Vencer a una invasora: el plan que logró erradicar la rana toro de los Humedales de Santa Lucía

Tras años de monitoreo y una combinación de técnicas adaptadas a cada etapa del ciclo de vida de la rana toro, investigadores lograron eliminarla del área protegida. El caso abre una esperanza para el control de otras invasiones biológicas, aunque también expone la necesidad de un marco legal para actuar a tiempo.

rana toro

En algunos tajamares invadidos no quedaba casi nada más. Donde prosperaba la rana toro, los investigadores encontraban miles de renacuajos -cada uno del "tamaño de una mano"- y muy poca fauna nativa. Ese paisaje fue el punto de partida de un operativo que demandó años de monitoreo y terminó con un resultado inédito para Uruguay: la erradicación de esta especie invasora de los Humedales del Santa Lucía.

"En concreto, mi experiencia es que donde estaban las ranas no había más nada", resumió Marcelo Iturburu, miembro del Comité Nacional de Especies Exóticas Invasoras, organismo que retomó sus actividades luego de varios años en suspenso. "Llenamos cinco tarrinas de renacuajos y terminábamos la jornada porque no teníamos más recipientes", dijo a El País.

El éxito, sin embargo, no llegó con una única solución: requirió cercar tajamares, realizar capturas nocturnas, retirar puestas de huevos, desecar cuerpos de agua cuando era posible y monitorear la zona durante años. "La primera respuesta es que no hay un solo método. Es una combinación de métodos, y esa combinación depende del lugar", explicó Iturburu.
Aunque Uruguay tiene consensuada una lista de 42 especies exóticas invasoras prioritarias, la rana toro concentra buena parte de los esfuerzos de manejo: es la única para la que todavía existe una posibilidad real de erradicación a escala local.

Un depredador en los charcos

Pero ¿por qué la rana toro se convirtió en una prioridad? Introducida en Uruguay en la década de 1980 para la ranicultura, esta especie originaria de Norteamérica es considerada una de las invasoras más problemáticas del mundo. Es un depredador oportunista, capaz de alimentarse de anfibios, peces, reptiles, aves pequeñas e incluso otros ejemplares de su misma especie. Además, cada hembra puede poner miles de huevos en una sola temporada y los renacuajos permanecen largo tiempo en el agua, lo que facilita que la población crezca rápidamente.

Cuando los criaderos cerraron –llegó a haber 22 registrados en la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos–, algunos ejemplares escaparon y establecieron poblaciones silvestres, sobre todo en Cerro Largo, Maldonado y Canelones. Más grande que cualquier anfibio nativo -los adultos pueden alcanzar los 800 gramos-, la especie puede actuar como vector del hongo Batrachochytrium dendrobatidis, uno de los principales responsables del declive mundial de los anfibios.

"La rana en sí no tiene afectación sobre recursos económicamente valorados por el hombre; tiene afectación sobre la biodiversidad. Entonces, lamentablemente, la gente no la percibe directamente como una amenaza", explicó Ernesto Brugnoli, investigador de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República e integrante del Comité Nacional de Especies Exóticas Invasoras. "La biodiversidad no se mide necesariamente en pesos; es riqueza, es patrimonio, es equilibrio ecológico, pero en la sociedad siempre se tiende a monetizar todo", agregó.

Esa falta de percepción hace que sus consecuencias pasen inadvertidas. "Los efectos no siempre son directos ni a corto plazo. Es lo que se llama deuda de extinción", señaló José Carlos Guerrero, también integrante del comité. Según explicó, la desaparición de anfibios y peces puede modificar el funcionamiento del ecosistema durante años antes de que esos cambios se hagan evidentes. "Todos los elementos forman parte de esa comunidad. En el momento en que desaparece uno, se reorganiza el sistema", afirmó. En el caso de la rana toro, agregó, ese proceso puede ser aún más rápido debido a su gran tamaño en comparación con las especies nativas de Uruguay.

Rana toro
Rana toro
Foto de Archivo.

Casi 10 años de combate

Todo comenzó en 2018, cuando aparecieron los primeros ejemplares en cuerpos de agua de los Humedales del Santa Lucía. A partir de esos hallazgos, el equipo recorrió los predios vecinos, entrevistó a productores y terminó identificando siete tajamares invadidos. Ninguno era igual al otro.

"Cada cuerpo de agua es distinto y también cada productor. Hay que acordar quién entra, qué método se aplica y cómo se trabaja en cada sitio”, explicó Iturburu.

La primera medida fue cercar los tajamares para impedir que los animales se dispersaran mientras avanzaban las tareas de control. Después llegó una combinación de técnicas: redes de arrastre para capturar renacuajos, capturas nocturnas de adultos con linternas, trampas para juveniles, recolección de masas de huevos y, cuando las características del lugar lo permitían, la desecación controlada de los cuerpos de agua.

No todas las herramientas funcionaban igual en todos los sitios. En algunos tajamares, el fondo fangoso impedía ingresar con redes convencionales, por lo que el equipo recurrió a redes tipo nasa, utilizadas habitualmente en la pesca. "Las probamos como trampas y no dieron resultado, pero sí funcionaron muy bien como redes de arrastre", recordó Iturburu.

La técnica que mejores resultados dio fue combinar esas capturas con la desecación gradual de los tajamares, en acuerdo con los productores. A medida que disminuía el volumen de agua, también se reducía el espacio disponible para los renacuajos, lo que facilitaba su extracción hasta eliminar por completo la población del cuerpo de agua intervenido.

Para los adultos, en cambio, la estrategia más eficaz fue otra. Durante la época reproductiva, los investigadores salían de noche con linternas: la luz encandilaba a las ranas y permitía capturarlas a mano. "En pocas noches, fácilmente las encandilás con un foco; los individuos se quedan quietos y otra persona los agarra", explicó Iturburu.

El éxito en los Humedales del Santa Lucía no significa que la rana toro haya desaparecido de Uruguay. La especie continúa presente en otros puntos del país, especialmente en Cerro Largo y Maldonado, y aún persisten poblaciones en cuerpos de agua cercanos al área protegida. El objetivo ahora es aprovechar la experiencia para extender las acciones de control y convertirlas en una política nacional.

Como parte de su tesis doctoral, Iturburu elaboró un borrador de Plan Nacional para la Rana Toro que será presentado al Ministerio de Ambiente. El documento reúne los protocolos de monitoreo, captura y erradicación desarrollados durante los últimos años y busca servir de guía para futuras intervenciones.

Pero los investigadores coinciden en que las técnicas, por sí solas, no alcanzan. Uno de los principales obstáculos es la falta de un marco legal específico para actuar frente a las especies exóticas invasoras. En Aceguá, por ejemplo, un propietario se negó a autorizar el ingreso a un predio con cuerpos de agua invadidos y el operativo debió suspenderse. "Coordinamos con el Ejército, OSE y la Intendencia, pero el dueño de ese predio no nos autorizó. Y se terminó el cuento...", recordó Iturburu.

La falta de herramientas legales tuvo un efecto concreto. "El proceso de invasión en Aceguá viene en crecimiento exponencial", explicó el ingeniero agrónomo. Si al comienzo se habían identificado una docena de cuerpos de agua invadidos, hoy el registro supera los 80. Para los investigadores, es el mejor ejemplo de lo que ocurre cuando una invasión biológica avanza más rápido que las herramientas legales para contenerla.

El Comité Nacional de Especies Exóticas Invasoras, que retomó recientemente sus actividades, trabaja ahora en la elaboración de ese marco normativo. La idea es incorporar definiciones legales y herramientas que permitan prevenir nuevas introducciones y actuar con mayor rapidez cuando una especie invasora aparece en el territorio. "Lo primero para encaminar esta temática es el tema legal", sostuvo Iturburu.

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