Ayer comenzó la evacuación de los turistas uruguayos en Perú

Aguas Calientes. La partida es por orden de edad; quedan 1.200 personas

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CAROLINA BELLOCQ

Los uruguayos que se encontraban varados en Aguas Calientes comenzaron a ser evacuados ayer, en orden de edad, y un funcionario de la embajada viajó a Cusco para encontrarse con ellos. Todavía hay 1.200 personas en el área inundada.

Alrededor de las cinco de la mañana de ayer, helicópteros de la Fuerza Aérea peruana comenzaron a sobrevolar la localidad de Aguas Calientes, que quedó aislada debido a las lluvias e inundaciones que se registraron los últimos días.

Unas 12 aeronaves se turnaban para retirar a 1.414 turistas. El lunes, fueron rescatadas 61 personas, el martes, 475 y el miércoles, 595. Ayer, primero le tocó partir a los que estaban en la estación de tren.

"Aunque no se respetó el criterio de la edad, los que estaban en el tren fueron evacuados primero, porque de la estación nos llevan al helipuerto", relató a El País Verónica Bellon, una uruguaya que pasó cinco días en Aguas Calientes y que fue evacuada ayer de tarde.

Según el criterio establecido por los mismos turistas el martes de noche, la partida de la gente hacia Cusco se produjo en orden de edad. El ritmo era más bien lento el miércoles, pero ayer se agilizó notoriamente, según relataron Bellon y Carolina Rodríguez, otra uruguaya evacuada.

"Estamos en una zona de riesgo, el río está creciendo y suponemos que agilizaron la salida por ese tema, porque hoy el operativo empezó a las cinco de la mañana, cuando nunca los helicópteros arrancaron a esa hora. Suponemos que toda esta urgencia es porque se está complicando la situación y hay un peligro inminente", dijo Bellon.

A la uruguaya Mabel Rodríguez Aldaña, que partió el miércoles, ayer se le sumaron otras trece personas. Seis se fueron caminando hacia otra estación y el consulado notificó que recibió novedades de las cuatro personas que hasta el momento no se habían contactado ni con su familia ni con las autoridades.

Ayer, a las nueve, todos los orientales se reunieron en la plaza de la localidad. "Ahí depuramos la lista, organizamos los nombres por edad y nos dijeron que había que hacer filas por grupos", relató Bellon. "Pero esa fila se desmembró, todo el mundo empezó a correr hacia la estación y la gente empezó a ponerse un poco más nerviosa, porque en la cola había gente que no tenía esa edad. Hubo algunos roces, todo el mundo está desesperado por salir".

Después del caos, la situación se controló, según Bellon: "Ahora se empezó a organizar y los del ejército están en la puerta de la estación controlando la edad con el pasaporte".

Una vez en Cusco, los uruguayos esperaban reunirse con un funcionario de la Embajada que había viajado esa mañana hacia allí. Hasta ayer de noche, Marco Velázquez no se había comunicado con ellos. "Él había entendido que nosotros estábamos en el aeropuerto y estaba ahí, esperamos que venga para acá", relató Carolina Rodríguez desde Cusco.

Desde Lima, el embajador uruguayo en Perú, Juan José Arteaga, explicó a El País que Velázquez se quedaría en Cusco para atender a los uruguayos.

"Hoy empezamos la tarea de ver quiénes tenían pasajes de Lan, Aerolíneas o Taca -que son las compañías por las que pueden haber volado- y quiénes tenían boletos de bus, para ir viendo cómo preparamos la segunda etapa" de la evacuación, señaló Arteaga.

Según relataron los uruguayos que fueron evacuados, 35 no han resuelto aún su regreso al país.

"Las aerolíneas tienen muy buena voluntad, pero queremos tener claro quiénes compraron sus pasajes y para qué fechas", explicó el embajador.

Lo que las autoridades no tienen resuelto es la estadía en Cusco. "Todavía no tenemos información acerca de cómo se resolverá eso", comentó Arteaga. "Hay hoteles, sin duda, para los que tienen dinero. Pero lo que nos preocupa son los que no tienen recursos".

A los que quedaron aislados cinco días en las ruinas indígenas les preocupa lo mismo.

"Yo ya perdí el bus y por tierra no quiero hacer más nada: no queremos quedarnos varados en otro lado, porque Bolivia también está complicado. Ya no queremos parar en ningún otro lado, nuestra psiquis no soporta estar varados en otro lugar. Ya estamos al borde del colapso", confió Verónica Bellon.

ESPERA. Mientras unos ya fueron rescatados, los demás esperan en Aguas Calientes para ser evacuados a la brevedad. Se trata de los más jóvenes, los que tienen entre 20 y 30 años.

Según el gobierno peruano, ayer a mediodía había 1.200 personas en Aguas Calientes. Además, habría unas 600 que recorrían el Camino Inca y otro centenar de turistas más que están alojados en el exclusivo hotel Santuary Lodge, al lado de Machu Picchu, y que esperan descender a Aguas Calientes para ser evacuados.

Entre los turistas afectados hay principalmente estadounidenses, franceses, españoles, alemanes, suizos, surcoreanos, japoneses, argentinos y chilenos, que comenzaron a organizarse para sobrellevar la espera.

"Empezamos a comer lo que nos da la gente local, lo que se llama ollas populares, pero la comida es mínima, muy pobre. Hay gente muy joven que la está pasando muy mal porque no tienen dinero", contó a la agencia AP una mochilera argentina. Ayer, su gobierno dispuso que dos aviones de la Fuerza Aérea evacuaran a sus cerca de 700 ciudadanos desde Lima hacia Buenos Aires.

En tanto, el gobierno peruano envió más alimentos y agua por medio de los helicópteros que rescataban gente.

Los rescates avanzaron a paso lento, según las autoridades peruanas, por el clima y la geografía estrecha del valle, que no permite el vuelo simultáneo de varias aeronaves.

Los jóvenes trabajan para proteger la zona de una nueva inundación

CUSCO | Para evitar más desastre, los turistas que permanecen varados en el pueblo, y que son en su mayoría jóvenes latinoamericanos, trabajan duro: con baldes de plástico y palas limpian el cauce del río Aguas Calientes y luego colocan ese material en costales con los que construyen las defensas ribereñas del Vilcanota.

De ese modo distraen además el temor que comparten con los lugareños: que una especie de laguna ubicada en lo alto de la montaña se desborde y arrase con el pueblo. Se trata de la cabecera del río Alccamayo.

Las labores de prevención también los distraen de su indignación contra los favoritismos en las evacuaciones, que aparentemente continuaron ayer, no respetando lo establecido. EL COMERCIO/GDA

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