CRISIS EN BOLIVIA

Evo Morales, del sindicato cocalero a la Presidencia

Morales, quien renunció presionado por denuncias de fraude electoral y tras perder el apoyo del ejército, es visto por sus seguidores como la reencarnación de Túpac Katari.

Evo Morales. Foto: AFP.
Evo Morales. Foto: AFP.

Evo Morales (60) era hasta ayer domingo el presidente latinoamericano en funciones con más tiempo en el poder, al que tuvo que renunciar presionado por las denuncias de fraude electoral y tras perder el apoyo del ejército y la policía.

Pudiendo retirarse por la puerta grande con un alto índice de popularidad, Evo Morales se empeñó en seguir en el poder, aún cuando en un referéndum en 2016 la población se manifestó en contra de su reelección.

En sus casi 14 años en el gobierno demostró astucia política, empatía con los pobres y buen manejo de la bonanza económica derivada de la exportación de materias primas a China. Pero su polémica reelección el 20 de octubre, calificada de fraudulenta por la oposición, hizo que miles de bolivianos salieran a las calles a exigir su renuncia.

En enero de 2006, Morales, que venía del sindicalismo cocalero, se convirtió en el primer presidente indígena de Bolivia.

Sus aliados fueron quedando por el camino en Brasil, Argentina y Ecuador. Y Venezuela, país con el cual mantiene un estrecho vínculo, está sumida en la peor crisis política y económica de su historia reciente.

Pero “Bolivia es diferente, vamos bien”, decía Morales, y sus seguidores convencidos se hacían eco de sus palabras.

El gobernante aymara estaba empecinado en conseguir un cuarto mandato hasta 2025, un verdadero récord en Bolivia desde la independencia de España en 1825.

La oposición le reprochaba a Morales su carácter tozudo que le impedía reconocer errores, y le acusaba de liderar un gobierno antidemocrático que estaba convirtiendo al país en una “segunda Venezuela”, mientras sus seguidores, en cambio, le atribuían el don de la infalibilidad.

Es un zorro político que logró aprovechar, principalmente, la prosperidad económica, tras decretar la nacionalización de los hidrocarburos, meses después de instalarse en el poder. El vicepresidente Álvaro García Linera, quien lo acompañó desde 2006 y que también renunció ayer domingo, aseguró en el pasado que “el presidente Evo es la unidad del cuerpo de Túpac Katari (líder aymara descuartizado en 1781) y que “es la resurrección del pueblo indígena”. Y ahora tras la renuncia recalcó: “Vamos a cumplir la sentencia de Túpac Katari, volveremos y seremos millones”, prometió García Linera parafraseando una famosa arenga de Katari antes de ser ejecutado por rebelión.

En 2018, Morales estrenó la Casa Grande del Pueblo, un rascacielos de 29 pisos con helipuerto en el casco histórico de La Paz y que sustituyó como sede presidencial al Palacio Quemado, sede del poder político desde el siglo XIX.

Morales conoció la pobreza desde que nació, el 26 de octubre de 1959, en el poblado de Isallavi, en la región andina de Oruro.

Fue criador de llamas y vendedor de helados, fabricante de ladrillos y trompetista de un grupo de música, y más tarde se dedicó al cultivo de coca en Chapare.

Allí se enroló en las lides sindicales, donde comenzó su carrera política en 1995, como diputado nacional.

En 2002 se lanzó por primera vez como candidato presidencial por su partido Movimiento al Socialismo (MAS), ocupando el segundo lugar detrás de Gonzalo Sánchez de Lozada, al que finalmente eligió el Congreso como mandatario por 84 votos, contra 43 que obtuvo Morales.

Cuatro años después llegó a la presidencia, tras derrotar al derechista Jorge Quiroga, con 54% de los votos.

En 2008, Morales contó a la prensa que de niño soñó que volaba por sus tierras natales. Al relatar el sueño a su padre, éste le reveló un buen augurio: “Evito (...) te va a ir bien en tu futuro”.

Morales no alcanzó la educación universitaria. En sus apariciones prefiere improvisar a leer discursos, y le gusta repetir frases sobre la bonanza económica, la estabilidad política y los enemigos internos (derecha) o externos (Estados Unidos).

Entre el hablar y el hacer

Los años han mostrado contradicciones entre su hablar y su actuar. Un Evo Morales que iba los foros internacionales a hablar sobre la Pachamana, la Madre Tierra, y los indígenas. Y otro que aprobó decretos que autorizaban quemas controladas, propiciando grandes incendios, incluso, en espacios naturales. Se le ha reprochado vender su país a multinacionales de China o por mantenerse aliado a Nicolás Maduro.

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