BRASILIA | EFE
Los sectores más radicales del Partido de los Trabajadores (PT) exigieron ayer la expulsión de todos los implicados en corrupción, como único modo de impedir la desbandada que se prevé en la formación del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
En la mira de estos grupos están algunos representativos miembros de la dirección nacional que renunció en pleno hace veinte días, arrastrada por los escándalos denunciados en los últimos meses, que han abierto una gravísima crisis política en el país. Entre ellos, el ex ministro José Dirceu, el ex presidente del PT José Genoino, el ex secretario general Silvio Pereira y el ex tesorero Delubio Soares.
Sin embargo, la nueva dirección nacional, presidida por el ex ministro de Educación Tarso Genro, se ha resistido a sancionar a sus predecesores, en parte por presiones del propio Dirceu, quien presidió el PT con mano de hierro hasta fin del 2002, cuando se incorporó al gobierno.
El PT está acusado de financiación ilegal, obtención de créditos en forma fraudulenta y de mantener una "contabilidad paralela", ocultada a las autoridades electorales y fiscales. Todo ello supone graves violaciones a la Ley Orgánica de Partidos Políticos, que pueden conducir hasta a la ilegalidad a la formación fundada en 1980 por Lula.
Además, existen serias sospechas de que el PT usó recursos del exterior para financiar campañas, lo que puede llevar a la cárcel a algunos dirigentes. También está en pie la sospecha de que el partido de Lula compraba el voto de partidos aliados, lo que fue negado por el PT.
SALIDA. El diputado petista Iván Valente dijo que "no existe otra salida que la expulsión de una cúpula partidaria irresponsable y sin escrúpulos", que además de haberse "corrompido a límites inimaginables" dejó al PT con deudas de unos 200 millones de reales (cerca de U$S 84 millones).
Según se calcula en el partido, entre 20 y 25 parlamentarios han decidido dejar la formación si no hay sanciones serias.
La diputada Maria do Rosario Nunes, candidata a la presidencia del PT por sectores moderados enfrentados a la anterior dirección nacional, coincidió con las fracciones más a la izquierda. "Deben ser expulsados todos los sospechosos, incluso aquellos que fueron ministros o parlamentarios. Los hechos son contundentes, se acumulan y vemos más que responsabilidad, incluso en aquellos que queríamos ver librados del escándalo", dijo.
El senador Cristovam Buarque puede ser el primero en renunciar al partido, según dio a entender tras un discurso de Lula el viernes pasado, en el que el presidente se dijo "traicionado", insinuó un pedido de perdón y dijo que el PT le "debe disculpas" a la sociedad.
Buarque, un intelectual con mucho peso en el partido, dijo antes del discurso que si Lula no le convencía, renunciaría el lunes.