BUENOS AIRES | El último dictador argentino, Reynaldo Bignone, de 82 años, fue condenado ayer a 25 años de prisión, al ser hallado culpable de privaciones ilegales de la libertad y aplicación de torturas a prisioneros políticos, entre otros delitos de lesa humanidad.
"La justicia llega tarde pero llega", dijo Estela de Carlotto, presidenta de la organización de derechos humanos, Abuelas de Plaza de Mayo, en medio de abrazos y llantos. En tanto, cientos de manifestantes con banderas y cartelones celebraban en la calle.
Bignone asumió el gobierno en 1982 tras la derrota contra Gran Bretaña, en la guerra por las Islas Malvinas, y lo entregó en diciembre de 1983 al electo Raúl Alfonsín, primer presidente de la recuperación democrática.
"Es preferible la condena que el repudio de mis superiores y subalternos, que junto conmigo combatieron los horrores de esta guerra contra el terrorismo", desafió Bignone. Admitió que el régimen hizo desaparecer a miles de personas, aunque sin reconocer la cifra de 30.000 estimada por organismos de derechos humanos, y reiterar que "no fueron más de 8.000". En tanto, cifró en 30 los casos de bebés robados y no en 500. AFP