Buenos Aires LA NACIÓN/GDA y AGENCIAS
Cuando aún no cierran en el gobierno argentino las heridas por el Caso Skanska, aún en proceso judicial, otro escándalo lo golpea. La ministra de Economía, Felisa Miceli, es investigada por un dinero encontrado en el baño de su despacho.
Dentro de una "bolsa de papel madera marrón", ubicada en un armario del baño del despacho de la ministra, fueron encontrados cien mil pesos argentinos y 31.670 dólares. Total: casi U$S 64 mil. Así lo indica un acta de la Brigada Antiexplosivos de la Policía Federal argentina, encargada del "hallazgo", durante una inspección de rutina el pasado 5 de junio. Cuando este descubrimiento saltó a la luz, en una nota de Perfil el pasado 24 de junio, se mencionó una cifra mucho mayor, 241 mil dólares.
Cifras aparte, el tema ya está generando preocupación en la Casa Rosada, por la evolución política y legal del suceso según publicó ayer Clarín. Voceros de Miceli dieron la versión oficial: el dinero efectivamente era de ella y estaba destinado a una "operación inmobiliaria" que luego no se hizo. Esto no impidió que la Fiscalía de Investigaciones Administrativas comenzara una investigación. Pero además, a Miceli se le abrió otra causa. Un abogado, Miguel Bootello, en carácter de "ciudadano", acusó a la ministra por presuntos delitos de "enriquecimiento ilícito", "incumplimiento de los deberes de funcionario público" y "evasión impositiva". Estas denuncias fueron presentadas el pasado jueves y el martes el fiscal Guillermo Marijuan decidió comenzar una investigación. Para hoy está previsto que Bootello ratifique su denuncia.
Miceli aún no está imputada de delito alguno. Eso explica en parte por qué la oposición todavía no ha puesto (más allá de expresiones puntuales) el grito en el cielo, en espera de una resolución de la Justicia. Pero, según informó ayer Clarín, el caso "es seguido con lupa" desde el gobierno y ya comienzan a circular rumores, en voz baja, de una renuncia de la ministra.
Hace pocos meses, el "Skanska-gate" (un escándalo de adjudicaciones indebidas de obras públicas a una empresa sueca) significó, en palabras del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, "la pérdida del invicto del gobierno en materia de corrupción". La administración de Néstor Kirchner, que siempre pretendió mostrarse blindada a las irregularidades, vio cómo dos de sus funcionarios eran destituidos, otro dimitía y más de veinte eran señalados judicialmente por esta causa. Este nuevo flanco es especialmente malvenido en un año electoral.
La nominación de la primera dama, Cristina Fernández, como candidata oficialista, trajo aparejada una danza de nombres para formar su gabinete (ver aparte), en caso de vencer en octubre. Según publicó El Cronista el pasado martes, la buena relación de Fernández con Miceli no impedirá una renovación al frente de Economía. Es que, más allá de Skanska, el mandatario no le quiere dejar a su esposa otra herencia "pesada".
Los "hombres de Cristina"
De acuerdo con La Nación, el único actual integrante del gabinete que Cristina Fernández no tendría en el suyo, en caso de ganar las elecciones, es el ministro de Planificación, Julio de Vido, el "superministro" de la administración Kirchner. La mayoría de los funcionarios gubernamentales investigados por el "caso Skanska" (incluyendo los dos que fueron cesados de su cargo por el propio presidente), estaban bajo la órbita de este jerarca, brazo derecho del mandatario.
Sin embargo, el cambio sería más amplio, basándose en la dicotomía "seguir la senda trazada" (por Kirchner) y, al mismo tiempo, "renovarse".
La cartera de Economía no está ajena, y la situación que hoy vive Miceli no la hace una firme candidata. Según publicó el martes El Cronista Comercial, ya se barajan varios nombres para esa cartera; entre ellos el titular del Banco Central, Martín Redrado, su colega del Banco de Inglaterra, Mario Blejer, o los economistas Mercedes Marcó del Pont, Beatriz Nofal y Bernardo Kosakoff.