Cayó el apoyo a Obama en los temas clave para Estados Unidos

| Inquietud. Reclaman soluciones al desempleo, la salud y el déficit público

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DANIEL HERRERA LUSSICH

En WASHINGTON

CORRESPONSAL PERMANENTE

Por primera vez, a los seis meses de asumir la presidencia de EE.UU., Barack Obama observa caer por debajo del 50% el respaldo de la gente en temas fundamentales de su programa de gobierno.

Sin embargo, el respaldo al carismático mandatario, pese a lucir una acentuada baja, mantiene índices que, sin duda, atraen la mirada celosa del resto de los jefes de Estado del mundo. Obama cuenta hoy con el 59% de popularidad, según una encuesta difundida ayer por el influyente matutino "The Washington Post" y la cadena de televisión "ABC News", seis puntos por debajo de lo que alcanzaba hace exactamente un mes y un 8 % menor a la aprobación que recibía días antes de ingresar a la Casa Blanca.

La crisis económica y los resultados de la política exterior, sin llegar a los extremos críticos del gobierno de George W. Bush, no exhiben la esperada mejoría y crece la inquietud de los estadounidenses. Ven que los 787 mil millones de dólares votados por el Congreso para dar los primeros pasos para escapar del "agujero negro" inmobiliario, de la quiebra o grave panorama financiero de bancos e inversoras y la caída de las grandes industrias -como General Motors y Chrysler-, la desaparición de los préstamos y los atrasos en los pagos regulares de las tarjetas de crédito solo ofrecen un "respiro" sin que los problemas diarios se reduzcan. Siguen golpeando las puertas de los 300 millones de americanos sin distinción de edad.

El desempleo es el mayor enemigo. Casi siete millones de personas han quedado en la calle, muchos desde el inicio de la crisis. Las estadísticas oficiales lo sitúan en 9,5%. Y nadie duda, aún de palabras provenientes de jerarcas oficiales, que antes de fin de año o principios del 2010 la alta desocupación (hacia más de 25 años que no se veían estas cifras laborales en EE.UU.) superará el 10 % .

El estadounidense ante la consulta de los equipos de opinión exhibe su preocupación, en éstos momentos, en tres temas, lógicamente primero la creciente desocupación (no se olvida que Obama prometió crear apenas llegó al Salón Oval 600 mil nuevos cargos en base al Plan Estímulo y luego se manejó un total de 3.500.000 a mediano plazo). Los capítulos que golpean también al ciudadano americano siguen con la proyectada reforma de la salud (hay más de 30 millones de personas sin cobertera médica) que obligaría a incrementar significativamente impuestos para su financiamiento. En el Congreso se levanta la resistencia esperada de la totalidad de los legisladores republicanos y un alto porcentaje de diputados y senadores del oficialismo demócrata, más conservadores, que se resisten a votar una iniciativa que tendrá directa repercusión en el déficit global.

Son dolores de cabeza para Barack Obama que convoca a reuniones, almuerzos y envía a sus asesores a los despachos de los congresistas más dúctiles frente a los cambios en el sistema nacional de Salud, hasta ahora sin mayor éxito, y con una opinión pública que empieza a dar sus primeras muestras de desconfianza.

Desde abril la gente ha venido modificando su visión sobre la gestión de Obama en materia de Salud. En ese mes el sondeo marcaba un 57% de aprobación, ahora ha disminuido al 49%, con el agregado que el índice de desaprobación era de 29% y hoy ha subido a 44%.

Los números también apuntan contra el gobierno en materia de disciplina fiscal. En los primeros tiempos el 56% confiaba en la reducción del gasto, en la actualidad la cifra descendió al 41%. Asimismo más de tres cuartas partes de todos los estadounidenses dicen estar preocupados por la dilección que ha tomado la economía, aunque solo marginalmente señalan a Obama como responsable. En cambio sin llegar a un alza desmesurada desde el arribo del actual mandatario a la Casa Blanca, la gente expresa que la alarma sobre sus finanzas personales ha crecido.

En el sondeo queda en evidencia, ante la pregunta directa, que el liderazgo de Obama sigue siendo muy valorado, a pesar de los recientes altibajos. Siete de cada diez lo consideran un líder fuerte, dos de cada tres sostiene que se preocupa por los problemas de las personas, sin embargo desde abril ha caído diez puntos la empatía pública hacia el joven Presidente.

Duro debate por reforma sanitaria

Washington | Estados Unidos puede estar a días de distancia de una histórica legislación para dar cobertura sanitaria a todos o casi todos los norteamericanos. Pero, para ello, será necesario antes que Barack Obama convenza a los congresistas de su propio partido de que la factura de ese proyecto no va a golpear más a la economía.

El presidente no tiene otro asunto en su agenda. Toda la Administración está volcada en esta reforma. En un país que gasta el doble que cualquiera en sanidad y, sin embargo, deja a más de 40 millones de ciudadanos sin cobertura y presta un pobre servicio a muchos millones más, es fácil imaginar la expectación ante lo que está a punto de ocurrir.

Obama se comprometió a que esta ley entre en vigor antes de fin de año. Para ello, pidió a los legisladores que la voten en ambas cámaras antes de las vacaciones que empiezan el 1° de agosto. Así pues, se viven horas de máxima intensidad en el Capitolio, donde diferentes comisiones y congresistas, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, buscan un acuerdo sobre los aspectos más polémicos de la ley, en especial su financiación.

La Oficina de Presupuesto del Congreso, un órgano bipartidista cuyos diagnósticos gozan de plena autoridad, advirtió la semana pasada que el proyecto de reforma sanitaria a consideración elevaría el déficit nacional en 239.000 millones de dólares para 2019.

Obama niega ese cálculo. El mandatario garantiza que es capaz de ofrecer cobertura sanitaria casi universal con el dinero que se ahorre de los abusos y derroches que hoy existen en el sistema -en especial de parte de las aseguradoras- y prometió que no firmará ninguna ley que represente un aumento del déficit. Los republicanos acusan a Obama de ser el presidente más despilfarrador de la historia y aprovechan el debate sobre la reforma sanitaria para acentuar esa crítica. El país de Madrid

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