estados Unidos para hacer frente a los desafíos de la seguridad.
En Irak, Afganistán y Oriente Medio "respetaremos nuestras obligaciones internacionales", dijo Brown, quien excluyó una rápida retirada de las tropas británicas del territorio iraquí.
Antes de entrar en detalles sobre sus intenciones políticas, el nuevo líder rindió tributo a Blair, cuyos diez años en el poder dejan un Reino Unido "más fuerte, más próspero y más tolerante".
Brown tomó las riendas del laborismo sin oposición de otros candidatos, pues el ala izquierda del partido no logró los apoyos necesarios para proponer a un aspirante, y con motivos para el optimismo, dado el repunte de la popularidad de su formación.
Según una encuesta de intención de voto difundida ayer por el dominical "The Observer", los laboristas aventajan a los conservadores, de David Cameron, por primera vez desde octubre pasado, lo que parece confirmar la repercusión positiva del llamado "efecto Brown" .
Menos telegénico y carismático que Blair, Brown se definió ante sus correligionarios como un "político de convicciones" dispuesto a dirigir un Gobierno de "cambio", palabra que repitió una veintena de veces: "Debemos renovarnos -urgió- como partido de cambio".
En clave nacional, el futuro "premier" británico afirmó que su "prioridad inmediata" será mejorar la Sanidad pública, así como facilitar el acceso a la vivienda, impulsar la educación y luchar contra la pobreza, entre otros objetivos.
Mientras asumía, miles de británicos se manifestaron en las calles de Manchester para exigirle la retirada de las tropas de Irak, donde hay desplegados unos 7.100 soldados británicos.
Brown es la nueva carta laborista para las elecciones generales de 2010.