UN GOBIERNO CON LOGROS, PERO CON POCO ORDEN

Confusión y caos en la Casa Blanca

“Todo lo que han escuchado, multiplíquenlo por 50”, dice el ex jefe de gabinete

Trump cumple varias promesas de campaña, pero su gestión se desarrolla en un clima de agitación. Foto: Reuters
Trump cumple varias promesas de campaña, pero su gestión se desarrolla en un clima de agitación. Foto: Reuters

En la Casa Blanca parece no haber ni un día de paz desde que Donald Trump prestó juramento como presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2017. Cuando todavía no se disipó el escándalo provocado por las renuncias del secretario de personal, Rob Porter y del redactor de discursos David Sorensen, —los dos bajo acusaciones de violencia de género—, y del pago de US$ 130.000 por parte del abogado de Trump a una actriz porno que afirma haber tenido relaciones con Trump antes de que este fuera presidente, un nuevo libro que aparecerá a la venta el 6 de marzo hace revelaciones sobre la situación de agitación que existe en la sede del gobierno más poderoso del mundo y líder de Occidente. En la obra escrita por Chris Whipple, que será publicada por Broadway Books, de la que la revista Vanity Fair adelantó un extracto, el ex secretario de la Presidencia, Reince Priebus comparte por primera vez una descripción detallada de sus caóticos seis meses como asesor principal de Trump.

Priebus describe una experiencia de innumerables altibajos para intentar ajustar dentro de una estructura con cierta disciplina a una de las figuras menos disciplinadas de la política estadounidense, un periodo que por desgracia concluyó con su partida, cuando Trump anunció con displicencia la renuncia del funcionario a través de Twitter justo antes de que Priebus abandonara el avión presidencial bajo la lluvia, el 28 de julio de 2017.

Complicado.

Priebus enfrentó varias dificultades que no se comparan con las de ninguno de sus antecesores, desde la preparación apresurada de decretos hasta discusiones con respecto a la obsesión que tiene el presidente con Twitter. De acuerdo con lo que comenta, si desde fuera sus funciones parecían complicadas, la realidad era mucho peor. "Tomen todo lo que han escuchado y multiplíquenlo por cincuenta", afirma, antes de describir que trabajar para Trump es "como montar al caballo más fuerte e independiente" que cualquiera podría imaginar.

Uno de los hechos que relata el ex secretario de la Presidencia marcó la relación entre el presidente y el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, quien amenazó con presentar renuncia alterado por las reprimendas del mandatario.

La reunión que casi provocó la renuncia de Sessions ocurrió en mayo de 2017, poco después de que el presidente decidió despedir a James B. Comey, director del FBI encargado de la investigación sobre la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016 y supuesta colusión con la campaña de Trump.

El investigador especial, Robert S. Mueller, fue designado para indagar todas las denuncias de la intervención rusa, lo que suscitó la ira del presidente.

Trump estaba furioso con Sessions porque este se había recusado de la investigación sobre Rusia y por tanto perdía el control sobre la misma. El relato de Priebus confirma que el presidente reprendió a Sessions durante una reunión en el Despacho Oval, tras lo cual este presentó su renuncia.

Priebus relata en el libro que el abogado de la Casa Blanca, Donald F. McGahn, le dio cuenta de lo ocurrido y en ese momento se dirigió rápidamente al estacionamiento, donde encontró a Sessions en la parte trasera de un vehículo negro, con el motor encendido y a punto de partir. Lo hizo volver y en una reunión urgente, de la que participaron el vicepresidente Mike Pence y el estratega principal, Stephen K. Bannon, "comenzamos a dialogar con él hasta que decidió no renunciar en ese momento y darse tiempo para pensarlo".

Fracasan.

De cualquier manera, Sessions redactó una carta de renuncia más tarde esa noche y la envió a la Casa Blanca. De inmediato, Priebus fue a hablar con Trump para convencerlo de no aceptarla. El presidente accedió con reticencia y Sessions siguió en el cargo.

Un par de meses después Trump exigió de nuevo a Sessions su renuncia. El libro de Whiple afirma que, según una fuente de la Casa Blanca, el presidente ordenó a Priebus acatar sus instrucciones. "No intentes frenarme como siempre", le dijo Trump. "Consigue la renuncia de Jeff Sessions". No obstante, Priebus le explicó que sacar a Sessions provocaría también la renuncia del segundo y tercero al mando del Departamento de Justicia, y le advirtió que "si le pido la renuncia, vamos a caer en una espiral de calamidades de tal magnitud que hará quedar bien a Comey". Trump desistió de nuevo.

Aunque no desistió en otros sentidos. Priebus comenta que tanto él como otros asesores —incluidos Ivanka Trump, la hija del presidente, Jared Kushner, su yerno, y Hope Hicks, directora de Comunicaciones— intentaron convencer a Trump de que sus mensajes aleatorios y muchas veces incendiarios en Twitter eran autodestructivos.

"Le adverti: Gran parte no ayuda, solo causa distracción. Podemos desviarnos de nuestro mensaje si tuiteamos asuntos que no son importantes ese día", señala. Pero no logró convencerlo. "A pesar de que todos intentamos en distintos momentos aplacar su hábito de tuitear, nedie logró hacerlo. Yo no lo logré; tampoco Jared, Ivanka ni Hope".

Trump postea mensajes diarios por Twitter, en muchos casos con conceptos que suscitan polémica, porque considera que es la mejor vía que tiene para comunicarse directamente con los ciudadanos como lo hizo con éxito en la campaña electoral.

Priebus, ex secretario general del Comité Nacional Republicano, duró solo seis meses como secretario de la Presidencia de Trump, un periodo de los más tumultuosos en un gobierno moderno de Estados Unidos.

Los artículos y noticias referidos a luchas internas y confusión durante el mandato de Priebus fueron casi diarios y él mismo culpó a las fuerzas externas, la personalidad del mandatario y su ambiciosa agenda de que esto ocurriera. "Ningún presidente ha tenido que lidiar con tanto en tan poco tiempo", señala.

Asimismo, hubo filtraciones de información diversas, incluyendo deatlles de lo que Trump dialogaba con gobernantes de otros países. Trump lo atribuyó a actos desleales de funcionarios que permanecían desde el periodo de Obama.

Entre otras curiosidades, Priebus recuerda la llamada telefónica que Trump le hizo a las 6:00 de la mañana del día después de su toma de posesión, en la que le exigió que rechazara las informaciones que apuntaban que su ceremonia de investidura tuvo menos afluencia de público que la de su antecesor Barack Obama. Ese mismo día, el entonces secretario de prensa, Sean Spicer, tuvo que asegurar que la ceremonia había sido la más concurrida de la historia. "Tienes que recordar: la presidencia se ganó gracias a Trump. El Comité Republicano era la organización, pero él logró casi todo en su vida solo", indica Priebus. "La idea de que, de repente, iba a aceptar una estructura de personal inmediata y elaborada que regulara cada minuto de su vida nunca estuvo en su agenda".

El presidente Trump saluda a los ciudadanos de Salt Lake City, Foto: AFP
El presidente Trump saluda a los ciudadanos de Salt Lake City. Foto: AFP

A pesar del tumulto que vivió en sus días en la Casa Blanca, Priebus asegura a Whipple que quiere a Trump.

Cambio.

A la postre, Trump seleccionó al general John Kelly, un militar muy respetado que se desempeñaba como Secretario de Seguridad Interior, para reemplazar a Priebus.

Sin embargo, pese a que en un principio recibió elogios por imponer más orden en el Ala Oeste, Kelly ha sido blanco de críticas desde hace algunos días por su manejo de la Casa Blanca, en especial por la manera en que reaccionó ante las acusaciones de abuso conyugal que provocaron la renuncia del secretario de Personal, Rob Porter, quien inicialmente fue respaldado por Kelly.

Fricciones.

La inestabilidad es un elemento definitorio de este periodo presidencial. Uno de cada tres empleados que Trump contrató al inicio de su mandato se marcharon de la Casa Blanca antes del primer aniversario del gobierno. La cifra es la más alta registrada en la historia reciente. Desde la salida de Spicer y Priebus hasta la reciente destituticón de Porter, la administración ha vivido sus primeros trece meses marcada por el caos y las fricciones.

Un nuevo estudio revela que el gobierno republicano perdió el 34% de sus empleados durante el primer año. Los puestos, la mayoría de ellos clave, reflejan la discordia y la presión de trabajar para un presidente al que los críticos tachan de inestable, impulsivo y feroz.

En ese periodo, también destituyó a Stephen Bannon, su estratega jefe, y pidió la dimisión de su segundo vocero, Anthony Scaramucci, —había sucedido a Spicer— después de que insultó a otros funcionarios de la Casa Blanca.

En un clima inestable, solo cinco continúan.

Un director de comunicación un redactor de discursos y la polémica Omarosa Manigault, enlace en la oficina de prensa, también han abandonado sus puestos. La semana pasada, durante un episodio de Gran Hermano, Manigault criticó con dureza el ambiente de la Casa Blanca. "No votaría por Trump ni en un millón de años", sostuvo la ex asesora, que conoció a Trump en el mundo de la televisión.

El periodista británico Piers Morgan, en una entrevista en la cadena Fox, criticó con dureza a Manigault y expresó su asombro porque pudo llegar a un cargo en la Casa Blanca.

El porcentaje de pérdida de empleados en este gobierno es tres veces superior al de Barack Obama durante el mismo periodo y dos veces superior al de Ronald Reagan. De las doce posiciones más cercanas al presidente, solo cinco siguen siendo ocupadas por la misma persona.

Dos relaciones costosas y de riesgo.

Primero, la actriz porno Stormy Daniels reveló que tuvo una relación con Donald Trump antes de que se convirtiera en presidente. Después, la exmodelo de Playboy, Karen McDougal, hizo un relato similar.Trump ya estaba casado con Melania, y su hijo menor, Barron, tenía pocos meses.

Daniels, de 38 años, cuyo nombre verdadero es Stephanie Clifford, ahora amenaza con contar su historia luego de que el abogado del mandatario, Michael Cohen, admitió haberle pagado US$ 130.000 para que mantuviera silencio en la campaña. Estima que con esa declaración Cohen la había relevado del acuerdo.

Gina Rodriguez, representante de la actriz, dijo que "Stormy va a contar su historia".

En el caso de McDougal, la revista The New Yorker indicó que ella y Trump se conocieron en una fiesta en la Mansión Playboy, en junio de 2006. McDougal asegura que tuvieron relaciones sexuales. El tabloide National Enquierer le pagó US$ 150.000, pero no publicó la historia. Se dice que el responsable de la publicación es amigo de Trump.

La Casa Blanca niega la veracidad de toda la historia y que Trump haya tenido una relación con McDougal.

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