Los estudiantes en Irán se están rebelando contra los ayatolás ¿Hay algo que Estados Unidos pueda hacer para ayudar? La verdad es que tenemos muy pocas herramientas para influir sobre los sucesos en Irán, e incluso si los tuviéramos no resulta claro que sabríamos cómo utilizarlas. Pero sí hay una enorme herramienta que efectivamente controlamos y tendrá ciertamente un impacto sobre Irán: se llama Irak.
Irak, como Irán, es un país mayoritariamente chiíta, con una miríada de vinculaciones religiosas con Irán. Si el equipo de Bush pudiera lograr un progreso importante en los terrenos sicológico y político con los chiítas iraquíes, y si pudiera ser visto como una potencia dispuesta a construir un estado progresista y pluralista en Irak, tendría un gran impacto sobre Irán... mucho mayor que cualquier otra cosa que Estados Unidos solo pueda decir o hacer.
Nadie debería hacerse ilusiones de que la teocracia islámica de Irán está por desplomarse o perder su poder mañana mismo. Los gobernantes clericales iraníes son gente dura e implacable, y mantienen un monopolio sobre el poder. Pero muchos de los integrantes de su pueblo los detestan. Y si bien la situación en Irán se desarrollará de acuerdo con su propia lógica, no hay la menor duda de que si el otro gran estado predominantemente chiíta en la región, el que está en la casa de al lado, el llamado Irak, se convirtiera en una entidad política razonablemente decente y democratizadora, del tipo que los jóvenes iraníes están exigiendo para ellos mismos, ejercería una enorme presión para que los clérigos de Irán se abrieran a los cambios.
Un amigo en Teherán me envió un mensaje por correo electrónico el jueves, diciendo: "La televisión iraní operada por el Estado acaba de informar que los estadounidenses han fracasado en Irak. La gente promedio, como mi almacenero, de hecho piensan que Irak y Afganistán se han convertido en el paraíso. Al parecer, llegan a una conclusión que es exactamente lo opuesto de lo que el gobierno está tratando de decirles. Mi almacenero no deja de decir: ‘¿Cuándo van a venir aquí los estadounidenses? Ya arreglaron las cosas en Afganistán e Irak y nosotros, mientras tanto, seguimos siendo miserables..."
No queremos que la historia en Irán sea la de Estados Unidos contra los ayatolás. Deseamos que la historia sea el pueblo iraní contra los ayatolás, y la mejor forma de alentar eso es mostrando a los iraníes que hay otro camino y que está ocurriendo al lado de su país. En pocas palabras, la intervención de Estados Unidos en Irak es una venta de dos por uno: mejorar Irak y se mejorará Irán. Compre uno y recibirá otro gratis. Eche a perder uno, y echará a perder al otro.
De forma que, entonces, ¿cómo forjamos un avance, un acercamiento con los chiítas de Irak, quienes integran 60 por ciento de los habitantes de ese país? Empecemos con algunas buenas noticias. Mientras las fuerzas de Estados Unidos en Irak están enfrentando una resistencia creciente por parte de los restos del régimen de Saddam Hussein, se trata fundamentalmente de musulmanes sunnitas iraquíes que están sintiendo que su largo control del poder en Irak ha terminado.
"El hecho es que los chiítas iraquíes claramente han decidido dar a los estadounidenses un periodo de gracia para ver como tienen la intención de reconstruir Irak", dice Yitzhak Nakash, el catedrático de la Universidad Brandeis cuyo libro, "Los chiítas de Irak" es uno de los textos más importantes acerca de ese tema. "Los líderes religiosos chiítas hasta ahora no han emitido fatwas (decretos) contra las tropas de Estados Unidos. Han adoptado una actitud de esperar a ver qué pasa".
Tan sólo la semana pasada, Abdelazis al-Hakim, un importante líder iraquí chiíta, dio una entrevista al diario Al Hayat en la cual subrayó que los chiitas iraquíes no están sujetos al control de Irán y no tenían la intención, por ahora, de llevar a cabo una resistencia violenta a las fuerzas de Estados Unidos en Irak.
Este periodo de gracia por parte de los chiitas iraquíes es lo más importante que está ocurriendo en Irak, y Estados Unidos debe sacar provecho de ello. Estados Unidos podría empezar, sugirió Nakash, con el Presidente Bush disculpándose por el hecho de que Estados Unidos, en 1991, alentó a los chiítas iraquíes a levantarse contra Saddam, y luego los abandonó, lo que se tradujo en la matanza de miles de chiítas en el sur de Irak. Gestos visibles de la única superpotencia del mundo —afirmando la dignidad de los chiítas iraquíes y su derecho a compartir el poder en una justa proporción con su número— podrían reafirmar este periodo de gracia y alentar a la formación de una base masiva para la política moderada chiíta.
Lo que Estados Unidos también necesita hacer, argumenta Nakash, es "crear las condiciones para que los chiítas de Irak experimenten con definir las relaciones entre la religión y la política. Su desafío será encontrar un acuerdo que permita a los clérigos en los seminarios de Najaf que se enfoquen tanto en asuntos relacionados con la práctica de la religión como en los conocimientos —y que su impacto sobre la sociedad se sienta en esa forma— mientras dejan el ejercicio de la política a los políticos en Bagdad.
En conclusión: necesitamos dejar bien a Irak antes de elevar las expectativas acerca de Irán, y enderezar a Irak será una tarea difícil. Pero la llave para enderezar a Irak es lograr que los chiítas estén del lado de Estados Unidos —si no abiertamente, al menos tácitamente— al tiempo que los ayudamos a crear un sistema político progresista. Si hacemos eso, alentaremos a los iraníes a hacer otro tanto. Si no lo hacemos, perderemos tanto a Irak como a Irán.
© "The New York Times"