China grita su "odio" a los "diablos japoneses"

Conflicto. Cientos de miles reclaman islas; compañías niponas cierran en Pekín

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PEKÍN | AFP

Frente a una doble barrera de policías antidisturbios situada ante la embajada japonesa en Pekín, decenas de miles de personas coreaban ayer "¡Abajo con el pequeño Japón!" y demostraban su enfado lanzando objetos, tomates y botellas.

Sin embargo, ninguna concentración permanente está autorizada en la avenida Liangmaqiao, cerrada a la circulación a lo largo de más de un kilómetro. Los manifestantes descendieron este gran eje en un sentido y lo remontaron en el otro, en un circuito dirigido y sobrevolado por un helicóptero.

La marcha pretendía durar así varios días, mañana y tarde, bajo el control de centenares de policías militares equipados con casco y escudo. La causa: la reciente decisión de Japón de nacionalizar un pequeño archipiélago en el Mar de China Oriental y reivindicadas por China.

Las islas, conocidas por Senkaku en Japón y Daioyu en China, están deshabitadas pero situadas en zonas de una gran riqueza pesquera y podrían estar situadas sobre importantes recursos naturales.

Cada pequeño grupo de manifestantes avanza precedido de miembros de las fuerzas del orden vestidos de negro. Al frente del pelotón se exhiben retratos de Mao Zedong, el "Gran Timonel".

A cada paso ante la embajada japonesa las botellas vuelan y las consignas estallan: "¡Devuelvan las Diaoyu!", "¡Bajen su bandera!" o "¡Váyanse, diablos japoneses!".

¿ESPONTÁNEO?. Salir a la calle en China no es nunca verdaderamente espontáneo y son las autoridades quienes fijan el límite del ejercicio.

Así, cuando los ánimos se caldean en exceso, los altavoces de la Policía difunden un mensaje grabado: "Compartimos su resentimiento, pero exprésense de una manera razonable. Respeten el orden. No avancen a contracorriente. Gracias por su cooperación".

Esto no impide que la rabia se extienda en una franja de la población, como demostraron estos últimos días los excesos violentos. Los restaurantes nipones permanecieron cerrados ayer en los alrededores de la embajada japonesa, cuyos diplomáticos transmitieron mensajes de prudencia a sus residentes.

FURIA. "Mi cólera es tan grande que me podría morir", aseguró Wang Ye, una jubilada que se manifestaba junto a una de sus amigas.

"El 18 de septiembre hace 81 años el ejército japonés comenzó su guerra de invasión. Al odio antiguo se añade hoy el odio reciente. Les odio a muerte", se dejó llevar la mujer al hacer referencia al día del comienzo de la invasión nipona de Manchuria, en 1931.

A su alrededor, hombres en edad de ser estudiantes desplegaban sus pancartas, que parecían haber sido impresas en el mismo lugar.

"El 18 de septiembre los montes y los ríos de nuestro país lloran. Diaoyu, no nos separaremos nunca de ustedes", señalaba una bandera. Otras eran más radicales y llamaban a "golpear fuerte" a los "perros" japoneses.

Finalmente, varios carteles que mostraban la bandera del sol naciente presentaban huellas de zapatos, como si hubieran sido pisoteados.

"Las Diaoyu forman parte de China desde siempre", afirmó Zheng Shuntao, un joven trabajador de una empresa informática, sosteniendo la postura oficial repetida día y noche en los medios chinos.

"Hasta ahora el Consejo de Asuntos de Estado (gobierno), la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (asamblea consultiva) y el ejército mostraron una actitud muy severa y la gente también mostró claramente su oposición al gobierno japonés", se alegra, dejando patente su sensibilidad a la propaganda oficial.

En tanto, más allá de lo que sucedió en Pekín, en Shanghai, más de 3.000 personas se manifestaron ante el consulado de Japón.

En la ciudad de Shenzhen (sur) estallaron enfrentamientos menores, y en la ciudad de Chengdu (suroeste) tam- bién se registraron importantes protestas.

MEDIDA. El gobierno de China, por su parte, envió once navíos a la zona de las islas en litigio, en medio de la disputa que enardece la fiebre nacionalista en las dos potencias.

Un portavoz del servicio japonés de guardacostas dijo que 10 embarcaciones chinas de vigilancia y un barco del servicio de control de pesca penetraron ayer en las aguas que rodean a estas islas, en el Mar de China Oriental.

Los ministerios y autoridades chinos no hicieron comentarios al respecto.

Sin embargo, el ministro de Defensa chino, Liang Guanglie, dijo que Pekín se reservó el derecho a tomar "medidas adicionales" sobre estas islas, mientras esperan "una solución pacífica y negociada".

Durante una rueda de prensa conjunta, su homólogo estadounidense, Leon Panetta, pidió "calma y moderación para todas las partes".

Una disputa económica entre las dos mayores economías de Asia podría ensombrecer el crecimiento del continente, en el que los principales países occidentales confían para recuperarse de la desaceleración.

Ayer, como cada año, se conmemoró en China un nuevo aniversario del incidente ocurrido el 18 de septiembre de 1931 conocido como el "Incidente de Mukden", que dio a Japón el pretexto para invadir Manchuria (nordeste chino), uno de los preludios de la Segunda Guerra Mundial.

LAZOS

A pesar de las tensiones, China y Japón mantienen fuertes lazos comerciales: el comercio bilateral entre ambos países ascendió el año pasado a US$ 342.900 millones. Toyota, el mayor fabricante mundial de vehículos, se negó a dar detalles sobre los cierres en sus tres plantas de montaje y en sus otras seis fábricas de China. "Ciertas fábricas y ciertos concesionarios van a funcionar hoy, pero otros no", dijo un portavoz. Honda Motors, que fabrica unos 970.000 vehículos al año en China, dijo haber cerrado durante ayer sus cinco plantas en el país y Nissan cerró temporalmente dos de sus tres fábricas en territorio chino. Los gigantes de la electrónica Canon y Panasonic también anunciaron el cierre temporal de algunas operaciones.

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