Estados Unidos avanza para respaldar a reformistas iraníes

"Si usted no es capaz de poner fin a los arrestos ilegales y secuestros de estudiantes, por favor presente su dimisión"

Algunos gobiernos que han vivido más allá de su legitimidad terminan con un derrocamiento desde el interior. Algunos, como el gobierno de Saddam Hussein, llegan a su fin con un derrocamiento desde el exterior.

Algunos se acaban de forma violenta. Y otros, parafraseando a T.S. Eliot, terminan no con una explosión sino con un lamento.

Aproximadamente un cuarto de siglo después de la Revolución islámica que depuso al Sha de Irán, el gobierno de los clérigos extremistas que actualmente dirige el país ha superado el periodo de vida de su legitimidad, al igual que sus predecesores.

Esta semana se conmemora el cuarto aniversario de las manifestaciones estudiantiles en Teherán que fueron reprimidas brutalmente por el grupo dominante del clero de Jamenei.

En anticipación a esa fecha, funcionarios gubernamentales cerraron universidades en Teherán, enviando al estudiantado a casa antes de los exámenes finales, y destacaron fuerzas de seguridad y patrullas de vigilantes islámicos a lo largo de la capital.

"Las autoridades siguen arrestando a influyentes estudiantes e intimidando a cada persona que se ha unido a las protestas hasta ahora", dijo un dirigente estudiantil a Alí Akbar Dareini, de la Associated Press (AP).

Otro líder estudiantil dijo: "Estamos siendo golpeados, intimidados y encarcelados. Estamos exhaustos. Con todo, llevaremos a cabo mítines para clamar por libertad y democracia y exigir justicia".

Las protestas empezaron de lleno en el otoño pasado, cuando Hashem Aghajari, catedrático de historia en Teherán y ex revolucionario de Jomeini, fue condenado a la pena capital por blasfemar en contra del profeta Mahoma al cuestionar la autoridad de las cortes religiosas de Irán.

Desde los propios estudiantes de Aghajari, las manifestaciones se extendieron a las universidades por todo Irán, a cuyas filas se unieron iraníes ordinarios cuyas vidas se han empobrecido y vuelto miserables por los clérigos fundamentalistas.

El comentarista Amer Taheri, nacido en Irán, escribe: "A lo largo de los últimos seis meses, Irán ha presenciado docenas de huelgas industriales en las que trabajadores urbanos han salido exactamente con las mismas demandas que los estudiantes".

Huelgas de profesores han obligado al cierre de escuelas, y bazares tradicionales a lo largo del país han sido cerrados parcialmente en solidaridad con los estudiantes.

Otro aspecto con la misma importancia es que a los manifestantes ya se les unieron algunos integrantes de la élite islámica, que gobierna al país, en sus llamamientos por la reforma.

Dos tercios del Majlis, o Parlamento iraní, publicaron una carta abierta dirigida al ayatolá Jamenei, haciendo un llamamiento para la separación de la mezquita y el Estado.

Otra carta firmada por 250 intelectuales islámicos desafía el estatus de Jamenei como el representante de Dios en la Tierra y declara que "el pueblo tiene derecho a supervisar cabalmente a sus gobernantes, criticarlos, así como removerlos del poder si no están satisfechos".

Los estudiantes, críticos hacia el fracaso del presidente Mohammed Jatami de imponer el cambio, han firmado su propia misiva: "Si usted no es capaz de dar fin a los arrestos ilegales y secuestros de estudiantes, por favor presente su dimisión para que así el movimiento estudiantil pueda confrontar al régimen por cuenta propia".

Con ese telón de fondo, el ayatolá Jamenei ha tratado de catalogar a los manifestantes como lacayos del "Gran Satán", Estados Unidos. Pero el pueblo iraní está mejor informado y ha declarado sus preferencias por el cambio.

En una encuesta efectuada para el Majlis en setiembre pasado, se comprobó que el 75 por ciento de los iraníes desean mejores relaciones con Estados Unidos. El mismo sondeo mostraba que el ayatolá Jamenei era la figura menos popular en Irán.

El director de la firma encuestadora y dos periodistas que cometieron el error de informar sobre el sondeo fueron encarcelados.

A pesar del apoyo retórico del Presidente estadounidense, George W. Bush, por la expansión de la democracia, Estados Unidos ha mostrado una curiosa reticencia con respecto a los reformistas iraníes, y ha actuado con lentitud para comprender el significado de las crecientes filas de gente protestando.

No necesitan armas o tropas estadounidenses; sí necesitan de nuestro visible apoyo en público.

La semana pasada, el gobierno de Estados Unidos finalmente anunció que empezaría a transmitir programas radiales por la Voz de América en Irán, por vía satelital, para de esa forma evitar que su señal sea bloqueada por las autoridades iraníes.

Es una pequeña demostración de respaldo por los valientes iraníes que actualmente están poniendo en riesgo sus vidas por un futuro mejor y más democrático.

Distribuido por The New York Times News Service

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