Vecinos encenderán velas para rescatar a un muelle del olvido

Punta del Este. Alerta por estado ruinoso de histórica escollera de Mailhos

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DIEGO FISCHER

Un grupo de vecinos de Punta del Este convocó para esta noche a una marcha silenciosa y posterior encendido de velas en el muelle Mailhos. El propósito es llamar la atención ante el estado ruinoso de la histórica escollera y su pequeña playa.

La convocatoria es para la hora 22:00. La propuesta es dejar en evidencia el riesgo de desaparecer que corre la construcción que, desde comienzos de la década del 40, forma parte del paisaje más tradicional de la Península. En épocas en que un nuevo boom de la construcción viene dejando, desde hace casi diez años, poco y nada de los edificios y lugares emblemáticos de Punta del Este, la iniciativa resulta muy plausible porque además no se agotará en la marcha. Su segundo movimiento será la presentación de una solicitud formal ante las autoridades municipales y nacionales para que el muelle sea declarado patrimonio histórico.

CAPRICHO. Luis Mailhos era un joven millonario que un día, de 1939, se apersonó en la residencia del Prado del empresario Alfredo Behrens y su señora Mirta Muñoz del Campo para hacerles una oferta por su casa de veraneo en Punta del Este.

La finca de los Behrens era un gran chalet de madera que don Alfredo había hecho importar de Suecia en 1929, y hecho armar sobre pilotes en un enorme terreno que daba de frente al mar de la Mansa. Eran tiempos en que no se tenían noticias de la Rambla ni del puerto de Punta del Este, tal como se conocen hoy.

Curiosamente nunca tuvo nombre, simplemente era conocido por los lugareños y visitantes como "el chalet de los Behrens". Desde siempre fue un punto de encuentro para los amigos de los dueños de casa, de sus hijos y parientes, que se congregaban a hora del atardecer en su gran terraza. Todos aquellos que quisieran disfrutar de los gin tonics que preparaba Behrens acompañados de majuga frita -y los niños de limonada y galletitas caseras-, se encontraban para contemplar cómo el sol se apagaba, en un ya entonces mágico ritual, en las aguas serenas de la Mansa.

Lejos estaba aquella Punta del Este de ser el balneario sofisticado y multitudinario de hoy. La sencillez era la esencia y la elegancia de esa península en la que todos se conocían y en la que veraneaban poco más de 200 familias de argentinos y uruguayos. Por las noches, y a medida que los hijos del matrimonio Behrens fueron creciendo, la casa se llenó de jóvenes que bailaban las canciones francesas al son de una Victrola portátil. Fue en uno de esos improvisados bailes que Mailhos conoció el chalet y quedó impactado por la belleza del lugar: por las noches la Cruz del Sur iluminaba el cielo y 13 tenues luces eran todo lo que se veía desde la Península hasta Las Delicias. Luces que provenían de las únicas 13 casas que existían, por aquellos años, a lo largo de la actual playa Mansa.

Mailhos, junto con sus hermanos, era dueño de una de las tabacaleras más importantes de América del Sur y de enormes extensiones de campo en Uruguay, Argentina y Brasil. Pertenecía a una familia uruguaya de ascendencia francesa. Uno de los clanes más ricos del país, sino el más .

"¿Por qué quiere usted comprar mi casa, habiendo en Punta del Este centenares de terrenos en los que podría construirse una a su entero gusto?", le preguntó Behrens, que no tenía ninguna intención de vender su enclave en la península.

"Porque su casa parece un barco pronto para zarpar", respondió Mailhos y le dejó una oferta que superaba ampliamente el valor de la propiedad.

"No me conteste ahora, lo llamo en unos días".

Dos semanas más tarde, Mailhos se comunicó con Behrens y ante la negativa de éste, le duplicó la oferta. A fines de 1939, Mailhos firmaba la compraventa de la casa de Punta del Este. Con el dinero obtenido, Behrens adquirió 120 hectáreas sobre la Laguna del Sauce, donde construyó una quinta en la que plantó frutales y a la que bautizó como Manzanos de la Laguna del Sauce ; hoy el casco y parte del predio son propiedad de Carlos Peciavalle.

EMBLEMA. Mailhos, de inmediato, hizo edificar un muelle frente a la casa, para amarrar su yate Huaglen. Ordenó traer decenas y decenas de camiones con piedras y otros tantos de arena y creó también la playa contigua. No imaginó entonces que estaba construyendo un emblema de Punta del Este.

En 1958 echó abajo la casa de madera y mandó levantar una similar en mampostería a la que bautizó "Viento verde". Esta casa fue parte del paisaje de Punta del Este hasta promediar los años 70, cuando a su muerte sus herederos la vendieron. Los compradores la tiraron abajo y en su lugar construyeron el edificio Espigón. Eran los años del primer boom de la construcción en Punta del Este, aquel que cambió la fisonomía de la Península para siempre.

No obstante el muelle se mantuvo. Pese a la falta de mantenimiento y a la ampliación del puerto que alteraron las corrientes marinas, el muelle Mailhos aún está. ¿Hasta cuándo?. No lo sabemos. Eso dependerá de que los vecinos hagan oír su voz y de que las autoridades los escuchen.

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