El desafío de mantener a Haití en paz tras el sismo

El drama haitiano. La misión de ONU que lidera Brasil redobla sus esfuerzos para estabilizar el país y distribuir la ayuda Lentamente la vida vuelve a las calles de Puerto Príncipe tras el sismo

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La estabilización de Haití, que ya parecía una tarea titánica, se tornó aún más difícil con la catástrofe humanitaria del sismo, pero los brasileños, que ejercen el comando militar de la misión de la ONU que integra Uruguay, no parecen dispuestos a ceder.

"Vamos a estar aquí el tiempo que sea necesario, porque ahora tenemos aún más motivos para estar en este lugar", dijo el responsable del batallón brasileño de la Misión de la ONU para la Estabilización de Haití (Minustah), el coronel Joao Batista Bernardes, refiriéndose al terremoto de la otra semana.

Brasil mantiene más de 1.200 hombres en armas para garantizar la seguridad en Haití, y un militar brasileño, el general Floriano Peixoto, es el máximo responsable castrense de toda la misión de la ONU que hasta el otro martes contaba con poco más de 11.000 efectivos de 17 países, la mayoría de ellos latinoamericanos.

Tras asegurar el desarrollo normal del acto electoral que culminó con la asunción de René Préval como nuevo presidente de Haití, las fuerzas de ONU realizaban -antes del sismo- un trabajo de estabilización, colaborando en la formación de la policía local y desempeñando tareas de ayuda humanitaria como la distribución de alimentos y medicamentos.

La base General Bacellar, próxima al aeropuerto de Puerto Príncipe, es el centro neurálgico de las actividades de la tropa brasileña en Haití, diezmada por la muerte en el terremoto de 18 militares brasileños. En esa base están también situadas las tropas de Nepal, Chile y Ecuador, aunque la superioridad numérica de los brasileños es evidente.

Uruguay es el segundo país de la fuerza de ONU en despliegue numérico con unos 1.162 efectivos divididos principalmente en dos batallones: el Batallón Uruguay V, ubicado al Norte del país, y el Batallón Conjunto Uruguay I, desplegado al Sur del territorio haitiano, cerca de la frontera con República Dominicana.

Tras el terremoto el contingente uruguayo se encuentra realizando tareas de atención a desplazados, seguridad de instalaciones críticas y transporte de ayuda humanitaria.

Las patrullas brasileñas con cascos azules de la ONU y los grupos de Ingeniería del Ejército trabajan en la capital y parten desde la base General Bacellar para limpiar calles de los escombros y ayudar a remover heridos o cuerpos.

En la última semana, una parte del complejo militar fue destinado a recibir y redistribuir los cargamentos de ayuda humanitaria, especialmente comida y agua. "Nuestros soldados entran en contacto con líderes comunitarios de un barrio determinado, y de allí se seleccionan 60 u 80 mujeres que son quienes van a recibir la ayuda humanitaria. Las receptoras son siempre mujeres", dijo un funcionario civil que actúa en la base.

Valérie Batselaere, de la Cruz Roja belga, explicó a El País de Madrid que se pide que sean las mujeres las receptoras de la ayuda porque son más responsables y velan por sus niños. "Es una manera de garantizar que la ayuda llegará a los más débiles".

En medio del desespero de la ciudad, a las puertas de la base se forman largas filas de haitianos que buscan la oportunidad de un trabajo, aunque sea para un solo día. Muchos ya trabajaron en la base y ahora esperan poder limpiar los jardines o las barracas a cambio de una bolsa con agua y alimentos básicos.

Sobre las ruinas de la Casa Azul, la subunidad en la que diez militares brasileños murieron sepultados por los escombros, varios jóvenes tratan de retirar pedazos de metal para vender, pero al percibir la aproximación del convoy fuertemente armado se dispersan rápidamente.

Ante la desbandada, las patrullas mantienen la calma. "Los momentos más tensos son las patrullas nocturnas, porque toda la ciudad está a oscuras, y siempre hay riesgo que estallen desórdenes con la distribución de la ayuda humanitaria", dijo Bernardes.

En la miserable barriada de Cité Soleil -la más pobre de Puerto Príncipe y con mayor criminalidad-, donde los brasileños mantienen una unidad, una enorme aglomeración bloquea la calle, ya que han roto una cañería para recoger agua que no es potable. Los brasileños organizan la fila y varias personas incluso responden en portugués.

"¡Nos falta comida y agua, y no tenemos remedios!", dice Fabio Júnior, un haitiano de 15 años que habla el portugués casi sin acento. Alrededor suyo, la gente se pregunta qué está diciendo, y cuando traduce su frase al francés es aplaudido.

De retorno a la base, la patrulla brasileña presente un informe sobre cualquier eventual incidente. Los soldados pueden ahora darse una ducha, tal vez mirar un poco de televisión brasileña y descansar, pero apenas por un par de horas, tal vez tres, ya que fuera de la base las necesidades apremian.

La ONU anunció un plan para crear miles de empleos, especialmente en la remoción de escombros y la construcción, para que los sobrevivientes del sismo comiencen a reconstruir sus vidas. El programa que ya ha empleado a casi a 400 personas por 3 dólares diarios, incluye a Puerto Príncipe y otros pueblos también devastados.

Un total de 220.000 personas serán eventualmente empleadas por el proyecto liderado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). "Si nos dan comida, durará dos o tres días. Si tenemos trabajo, nos dará continuidad", indicó Joseph Nesly de 31 años, que junto a cientos de personas se congrega en el aeropuerto, esperando encontrar trabajo como choferes, guías o traductores. AFP y AP

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