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Así es la fortuna de Trump: entre lujosas torres, bebidas y fracasos

El empresario, cuya fortuna está valuada en 3.700 millones de dólares, quiso dejar su marca más allá del negocio inmobiliario; sus aciertos y fracasos.

El agua de manantial de Trump. Foto: Archivo / La Nación | GDA
El agua de manantial de Trump. Foto: Archivo / La Nación | GDA
El empresario visitó el showroom donde se construirá la Trump Tower. Foto: Ricardo Figueredo
El empresario visitó el showroom donde se construirá la Trump Tower. Foto: Ricardo Figueredo
El juego de mesa de Trump. Foto: Archivo / La Nación | GDA
El juego de mesa de Trump. Foto: Archivo / La Nación | GDA
Trump Tower en Nueva York. Foto: AFP
Trump Tower en Nueva York. Foto: AFP

La historia simplificada sería algo así: una mujer que es madre, como madre, se preocupa por sus hijos y entonces toma una decisión y se la juega. Tras la muerte de su marido, apuesta sus ahorros a la creación de una compañía de bienes raíces. A todo o nada. Le sale bien.

En detalle, la historia es más novelesca. La mujer no es una simple mujer, es Elizabeth Christ Trump, la abuela del candidato republicano, la reina madre del imperio. Fue ella quien fundó la empresa, la que tuvo la astucia de entender el negocio. Fue más que nadie su hijo Fred, el del medio de tres, quien se encargó de continuar con el legado. Pero fue Donald John , hijo de él y nieto de ella -y ahora candidato presidencial-, quien la llevó a la gloria.

La empresa creada en 1923 bajo el nombre de Elizabeth Trump & Son pasó a llamarse The Trump Organization porque cuando el candidato a suceder a Barack Obama se instaló en la oficina central en 1971 así lo decidió. Borró el nombre de su abuela y se fue de fiesta para mostrarle a toda la sociedad quién era el verdadero Trump.

Su confianza como empresario se expandió a la par de sus apuestas comerciales y creció y creció y creció y se infló como un castillo de aire que para sostenerse en pie debía hacer ruido. Y Donald lo hizo. Lo hace.

El cimiento de su emporio fue la construcción. Levantó torres altísimas, treinta y cinco, en las zonas más exclusivas de los estados más pudientes, de los países más ricos.

Las decoró con oro, con mármol, con camas imperiales, con colores fastuosos. Construyó los hoteles más espectaculares en el SoHo, en Chicago, en Panamá, en Toronto, en Waikiki, en Nueva York , en Las Vegas, en Vancouver. Armó canchas de golf en Miami, Washington , Nueva Jersey, California, Turnberry, Aberdeen, Irlanda, Dubai; las logró perfectas, amplias, verdes, frondosas.

En Punta del Este, Uruguay,  se construye la lujosa Trump Tower, que contará con 157 apartamentos en 24 pisos, y se estima que para 2018 quede inaugurado. La obra tiene una inversión de US$ 100 millones y está ubicada en la parada 9½ de la Brava.


Trump quiso más.


Donald Trump quiso más y liberó su deseo como aire.

Sacó al mercado lentes, corbatas, trajes, lámparas, sofás, espejos, aguas, vodkas, camisas, camperas deportivas, jarrones de cerámica, accesorios de cocina, marcos para cuadros, acolchados, sábanas, shampúes, libros, revistas, agencias de modelos, juegos de mesa, comidas, agencias de viaje, universidades, aerolíneas, concursos de belleza, reality shows, joyas, cueros, barras de chocolate, candelabros, mesas de cóctel, gemelos, armarios, lapiceras, gorras de baño, collares para perros, toallas, bolsas de lavandería, pelotas de golf, osos de peluche, pistas de patinaje sobre hielo, bifecitos de carne, salchichas y cristalería.

Conseguir un listado inequívoco de todo lo que lleva su apellido parece una misión titánica. Son varios los emprendimientos que continúan con su nombre aunque ya no tengan que ver con él. Hablar de sus éxitos y de sus fracasos es contar el todo por sus partes.

La victoria de la opulencia.


La Trump Tower es un ícono en Nueva York. Tiene 68 pisos, y en ella conviven departamentos extraordinarios y a los emprendimientos más exitosos. Desde su altura, el Central Park es aún más bello. Los turistas que no tienen reparos pasan allí horas de shopping en tiendas como Nike, Gucci y la joyería de Ivanka Trump, la hija mayor de Donald. Tiene tres restaurantes: Trump Grill, Trump Café y la barra de Trump. Y una cascada de casi veinte metros que resbala sobre la pared que da al este.

Su reality show The Apprentice (El Aprendiz) consiguió que la audiencia televisiva estallara: más de cuarenta millones de personas veían a Trump en cada edición aprobar o despedir a los empresarios que se habían presentado para ganar los 250 mil dólares y conseguir el cargo de director de una de sus empresas.

Sus canchas de golf son las preferidas. Por todos. Incluso por los jugadores. La estrella Tiger Woods va a diseñar el próximo proyecto, el segundo campo que Trump construirá en el emirato de Dubai, "nuevo punto de referencia para el golf de lujo en el Medio Oriente", según la propia organización.

El concurso Miss Universo, propiedad suya desde 1996 hasta 2015, marcó tendencia en belleza femenina por años. Las mujeres desfilaban con poca ropa, mostraban sus gracias y sonreían al público con mensajes simples como "quiero la paz del mundo" o "espero que los chicos nunca se encuentren solos". Trump presenciaba las coronaciones y aprovechaba cada oportunidad que tenía para mostrarse acompañado de las ganadoras y sacarse muchas fotos.

Supo invertir cada dólar que estos negocios le generaron. Hoy Trump, además de todo, tiene acciones en General Electric, Chevron, UPS, Coca-Cola, Home Depot, Comcast, Sanofi, Ford, ConocoPhillips, Energy Transfer Partners, Altera, Verizon Communications, Procter & Gamble, Bank of America, Nike, Google, Apple Inc., Philip Morris, Citigroup, Morgan Stanley, Whole Foods, Intel, IBM, Bristol-Myers Squibb, Johnson & Johnson, Caterpillar, Kinder Morgan, AT&T y Facebook, de acuerdo a una nota publicada por The Wall Street Journal.

La revista Forbes asegura que su fortuna es de 3700 millones de dólares. Él, en el arranque de la campaña hace ya más de un año, dijo que tenía 10.000 millones. De hecho, su rival, Hillary Clinton, ha afirmado que el magnate no quiere publicar su declaración de impuestos porque así se conocería que no es tan rico como él dice que es (y que no paga sus impuestos, algo de lo que él se jacta).

El fracaso de la pretensión.


Donald se engolosinó. Se volvió adicto. Quiso llevar sus cinco estrellas por todos lados. Y compró en una subasta la aerolínea Easter Airlines por 380 millones de dólares, remodeló la flota entera, gastó demasiados más, la cargó de lujo, ofreció nuevas rutas y no consiguió clientes que se quisieran subir. Demasiado caro para 1989.

También quiso estar en la mesa de cada estadounidense. Lanzó su línea de productos cárnicos en 2007. Se volvió a equivocar. Los precios iban de los 199 a los 999 dólares y los comensales lo destrozaron. En varios sitios de Internet dijeron que era "horrible", "espantosa", "grasienta", "sin gusto", "malísima".

Y en boca de todos. Con esa idea en la cabeza lanzó un vodka, en una botella con forma de rascacielos y un logo en ambos lados que aseguraba la bebida alcohólica estaba "exitosamente destilada"; y una marca de agua de manantial, en un envase con su cara y una promesa incierta de alto contenido mineral. No las tomaba nadie.

Donald fue además por los chicos. A fines de los 80, se convirtió en juego de mesa al estilo "Monopoly": distintos jugadores debían comprar y vender inmuebles para conseguir la mayor fortuna. Ganaba quien más tenía. No divirtió.

Pese a que Trump jamás se declaró en bancarrota personal, sí lo hicieron sus empresas. Cuatro en total. Todos casinos que tenía en Atlantic City: Trump Taj Mahal en 1991, Trump Castle Associates en 1992, Trump Hotel & Casino Resorts en 2004 y Trump Entertainment Resorts en 2009.

La falta de registro.


Es raro que Donald Trump no se dé los gustos. Sin embargo, hace más de un año ya que no come galletitas Oreo. Aunque le encanten. Al menos eso asegura él. ¿Por qué? Porque está en contra de las empresas estadounidenses que mudan sus fábricas al extranjero para reducir costos. Esa es una de las banderas que más alto izó durante su campaña.

"Amo las Oreo. Nunca las volveré a comer de nuevo", dijo en agosto del año pasado.

Parece que no fue congruente. En varias oportunidades, su rival demócrata, Hillary Clinton , le reprochó que no predicara con el ejemplo. Es un hecho comprobable incluso en las redes sociales, que muestran fotos de todos los productos Trump que se hacen o en China o Holanda o en México o en India o en Turquía o en Eslovenia o en Honduras o en Alemania o en Bangladesh o en Indonesia o en Vietnam o en Corea del Sur.

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