El muro de arena

| Cuando EE.UU. ha invadido otros países el único pedazo de tierra que ha pedido fue una diminuta parcela donde sepultar a sus soldados muertos

Tomando como referencia el Muro de Berlín, la polvorienta tapia de seis metros de altura en torno del puerto sureño de Um Qasr —el primer muro en caer en la liberación de Irak— no tiene mucho que ver, pero es un símbolo adecuado para esta guerra. Es un muro de arena, fácilmente franqueado por el poderío estadounidense, que expulsó a una dictadura podrida con poco apoyo popular del otro lado. Esta área está llena de regímenes protegidos por esos muros de arena. Pero a diferencia del Muro de Berlín, cuya caída desencadenó un florecimiento de la libertad en toda Europa Oriental, la sola caída del Muro de Arena no hará eso.

Lo primero es el muro en la mentalidad árabe. Yo me topé contra ese muro hace dos semanas en El Cairo, Egipto, mientras discutía sobre la guerra con periodistas opositores egipcios en la casa de té Feshawi’s, el lugar preferido de Naguib Mahfouz. Estos periodistas no podían ver nada bueno como resultado de la "ocupación" estadounidense de Irak, la cual insistían estaba siendo hecha sólo para postrar a los árabes, fortalecer a Israel y extraer petróleo.

Esos encuentros me pusieron en claro que Estados Unidos no estaba en guerra sólo con Saddam, sino con el Saddamismo: una atrincherada forma de pensar árabe, nacida de años de colonialismo y humillación, que insiste en que sostener la dignidad y nacionalismo árabes desafiando a Occidente es más importante que la libertad, la democracia y la modernización.

Durante esta guerra, el Saddamismo fue pregonado por la televisora Al Jazeera, intelectuales árabes y la Liga Arabe. No se pueden imaginar cuánta desilusión hay entre ciertas élites árabes de que el pueblo de Irak prefiriera la liberación por parte de Estados Unidos a más sojuzgamiento bajo el régimen de Saddam.

A la mañana siguiente de que Bagdad fuera liberada, Abdul Hamid Ahmad, editor de The Gulf News, escribió, como tantos de sus colegas: "Este es un momento doloroso para cualquier árabe, ver a los infantes de marina avanzando por las calles de Bagdad". El muro del Saddamismo, que ha ayudado a malos líderes a permanecer en el poder y a los jóvenes árabes a permanecer atrasados y furiosos, es tan peligroso como Saddam.

"El mal social, político, cultural y económico en esta parte del mundo se ha convertido en una amenaza para la seguridad estadounidense; fue la causa del 11 de setiembre", dijo Shafeeq Ghabra, presidente de la Universidad Americana de Kuwait. "Esta guerra fue un desafío a todo el sistema árabe, y esa es la razón de que tantos se opusieran a ella. La guerra para liberar a Kuwait de Irak —en 1991— fue cirugía menor. Esta guerra fue una cirugía a corazón abierto".

Pero esta cirugía a corazón abierto tendrá éxito en derrocar al Saddamismo sólo si tenemos éxito en crear un Irak saludable; un estado árabe donde la gente pueda encontrar dignidad, no sólo diciendo "no a Occidente", sino creando una sociedad decente, tolerante y moderna de la que puedan estar orgullosos, un estado árabe donde la gente pueda decir la verdad y que los otros árabes quieran imitar.

Los extendidos saqueos que han seguido a la caída de Saddam me dicen cuán difícil será. Hasta ahora, todo lo que hemos desencadenado en Irak es el caos, no la libertad. No existe una sociedad civil aquí. Estamos empezando desde el principio. Y luego debemos también derribar el tercer muro: el muro de cemento, temor y alambre de púas que existe entre israelíes y palestinos. Debemos desactivar este conflicto. Si permitimos que este muro palestino-israelí persista, reforzará el muro del Saddamismo. Los dictadores árabes se ocultarán detrás de este conflicto como una excusa para no cambiar, los intelectuales árabes lo usarán para restar legitimidad al poder estadounidense aquí, y los enemigos de los nuevos líderes de Irak lo usarán para avergonzarlos por trabajar con nosotros.

Cuando uno de los periodistas egipcios en Feshawi’s insistió en que la intención de Estados Unidos era "ocupar Irak", le cité una frase de Colin Powell: Estados Unidos es tan poderoso como cualquier imperio en la historia, pero cuando ha invadido otros países el único pedazo de tierra que ha pedido fue una diminuta parcela donde sepultar a sus soldados que no han regresado a casa. Realmente sonrió ante eso.

El momento me recordó algo que le gustaba decir al columnista árabe Rami Khouri: que los árabes por demasiado tiempo han visto la fuerza de Estados Unidos, pero no la "bondad" de Estados Unidos.

En parte esa es la razón de que sus medios distorsionen intencionalmente lo que hicimos, y en parte es la razón de que Estados Unidos haya usado su poder más para defender el petróleo y a Israel que la democracia.

Esta guerra en Irak pretendía traer el lado idealista del poder estadounidense al mundo árabe. Nuestra tarea ahora es aplicar ese idealismo a la reconstrucción de Irak y la resolución de la cuestión palestina.

Si lo hacemos bien, estoy seguro de que los otros muros en la región serán derribados por la propia gente, y nunca más tendremos que pedir aquí ni siquiera el diminuto terreno para sepultar a nuestros soldados.

© "The New York Times"

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