Unos 12.000 cruceristas "invadieron" la Península

La zona portuaria fue cerrada para facilitar el ingreso

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PUNTA DEL ESTE | M. GALLARDO

La bahía de Maldonado vivió ayer una fiesta multicolor y de gran movida con la operativa de cuatro cruceros de grandes dimensiones de los cuales, en total, desembarcaron alrededor de 12.000 turistas.

Un quinto barco que fue esperado ayer, el Celebrity Infinity, postergó un día su escala en la bahía de Maldonado.

Para atender a los pasajeros se contrataron unos 60 ómnibus y 50 camionetas, cuya operativa tanto en el puerto de Punta del Este como en el muelle de la parada 3 provocó algunos inconvenientes, calificados como "lógicos y esperados" por las autoridades.

Los cruceros MSC Lírica, Splendour of the Seas, Costa Mágica y el Empress ingresaron a la bahía de Maldonado por la Boca Grande y fondearon entre la isla de Gorriti y la Playa Mansa a la altura de Las Delicias.

Los tenders cumplieron su operativa de traslado de turistas y personal de servicio, tanto en el puerto de Punta del Este como en la terminal de la parada 3 de la playa Mansa operada por la firma Mediterranean Shipping Company.

El MSC Lírica, de 251 metros de eslora (largo) y 6,8 metros de calado (por debajo de la línea de flotación) ingresó a la bahía de Maldonado por la denominada "Boca Grande" y fondeó a la altura de Las Delicias con unos 2.200 pasajeros a bordo.

El Splendour of the Seas de la Royal Caribbean, de 264 metros de eslora y 7,80 metros de calado, fondeó cerca del anterior con unos 1.800 turistas a bordo.

El Costa Mágica, de 272 metros de eslora y 8,30 metros de calado, llegó con 2.720 pasajeros. El Empress, de 211 metros de eslora y 7,2 de calado, trajo 2.020 pasajeros.

La operativa de los cuatro cruceros en la pasada jornada motivaron una serie de acciones llevadas adelante por personal de la Dirección Nacional de Hidrografía, inspectores de tránsito de la Intendencia de Maldonado, de Prefectura Nacional Naval, de la Dirección Nacional de Migraciones, de la Dirección Nacional de Aduanas y de los encargados de la denominada Barrera Sanitaria.

El ingreso a la zona portuaria de la Península fue cerrada por municipales, que sólo permitieron el ingreso de los ómnibus y camionetas contratadas para cruceristas. Ni los trabajadores del puerto, ni los propietarios de las embarcaciones pudieron hacerlo, lo que disparó críticas de los primeros y malestar de los segundos.

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