Vuelve el lechero puerta a puerta

| Los carros se multiplican y cada vez hay más leche comercializada en condiciones sanitarias que no brindan garantías

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DURAZNO | VICTOR RODRIGUEZ

Los tradicionales carros lecheros volvieron a recorrer muchos pueblos y ciudades del interior —y de Montevideo—. Como consecuencia de varios factores, pero sobre todo de la crisis económica, cada vez son más los vendedores y clientes que optan por la leche cruda, directa del tambo y a veces incluso de la vaca misma. En ciudades como Durazno o Trinidad, los carros lecheros se turnan con pequeños carritos de madera que son tirados por motos o bicicletas. Allí tampoco faltan los puestos callejeros al costado del camino; en los pueblos del interior ya a casi nadie le extraña ver ofertas de leche a cinco o seis pesos estampadas en los pizarrones de los almacenes

Para las gremiales de productores y para la propia Conaprole, el fenómeno es real y, si bien existe "desde toda la vida", en los últimos tiempos ha tenido un crecimiento que recién ahora parece estabilizarse.

Se estima que en todo el país se consumen diariamente unos 600.000 litros de leche pasteurizada, informó el director de Conaprole Carlos Arrillaga. Otros 200.000 litros, pero de leche cruda, se estarían comercializando en casi cualquier punto del territorio nacional.

La ley 15.640 prohíbe la venta de leche cruda, salvo en las zonas aisladas a las que no llega la leche pasteurizada. Las intendencias municipales son las que tienen el cometido de controlar este tema a través de sus servicios de Bromatología.

Para el presidente de la Intergremial de Productores de Leche, Martín Lindholm, el aumento en la venta de leche cruda se explica en una "coyuntura de bajos precios al productor, sumado al poco poder adquisitivo de la sociedad". En su opinión si bien se dio un fuerte crecimiento, el fenómeno está acotado y se frenará. En cambio, la informalidad sí es "preocupante" en el mercado de quesos, en el que un 50% se hace artesanalmente, lo que en general implica que no se paga ningún tipo de impuestos.

Para el director de Conaprole Arrillaga, en cambio, el tema ya adquirió dimensiones "preocupantes", sobre todo en lo que hace a sus posibles consecuencias sanitarias. "Conaprole está muy preocupada por el tema y por eso hace gestiones en pos de terminar con este flagelo, no solo porque afecta a la industria instalada sino porque conlleva peligros para la salud humana", dijo.

Las realidades, según explicó Arrillaga, son muy diversas: desde un gran productor que abre un local en medio de una ciudad o pueblo y vende informalmente hasta que la comuna lo cierra, hasta el reparto en ciertas casas, algo así como centros de distribución. "Parece que estuviéramos en el período de la ley seca", dijo el director de Conaprole.

"No estamos en contra de ese carrito que vende 15 o 20 litros. Estamos en contra de lo que ha sido una estratagema de los grandes productores que venden miles de litros de esa forma".

A SEIS PESOS. En Durazno la leche cruda volvió a surgir en el mercado local y la oferta se extiende raudamente, llegando hasta los viejos almacenes de barrio, donde el litro se ofrece al público a cinco y seis pesos, según la zona.

Si bien más de una autoridad alerta sobre el tema sanitario, la situación que viven los pequeños tamberos, que muchas veces no encuentran otras salidas más que ubicar su producción de leche cruda en la casa de los pobladores de la zona, ha convertido a la oferta en una realidad.

La Intendencia Municipal de Durazno viene instrumentando alternativas a través de la capacitación de las familias productoras en cursos de quesos y sus derivados, según informó a El País el secretario general de la comuna, Juan José Bruno.

En la capital de Durazno, como en tantas otras localidades, los factores que impulsan la venta de leche cruda —y el aumento de "clientes"— se relaciona directamente con la economía: el precio actual de la leche al público oscila entre 9 y 9,50 pesos, pero el productor no suele cobrar más de cuatro pesos por cada litro que vende a la industria y en general el precio es de tres pesos. Por otra parte también pesa el temor del pequeño tambero de no poder colocar su producción; en el caso específico de Durazno es un temor que se vio acentuado desde el cierre de la planta de productos lácteos que funcionó hasta finales de 1999.

SANIDAD. En la actualidad la venta de leche cruda se ha transformado en una verdadera "mini industria" que trabaja sin pausas mañana, tarde y noche. En ella no sólo están involucrados los carros del lechero, sino que también se suman improvisados carritos, tirados por bicicletas y motos, en su mayoría conducidos por trabajadores que poco conocen del rubro en cuestión.

Uno de los aspectos que preocupa a las autoridades municipales, y también a aquellos que conocen el tema lechero, es el sanitario, que comienza en el ordeñe y termina en la entrega. La mayoría de los repartidores utilizan las clásicas botellas de plástico de refrescos, en las que vierten la leche que después llega al hogar de los duraznenses.

Por su parte Ricardo Britos, que por muchos años fue directivo de la Sociedad de Fomento Rural de Durazno (SFRD), consideró que normalmente la gente no se da cuenta de las bondades que ofrece la pasteurización de la leche. "Aunque nadie ha visto afectada su salud por consumir leche sin pasteurizar, hay que destacar que la leche tratada es mucho mas higiénica y saludable".

Cuando la planta pasteurizadora de Durazno dejó de funcionar, "la gente empezó a buscar un mercado en el cual volcar su producción, porque de lo contrario ¿qué hace con la leche? Para afrontar eso (el pequeño tambero) decidió vender leche cruda en el mercado local, logrando incluso mejor precio que el de la planta", explicó Britos.

La opinión de Carlos Arrillaga, director de Conaprole, es diferente. Según dijo a El País, el consumo de leche cruda puede poner en peligro la salud del consumidor. "Ya hubo brotes de brucelosis y otras zoonosis que se transmiten por la leche cruda. Esto pasó tanto en Rocha como en San José. Incluso la leptospirosis se trasmite a través de la leche", informó. "Es un tema cultural y de educación. Por ahorrarse tres o cuatro pesos una persona pone en riesgo su vida y la de su familia", dijo.

Otras de las ciudades en las que el expendio de leche cruda se ha hecho moneda corriente es Trinidad, la capital de Flores. Allí también es común visualizar bocas de venta que van desde la entrega a domicilio al anuncio en pizarras de comercios.

Conaprole intenta en estos días intensificar los contactos con las intendencias municipales, para que éstas realicen más y mejores controles, tarea que también le compete al Ministerio de Ganadería. "Algunas intendencias han estado omisas, entre otras cosas porque hay un trasfondo socioeconómico muy importante detrás. Otras, como la de Florida y San José, han hecho gestiones importantísimas, aunque sabemos que no es de un día para el otro que podrán controlar la situación", dijo el director Arrillaga.

Conaprole está estudiando la posibilidad de implementar algún sistema de leche subsidiada, tal como se hizo en el pasado, mediante el cual los sectores más carenciados de la ciudad puedan adquirir leche a precios más bajos que los de mercado. Al respecto la empresa analiza con la Intendencia de Florida hacer allí una prueba piloto.

"Ordeño y vendo"

Cándido tiene 60 años. Aunque aún no se ha jubilado, desde hace cuatro meses decidió sumar algunos pesitos más para su casa y recorre distintos barrios de la ciudad, colocando la leche que su yerno produce en el pequeño tambo que arrienda en las afueras.

"Nosotros empezamos temprano, a eso de las cinco de la mañana, que es cuando ordeñamos las doce lecheras Holando que tenemos. Pero recién empezamos la recorrida a las ocho, porque a la gente de la ciudad no le gusta madrugar tanto. Algunos nos están esperando en la puerta, tomando mate, otros nos dejan el tacho o la jarra en la puerta, y abajo la plata, entonces llego, dejo la leche y la cobro".

Menciona luego que por cada recorrida que hace entrega más o menos entre 40 y 50 litros cada día. "Hay veces que me quedo corto y tengo que volver por algunos litros mas", señala. El precio por litro es cinco pesos y según cuenta "es a lo que la cobramos todos quienes andamos en esto. Por eso es que en los almacenes la venden a seis pesos, porque también tiene que ganar el intermediario", puntualiza.

Es una modalidad que había caído en desuso, pero que los que tienen ciertos años recordarán perfectamente, cuando el carro del lechero llegaba a cada casa y las botellas y el dinero esperaban en las puertas. Ahora retorna de manera informal.

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