Las autoridades de Nepal elevaron este domingo a 788 el número de muertos contabilizados, cifra que, junto a los 16 decesos reportados por China, colocan en 804 el saldo de fallecidos a ambos lados de la frontera tras la violenta riada del pasado miércoles.
El último balance nepalí -publicado por la Policía en redes sociales- mantiene las cifras anteriores de 239 heridos y 2.502 desaparecidos.
Del lado chino, las autoridades dan cuenta de 546 personas sin localizar, lo que deja un total conjunto de 3.048 desaparecidos, centenares de turistas extranjeros entre ellos, incluidos al menos dos españoles.
La catástrofe: escasez de bolsas mortuorias y el miedo que sigue
El Gobierno nepalí, que informó haber recibido bolsas para cadáveres herméticas de socios internacionales, recalcó que las cifras de víctimas, desaparecidos y daños siguen sujetas a cambios a medida que continúan las operaciones de búsqueda y verificación.
Más de 19.800 efectivos del Ejército y la Policía se han desplegado en el país para continuar con las operaciones de rescate en la quinta jornada, en la que sigue siendo una prioridad dar con el paradero de miles de personas, especialmente en las centrales hidroeléctricas que quedaron sepultadas y donde se teme que estén atrapados más de 900 trabajadores.
Los cuerpos que no han podido ser identificados están depositados en 21 hospitales de varios distritos, mientras ya han empezado los enterramientos de algunos de ellos ante la descomposición de los cuerpos.
Según el último balance del Ministerio chino de Gestión de Emergencias, la nueva represa natural formada por un corrimiento de tierra en la zona afectada por la riada ha comenzado a desaguar de forma natural y está ya "prácticamente vaciada" en el suroeste del Tíbet.
Sobrevivientes relatan el horror
Sentada sobre una caja de fruta, Shanti Lamichhane contempla lo que queda de su aldea en Nepal, devastada por la avalancha de lodo y escombros que arrasó a mediados de semana la zona fronteriza con China.
En toda la región, sobrevivientes comienzan a regresar a comunidades reducidas a barro y ruinas, en busca de pertenencias, documentos y fragmentos de vidas borrados en cuestión de minutos.
"Vine a recuperar lo que pudiera", dice a la AFP. "Pero no se trata solo de eso. Todos mis recuerdos están aquí".
Como muchas otras en esta región aislada del Himalaya, la aldea fronteriza de Dhunge, donde vivían unas 150 familias, es hoy una extensión de lodo y destrucción, con un penetrante olor a putrefacción.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, el deslave, similar a un tsunami, fue causado por el colapso de un glaciar, que envió aguas heladas corriente abajo, arrastrando rocas y dejando una estela de devastación de norte a sur.
Obligados a huir precipitadamente para salvar sus vidas y sin tiempo para llevarse nada, muchos sobrevivientes regresan ahora para recuperar lo poco que quedó.
"Hedor"
Hari Prasad Rimal regresó a su casa en la aldea de Devighat con la esperanza de recuperar pertenencias preciadas, entre ellas algunas joyas y dinero en efectivo. Se llevó de vuelta una fotografía de su hija.
"Estaba pegada a un baúl que flotaba", dijo Rimal, de 44 años. "No pude recuperar nada más, pero esa foto significa mucho".
Imágenes de dron tomadas por un voluntario mostraban solo barro y restos donde antes estaba su tienda. "Ha desaparecido, pero quizá no debería quejarme", dijo. "Al menos, todos en mi familia sobrevivieron".
En Dhunge, Navraj Upretti avanzaba entre lodo hasta la rodilla hacia su casa, flanqueado por dos rescatistas que llevaban palas. "Necesito de verdad algunos documentos importantes", imploró.
Tras una hora de búsqueda, aparecieron unos documentos bajo el lodo, pero pertenecían a un vecino y fueron devueltos.
Upretti, de 40 años, dijo que había tenido menos de un minuto para escapar cuando llegaron las inundaciones.
"La casa se inundó", relató Upretti, que regentaba un restaurante en la zona, que quedó completamente destruido.
Santosh Adhikari estaba en Katmandú cuando la riada se llevó su casa en Dhunge. Regresó tres días después y encontró la vivienda enterrada.
"No queda nada", dijo.
Los trabajadores que retiran el sedimento en la región golpeada por las inundaciones dicen que ocasionalmente se encuentran con pertenencias personales, incluidas joyas de oro.
"Pero los escombros siguen llegando hasta la rodilla y hay hedor en muchos lugares", dijo Ayushman Kuinkel, rescatista del grupo juvenil Nepal Scouts.
"Uno sabe que probablemente también haya cuerpos debajo", agregó.