De una dictadura a una “liberación tutelada”, ¿cómo viven la transición los venezolanos y qué dicen?

La población está sometida a la voluntad y el peso del más fuerte. Antes y también ahora. El País accedió a mensajes y comentarios de quienes viven la transición o están en el exilio.

Venezolanos se manifiestan en la Plaza de la Bandera.
Venezolanos se manifiestan en la Plaza de la Bandera.
Foto: Natalia Rovira/El País.

Los venezolanos están expectantes de lo que sucede en su país, minuto a minuto. Y dentro de la esperanza de la caída del régimen dictatorial chavista, hay preocupaciones específicas que los asalta: por qué cayeron Nicolás Maduro y Cilia Flores y no otros personeros en el poder; por qué la liberación de presos políticos se está haciendo “a cuenta gotas”; cómo es posible que Trump esté prácticamente desconociendo a la oposición cuando “debería” -afirman- estar participando de este proceso; y qué alcance tendrá, en los hechos, la visión del presidente de EE.UU. de que “NUESTRO petróleo está en SU suelo”.

El País ha recibido comentarios de este tipo, que también circulan en las redes sociales, muchos sin revelar identidades, dado que el miedo a la represión aún es fuerte y la gente se siente bajo amenaza.

La expectativa que tienen es que las fracturas internas en el chavismo se profundicen o se hagan más evidentes en las próximas semanas, para que el régimen termine de eclosionar. Sin embargo, bien es sabido -quienes hemos vivido en Venezuela también lo experimentamos- que el núcleo duro del chavismo no está dispuesto a dejar el poder. Seguramente, llegado el momento, serán desplazados pero se irán “con las botas puestas”, porque el “Patria o muerte” lo tienen calado hasta los huesos. Y más dolientes habrá por esa razón.

Hay algo que asombra sobremanera en estos días, y es el esfuerzo que están haciendo los venezolanos para ser comprendidos. Los que están en el exterior (donde son más libres para expresarse), comparten en las redes sociales que sienten alegría por el arresto de Maduro, al tiempo que reconocen que -al decir de un joven emprendedor caraqueño- “es difícil aceptar que otro gobierno haya bombardeado el país de uno”.

Son sentimientos encontrados, en los que predomina la esperanza de salir del yugo de la opresión chavista.

Lo llamativo es cómo muchos venezolanos parecen desvivirse explicando que no están de acuerdo con una intervención militar extranjera, pero que “habíamos agotado todas las alternativas”, dicen varios tweets, buscando comprensión, empatía.

Como periodistas nos consta que los venezolanos estuvieron más de dos décadas intentando hacer valer sus derechos, defendiendo sus votos, eligiendo líderes que los representaran (que terminaron en el exilio o presos), en negociaciones directas o indirectas con el poder, pidiendo ayuda a organismos internacionales y a la comunidad extranjera, resistiendo dentro del país o exiliándose como forma de supervivencia, difundiendo insistentemente lo que les estaba pasando, su sufrimiento por los muertos y los arrestos arbitrarios, por las familias divididas y por la pobreza que se les vino encima. Uno de los mensajes que circula es de una niña que dice: “Maduro está preso, ¿por qué mi padre no regresa?”.

Otro mensaje al que accedimos, señala: “Claro que los venezolanos no queremos que una potencia extranjera nos tutele y administre nuestro petróleo, pero solos no pudimos (sacar al régimen)”.

Expertos en temas de democracia consultados por El País -como IDEA Internacional, entre otros-, han planteado que una intervención militar extranjera no hace retornar el rumbo democrático del país en cuestión, y que la Historia así lo demuestra. Sin embargo, los venezolanos están esperanzados en este proceso que es bastante sui géneris en muchos aspectos, y confían en que podrán hacerse cargo de una transición hacia la recuperación de sus derechos.

En Venezuela se preguntan qué pasa con los organizaciones internacionales que no pueden dar respuesta a sus denuncias sobre violaciones de derechos, que quedan cortas y sin poder poner un coto, dejando a la gente desprotegida y en manos del más fuerte. Antes y también ahora.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar