BRASILIA | AP, AFP Y EFE
"Estoy a 10 días de una elección que se me presenta muy favorable. ¿Por qué alguien que quiere ayudarme cometería un acto insano como éste?", se preguntó en Nueva York, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Cuando todas las encuestas le pronosticaban, y aun lo hacen, un tránsito tranquilo hacia los comicios del 1° de octubre, el ahora denominado "Dossiegate" -según lo calificó el diario O´Globo- amenaza con ponerle piedras en el camino.
La cúpula del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) se reunió ayer para examinar la crisis. Esta saltó a la luz el viernes cuando dos hombres vinculados al PT fueron detenidos con unos 770 mil dólares para comprar un dossier que tenía información comprometedora sobre dos candidatos del opositor Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB): el aspirante presidencial Geraldo Alckmin y el favorito a ganar la elección estadual de San Pablo, José Serra.
El presidente del PT y jefe de la campaña electoral de Lula, Ricardo Berzoini, también salpicado por el escándalo, está a un paso de vivir su muerte política. Sin embargo, ayer afirmó que seguirá en su cargo y que el dinero que iba a ser utilizado para pagar el dossier, cuyo contenido aun no es público, no provenía del comando de campaña del mandatario.
"Hay sectores de la oposición que están aferrándose a este episodio para salvar su situación electoral", dijo Berzoini. Su posición no es fácil: el martes reconoció saber sobre el contacto de colaboradores del PT, muy cercanos al presidente Lula (ver nota aparte), con la revista semanal Epoca en la que le ofreció material "de interés periodístico". Pero aseguró que desconocía el contenido del mismo.
PUGNA. La oposición, efectivamente, ha estado apelando estos días al escándalo en forma incesante. La coalición del PSDB y el Partido del Frente Liberal (PFL), que apoyan la candidatura de Alckmin, presentaron ayer su plan de gobierno.
En el acto, Alckmin aseguró que hay "una banda de mafiosos incrustada en el Estado brasileño". No se atrevió a afirmar si Lula es el jefe de esa "banda", pero sí se preguntó "¿cómo puede ser que un Presidente de la República no sepa lo que pasa en su mandato, en su edificio, en su gabinete?"
Más duras fueron las expresiones de la candidata a la presidencia por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), Heloísa Helena, ex integrante del PT: "no tengo duda que el presidente Lula es el gran comandante de esa estructura", atribuyéndole todas las responsabilidades.
La campaña está paralizada debido a este escándalo. Pero las encuestas de intención de voto parecen no haberlo notado. Según un estudio divulgado ayer por Datafolha, realizada en plena efervescencia de este caso, Lula aun cuenta con el 50% de la intención de voto. Alckmin sólo subió un punto porcentual, ubicándose segundo con un 29%.
DEBIL. Estos sondeos echarían por tierra las especulaciones sobre una repercusión electoral del "Dossiegate" o la necesidad de un balotaje donde Lula no las tendría todas consigo.
Sin embargo, el senador Jefferson Peres, del Partido Democrático Trabalhista (PDT), señaló que "Lula puede ganar la elección en base a su apoyo popular, pero estará debilitado políticamente, sin fuerza moralmente".
En caso de una eventual reelección, Lula no sólo no contaría con dos de sus grandes colaboradores, sus ex ministros José Dirceu y Antonio Palocci, quienes no sobrevivieron a la escalada de denuncias de corrupción sobre el PT y el gobierno iniciadas en junio de 2005, sino que deberá esperar un fallo judicial favorable.
El Tribunal Superior Electoral (TSE) anunció que iniciará una investigación contra Lula y su campaña electoral luego de un recurso presentado el martes por fuerzas de la oposición. El TSE no está obligado a emitir un fallo antes de las elecciones, pero tiene la potestad de anular una victoria del presidente aun habiendo asumido nuevamente el cargo, luego del próximo 1° de enero.
La prensa brasileña, mientras tanto, comparó a la situación actual con el "Watergate", el mayor escándalo político de la historia, que le costó en 1974 la presidencia de EE.UU. a Richard Nixon.
"Ambos episodios involucran elecciones, espionaje y a dos presidentes que sustentaron desde el inicio que ignoraban los hechos", señaló O´Globo. Uno de esos presidentes (Nixon) tuvo que renunciar a su cargo.